Thursday, September 18, 2008

AZUCAR, MIEL Y AMARGURA


Experiencias interesantes:
La mujer que se deja besar por mis ojos, el niño que descubre, el anciano que recuerda… olvidando. La fragancia impregnada de un aliento agradable, el perfume usado la primera noche, el sabor de la carne cruda a luz de velas, cenar con vino francés, despertar en una cama de uvas y beber Moet Chardon en pequeños sorbos. Me impresionan la matemáticas, encuentro en sus procesos el mecanismo más claro del razonamiento; las brújulas que me han regalado, las almohadas que abrazo con mi cuerpo desnudo en las noches de otoño, las hojas que truenan bajo mis pies desnudos cuando me levanto de madrugada, los óleos sugeridos en mis dedos, los mismos que uso para acariciarme mientras pienso: que dulce existir tan lejos de mi mismo, en un limbo donde solo hay éxtasis y constelaciones de poesía flotando.
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De niño, entré a un baño público y del mingitorio, tuve la osadía de salvar a una mosca de morir ahogada.
Una vez perdí una figura de acción de Star Wars en la arena de la playa, lloré días pensando en la terrible soledad que experimentaría aquel objeto inanimado.
La primera vez que besé a Andrea.
Mario, era el nombre de un niño que fingió morir a causa de un empujón que le propiné jugando a los escondites. Me asusté terriblemente, aún lo sueño, a ese día, como símbolo de mis temores más profundos.
Tania se llamaba la niña que me gustaba en 5º de primaria. La vía hace unas semanas, vestida de indiferencia y no se atrevió a mirarme.
Tenía un oso azul, al que bauticé como Nicolás. Mi madre lo regaló a unos niños y me enfadé mucho, tiempo más tarde, me enteré que esos niños, no tenían padres.
De adulto, descubrí que todo esto, es solo un segundo de una existencia, un párrafo en la historia paradójica de mi vida.
Hoy he perdido a seres amados en la arena, Andrea es una de mis mejores amigas, Tania se perdió en lo rutinario, Mario es ahora un hombre y cada vez que lo veo, me da gusto que siga vivo; ver huérfanos me lastima y hoy, he matado a dos moscas a sangre fría…

Friday, September 12, 2008

TRAGAME... COMPLETO


Has llegado de un lugar desconocido y en común tienes conmigo el vicio de los colores y los pigmentos. Eres adicta a esas fragancias del taller y de las horas efímeras que se pierden en trazos de carbón, de pintura diluída que revela carnes descubiertas ante los ojos de una profunda razón, de espíritu que emana de la naturaleza como bien dice Bateson en su maravilloso libro que me traslada a lo más recóndito del self, del misterio concepto: the human/animal mind.

Si por algunas horas me quedo en silencio, es porque por mis venas fluye la duda y la incertidumbre de tu presencia nueva, en mi vida vieja. ¿Me harás vibrar con la lujuria que presumes te inspiro? ¿Te dejarás poseer por mis adentros? ¿Vivirás conmigo en la matriz del deseo?

Tengo que recorrer mi cuerpo con tu voz en mis dedos, con tu aliento en mis labios, con tu seducción cargando a cuestas de mi alma, que me tumba casi sin vida cuando en un espasmo de encanto, me pierdo en la negrura del espacio y me encuentro contigo, en el umbral de la locura, la insana totalidad del éxtasis.

Me aferro a mis sábanas para no caer dentro de tu cabeza, para no ahogarme entre tus sesos, para que no me engullas en tu vientre, rosado, amable, húmedo… sangriento.

Paloma, blanca... que se revela esbelta. Vuela, porque es libre...

Wednesday, September 03, 2008

DESAPARECER ENTRE TUS PIERNAS


Ayer contemplé tus ojos y tu mirada de cerca; entonces comprendí que no se trataba de un sueño y que de verdad estabas ahí junto a mi, oculta entre toda nuestra conversación de emociones y de espasmos vividos en secreto.

Me miraste con tus ojos curiosos tratando de investigar lo que sentía debajo de mi abdomen. Hurgabas de manera cautelosa, a paso de felino, sobre mis pensamientos y escuchaste cada palabra que dije, tratando de no explotar en una tormenta de besos que no frenarían, hasta que llegáramos juntos a un lecho suave, de claveles rojos y blancos, para descansar y dislocar nuestros sentidos con nuestros cariños.

Por varios instantes sentí el impulso de tomarte entre mis brazos y raptarte, hacerte parte de mi; desde las entrañas hasta la mas leve partícula de tu aliento, de tu serena respiración.

Me abstuve de lanzarme sobre los terrenos blandos de tu piel, a pesar de que cada instante, ardía en mi, la  flama inextinguible de mis deseos amorosos, sed de fragancia femenina, de tus ojos de cristal que se emocionaban con la fantasía de besarme.

Yo solo podía imaginar conceptos de fusión, de amalgama, de maleabilidad, de ductilidad, de aleación de olores y sabores de la piel que suspira sudor, que se moja. Metalurgia de los cuerpos vibrando por dentro, como magma ardiendo, al rojo vivo como cuando se fabrica el acero, rígido y plateado como ese ímpetu de nuestras ansias compartidas… en silencio.

Te despediste y te marchaste sin decirme más en esa tarde de cielos nublados, de calles azules, ladrillos mojados que se exprimen en mi olfato para recrearte desnuda, frente a mis ojos que te devoraron completa, hasta dejar de ti un espíritu cautivo, un alma tranquila; pétalo flotando.

Me retiré de nuestro lugar secreto de reunión, y al mirar en el  retrovisor de mi auto el triste y melancólico tema de tu partida, yo  solo podía pensar:

“¡Cómo deseo desaparecer entre tus piernas!”

 

Monday, September 01, 2008

EL VALLE


Durante algunos días me he llegado a sentir parte de un paisaje desolado, donde sopla un viento imparable y penetrante. No puedo ver claramente, pues la mirada se nubla con las tinieblas de arena, con el chillido escalofriante de la nada.

Ese es mi encuentro con tu ausencia, con la terrible estampa del adiós, con las fétidas alucinaciones del destierro. Desde tu partida no he hecho más que añorar tu regreso, pronto, cercano y tibio; ese mismo que me mantenía de pié frente a las inclemencias de mi vida.

Escribo estas letras como escribir un epitafio, como acariciando el césped que rodea un sepulcro que cargo a diario en mi mente, que lo llevo fuertemente atado a mi alma, como eterno.

Las horas han sido inmisericordes. Cada segundo me detengo a reflexionar sobre nuestros besos; esos besos que como pétalos caen de mi mente a mi piel, consolando a mi existencia que se seca, humectando con su ternura mi desencanto, recorriendo con angelical delicadeza las heridas autoinfringidas de mi cuerpo.

Soy yo el que parece una figura de sal, de mármol ennegrecido por los siglos, amargo por las centurias que pasan todas, en un solo día sin ti, sin tu cabello, sin tu mirada arrullada en mis pupilas, sin tus labios que aderezan mi saliva de gentileza, que me bañan de color la piel, que es desde mi nacimiento, ceniza gris que se desbarata al primer soplido de la nostalgia.

Soy parte de un paisaje desierto, de un páramo escondido de los demás, que me sonríen en la decadencia de este mundo insano, que me ataca, que me cubre con su espesa miel rastrera, que repta dentro de mis venas, succionando mi vida, convirtiéndola en insignificancia, en una oleada de aroma que se desbarata en lo efímero de la razón.

 

Tuesday, August 05, 2008

ESE YO QUE SE TRANSFORMA Y SE CORROMPE


En una espiral liquida de tiempo, cabalgaba a la noche con el rigor de un jinete prescrito a exterminar con el encanto de la ternura y hacerla lascivia, perversión al alba del desencanto.

Una tarde de silencio se encontraron frente a mi dos vértices. Uno me acercaba a la frontera entre la razón y la locura; la otra, era sable que me dividía entre mi ideal y mi realidad presencial. ¿A caso invoco a la maldad? ¿Acoso de la belleza hacia la monstruosidad que se vuelve ensueño, perla, Andrómeda?

En cierto momento me senté en la roca del pensamiento originario, abrí mis brazos hacia la doncella etérea de la humana colmena. Mis brazos se extendieron hacia el frente y de nuevo mi consciencia se descubrió en tentáculos, extremidades grotescas envenenadas por mi fealdad. Soy el monstruo informe surgido del espejo dual de mi bifurcación presente, soy ánima ignota, volátil y juguetona en el polen de tu templo.

Después de vivir el tormento junto a la roca del pensamiento aparecí entre las sabanas blandas de cartílago, eres rotura y articulación lubricada de mis extremidades alargadas, pegajosas, jugo amniótico extraído de las flores de hiel, fétido y amargo aroma de mi aliento.

Me alejo de ti y me acerco a ti por medio de una crónica de distancias. Soy la alucinación, el desahogo y el llanto liberador de la entrepierna abierta a tajos, sangrante... hemorragia que se transforma en cascada, río, lago, mar  y océano de laceraciones y heridas constantes y profundas. Todo ese acto de desangrar se vuelve alimento del mangle, se torna en selvas oscuras como aquellas que relataba Dante en su viaje al infierno.

Soy el ángel revelador, el que muestra dentro de lo grotesco el triunfo de una belleza pervertida por la ternura. Flujo oscuro que te recorre toda, te acomoda entre mi piel y la alcoba.

En una ocasión me llevaron lo más lejos de mi creador, se espantó de mis sentimientos, le temió a mi belleza y me acorralo al paraje más recóndito de su imperio. Los gritos ahogados en la sangre de los martirios se convirtieron en la sinfonía estridente de mi dolor, de mi castigo: me convertí en monstruo.

Devoro luz, niños nonatos, espejos rotos que se adhieren a mi garganta lacerando mi interior como si se tratara de expiar las culpas.

Vuelvo siempre a la roca del principio, a la reflexión ensombrecida y atascada de llanto. Soy el que permanece, el que jamás invita a la belleza a quedarse, aunque la adoro y le rindo culto a través de mis bestiales actos. Todo esto es el tormento de un amor abandonado, bastardo y desprotegido de toda caricia, de todo cobijo por la eternidad entera, completa que aun me atraviesa y me convierte en pesadilla.

El fuego es eterno, las llamas no se canibalizan, una a una se forman en procesiones enteras de delirio, rompiendo mi alma en dos.

 

Monday, August 04, 2008

DENTRO

Has tomado mi cuerpo con tus manos encantadas, suavizadas en su cutis por la fugaz y efímera aventura de lo prohibido. Te has llevado de mis labios los besos que guardé para el invierno de mi vida y los has glorificado con tu aliento, baño sagrado de cristalina saliva de inmaculados manantiales,  puros y de distancia cercana.

La tarde que pasamos juntos quedó tatuada en la espiral del tiempo y de nuestras historias; cada una, entrelazada por finos hilos de ternura e incondicional entrega, correspondencia… epístolas desde un lugar donde se juntan todos los vectores de nuestro querer. ¡Ese querer que me deshace y me convierte de papel!

Dibujaste sobre mi pecho extrañas grafías con mi semen aún tibio; adormilado por el viaje interno de un clímax inaudito. Luego, con la punta de tus dedos hiciste de mi piel, el soporte para unos trazos que describían al amor y a la tragedia de lo imposible. Me recosté en tu cuerpo, te recostaste en el mío. Fuimos por varios momentos uno, que se desprendía y se combinaba varias veces en el espacio oculto de nuestro delirio.

Estuve dentro de ti los instantes necesarios para saber, que en tus entrañas, se conserva una copia fiel de mi adoración, el molde perfecto para la duplicación: hacernos gemelos unidos por el corazón, inseparables y combinados en una extraña mezcla de piel, recuerdos, desiertos, estrellas y una escarcha azul que nos cubre de gracia en nuestra temeraria colisión.

Juntos alcanzamos el éxtasis de la calma, los gritos sepultados por silencios antiguos. Mi piel aún tiene el aroma de tu cuerpo, lo conserva dentro, en cada poro, en cada molécula indivisible de deseo: dentro.

 

Monday, July 21, 2008

Molothrus bonariensis -sueño-

Te encontré en el amanecer de un día irreal, inexistente y que sólo, hace eco en los escenarios sombríos del sueño. Andabas descalza, con un rostro difuminado por la idealización del ser ficticio, del ser etéreo que me roba calma y la sustituye con un mundo sumido en sus gritos.

Me acerqué a ti cuidadosamente, para no fracturar mi alucinación en un súbito despertar; me recosté junto a ti y te envolví con mis brazos a manera de cortinas, a manera de telones que no permitieran compartir el escenario poético de tu semidesnudez. Acaricié tu rostro con la gentileza del hombre caído, con la semblanza del mirlo, con la fragilidad del cristal que es soplado dentro de mis arterias, consumidas por la presión incesante de tenerte. Luego arrimé mis labios a los tuyos que estaban entreabiertos, succioné de tu boca y obtuve gemidos leves, fundidos con el sonido de ballenas en lo profundo del mar, en donde se permanece en un sepulcro sin luz, a merced de las corrientes y su filoso frío.

Luego me miraste tibiamente y tu saliva se conjugó con la mía, conformando un néctar mentolado de mentiras, como ese té que se bebe en las ceremonias de oriente, cuando dos novios abrazan sus almas a la luz de una vela que atestigua, la profunda unión de dos: binomio matemático de resultados insospechados.

Los besos duraron segundos que traducidos a la percepción del tiempo real, parecieron lustros repetitivos de gusto, de júbilo escondido en los rincones de mis poros, de mi cáscara, de mi zumo, de mi alcohol interno que embriaga a tu pelo, volviéndolo sólo mío.

Te soñé casi despierto, con mi cuerpo ardiendo. Te recibí con la piel arrebatada y luego devuelta en sitios erróneos. Me devoraste con tu sexo, me engulliste completo en la miel de tus ojos entreabiertos, viendo mi cuerpo, agasajándote con el sudor a manera de lágrimas agrias de amor imposible.

No tienes idea como te adoro, como levanto monumentos, altares a tu belleza y tú, ¡solo los destruyes con tu silencio!

Saturday, July 19, 2008

PARES DE LUNARES


Como arrancarle la piel a un durazno o como tomar el libro antiguo y retirarle el polvo con la mano gentil, acariciarlo y olerlo muy de cerca; como cuando te lavas una herida, como cuando escuchas el trinar de los grillos, como cuando degustas una hojita de menta, como cuando acaricias tus pezones con una pluma suave o como cuando tus labios se mojan de champaña, que burbujea en tu lengua con brincos de deleite que solo tú, puedes sentir dentro; como cuando limpias la miel de tus dedos masajeándolos con tu boca, como cuando tratas de abrazar al amado que sufre una pérdida, como cuando consuelas al enfermo, como la quemadura que necesita de la delicada caricia para sanar su suplicio; como cuando ves por primera vez a un hijo, como cuando te despides del amado antes de su viaje por la eternidad o como cuando caminas y observas tus pasos bajo la llovizna, como cuando frotas tus pies cansados, como cuando despiertas cubierto por la luz que se filtra a través de las cortinas y recibe tu cuerpo a un día que comienza etéreo, acolchonado y cubierto de gasas de deleite, de gracia… eso es imaginarte cerca, conmigo, acompañándome en la soledad de estos días que me siento frágil, que me siento en necesidad de ti, de tu voz, de tu calor: en los que me siento ala de insecto.

Quisiera dejar de ser hombre y volverme objeto, convertirme en la pieza favorita de tu juego, de ese acto lúdico que cada noche juegas con tus dedos y tu vulva; danza de flores que unas contra otras se abrazan para abrir tu boca y soltar un grito de vida, de presencia en el mundo.

Desearía dejar de ser hombre y acercarme a tí sin esta piel, sin mis dientes, sin mis uñas y trasformarme en tu garganta, convertirme en tus pestañas, en tu seño fruncido, en un orgasmo que se siente como si te vaciaras toda en un océano de líquidos salinos, de consistencias transparentes que nos lubrican el alma.

Seré con tu cuerpo como el cazador que te observa y que de pronto se lanza invisible hasta tu cuello. Te dejarás caer en un desvanecimiento de besos, de lenguas que se pegarán a tu piel hasta hacerte sentir como entraña, como tejido sin venas, como párpados que se cierran apretando los dientes. Todo tu cuerpo expuesto por dentro, a merced de mis tocamientos.

Mi sexo no será el marfil con empuñadura de hierro, será un velo, se sentirá como el tránsito del caracol por las hojas y el rocío; como el andar de las catarinas sobre los brazos desnudos y extendidos, como la telaraña que se enreda entre los dedos sorprendidos. Mi sexo como puntos suspensivos: exclamación sagrada, canto honorable de adoración a tu belleza, solemnidad que me desborda en llanto y que me arroja ante ti, ¡poderosa mujer!

Y es que desde que te conozco no he parado de habitar dentro de la burbuja de tu sueño; no he parado de alucinar y de marearme en el delicioso naufragio de tu cuerpo. Todos los días me impacto contra tu memoria y me siento aturdido, hipnotizado por saber que no eres más que una idea, un pensamiento sublime nacido de entre toda la ternura, solitario y vago en el universo.

               Grano de sal disuelto en el paladar del tiempo...

Saturday, July 12, 2008

LEJANIAS -fantasías desde lejos-

Sentirte lejos es un vacío, es una manera en que el abismo del tiempo me traga y me consume... me deja hecho polvo, ceniza que vaga sin rumbo, a merced de la ventisca.

Muchos sentimientos, lágrimas y estupor. Veo tus fotos y no hago más que pensarte, detallarte con los fragmentos de memoria que guardo calcinados en el fuego de la infame desventura del desencuentro.

El amor como ausencia, como símbolo de lo que no está en cuerpo, pero que se guarda fielmente en nuestra historia. Ausencia por no saber donde estas, por no saber que piensas sobre nuestra fractura, sobre el rompimiento de nuestro amor, de nuestra lujuria desatada... infierno de placer infinito, de gozo enraizado en la penumbra de nuestras vidas.

Los mensajes que te envío se marchan y me devuelven el sonido de la estática. Fantasmas siniestros de des-apariciones, de no-revelaciones. Te extraño y lo sabes, por que eres la miel en los ojos, el trigo en tu piel, la seda en tu pelo: mi tortura y tormento. Me matas y ¡¡me encanta!!





-par de lunares: ya estaremos, a la par, en el mismo espacio-

Contemplo tu imagen en el espejo. Sabes que soy un hombre de imágenes, me das, me envías; suspiros todos de pixeles encantados en el hipnótico viaje a través de las fibras ópticas, a través de mi entraña sangrante, que disfruta de su herida, se la lame, la lengüetea gentil, antes de seguir abriéndola más, para exponerla a tu ensoñación.

El desierto y las millas nos separan, tal vez solo unas cuantas avenidas, segundos quizá, milímetros. Me clavo en el espejo que refleja tu intimidad, que te hace dos, gemela de la luz y otra de la penumbra. Te beso y en el monitor queda la traza de mi calor, se borra, se evapora y se marcha.

Luego veo tu figura tendida sobre tu cama, tus labios viéndome, tus ojos besándome.

Tienes nombre de princesa, pero de mis anhelos eres la emperatriz.

Ya hemos pasado noches juntos, y mi ser se vuelve insaciable.

Friday, June 20, 2008

EL FIN DE LA EXISTENCIA


“Toda vida es, desde luego, un proceso de demolición”.
De La fisura, por F. Scott Fitzgerald


Ayer recibí la noticia y después de unos suspiros profundos, busqué donde sentarme, para no caerme; pero a pesar de todo mi esfuerzo para tratar de estar tranquilo, dentro de mi sentía ese vacío terrible que se experimenta en los juegos mecánicos extremos: experiencia del límite, con la posibilidad del fin o de una reconstrucción, de libre caída.

Tu muerte es símbolo de lo inconcluso, significado de una lucha que no encontró final, que se quedó en pausa, en un aliento recogido y contenido dentro de unos pulmones cansados, hinchados.

Aún cuando ya han pasado varias horas, la pérdida de tu compañía se percibe como la yaga abierta, como ese rojo carmín que corre por entre los ligamentos, por entre las caprichosas musculaturas de nuestra humanidad. No puedo dejar de pensarte, de escuchar tu voz hablándome, diciendo secretos de sabiduría en mi oído, sonidos de libros que caen, de hojas que se tiran al piso como para evadir las balas, esconderse, salvarse.

Tomo con fuerza el volante de mi automóvil y aprieto los dientes. Con mis ojos trato de atravesar el cristal empañado y camuflar mi melancolía con las gotas pesadas de una lluvia plomiza que se resbala por fuera, inundando las calles con el sudor de la angustia espacial; tormenta incesante que no se detiene ante el paso del oprimido.

Paso saliva y en mi garganta se detiene el trago amargo, esa vena y arteria misma de la vida que me sofoca, que se enrosca como serpiente en mi cuello, aperlando mi piel por la falta del vital oxígeno que hasta hace poco, dejó de pertenecerte.

Te fuiste sin previo aviso, sin ninguna advertencia. Las sirenas no sonaron, las alarmas no se encendieron; simplemente te fuiste a conocer el otro mundo, ese lugar misterioso que solo existe en la fantasía alucinada del profeta, del guía y el sabio maestro.

Desde las cumbres de ese cielo eterno nos verás. Te sentarás a nuestro lado y nos abrazarás, nos besarás, nos gritarás, nos sonreirás… pero nada de eso podremos sentir, pues como autómatas seguiremos en la vida, inconscientes de nuestra perpetuidad espiritual, incongruentes y paganos en la vía dolorosa de la existencia.

Ahora mi imagen es gris. Camino sin rumbo como el barco que se ha quedado sin brújula, extraviado en el inmenso océano de crucifixiones, de martirios que buscan en la esperanza, el mejor de los refugios.



Sunday, May 25, 2008

ALGUNOS APUNTES SOBRE “EL PECADO DE ONÁN”


Aunque el “pecado de Onán” hace referencia hacia lo que conocemos como coitus interruptus, se le ha asociado también con el acto masturbatorio o como me gusta más llamarlo: encanto auto-infringido.

El trasfondo de esta historia bíblica –no pienso repetirla una vez más-., se concentra en señalar, según la ideología judeo-cristiana, que cualquier acto sexual que no cumpla su función como acto de procreación, es un pecado ante los ojos de Dios y ante sus normas religiosas.

El semen (semilla) no debe ser desperdiciado, porque de alguna manera, se le puede considerar “una lesión a la naturaleza”. (1)
Como todo lo perteneciente a la “mitología” bíblica, me parece interesante, ya que las concepciones de la sexualidad según su ideología, resultan absurdas y hasta contradictorias; por lo menos en la actualidad, donde el acceso a lo sexual, es casi incontrolable y “el sexo está en todos lados, salvo en la sexualidad” (Barthes) (2)

No es el motivo de este posteo, hacer una crítica o un análisis formal sobre el onanismo o sobre los principios morales y éticos de la sociedad cristiana, así como tampoco un estudio sobre los comportamientos sexuales en la sociedades. Solo uso estas líneas con el único propósito, de comenzar a publicar una serie de textos que he escrito a lo largo de varios meses y que hacen de la masturbación, un acto noble, curioso y hasta disciplinario; claro, siempre vistos a través de la lente poética, característica del artista ensimismado en un tema de su profunda incumbencia.

Lo cierto es, que de cierta forma el acto de la masturbación ha perdido gran parte de su encanto arquetípico a causa de los mass media (3) ; ya que se ha descuidado su cualidad íntima en el sentido del auto-reconocimiento y exploración de uno mismo, como individuo erótico y sensual, en determinado espacio de tiempo, un tiempo muy específico, único e irrepetible. (4)

El acto de la masturbación es un terreno del que no se platica muy a menudo en las charlas cotidianas. Para su desdichada suerte, aún se le confina al reino del tabú, de la prohibición y por lo tanto, existe poco conocimiento e información sobre su práctica a nivel de intercambio, es decir; que alguien le platique a otro como se masturba fuera del contexto del juego de seducción, atracción o pretensión erótica con –hacia- alguien.

Cierto es, que como la masturbación no es un acto público, su naturaleza privada le limita y para enterarse sobre los procedimientos del auto-erotismo de alguien más, es necesario hurgar en sus diarios íntimos, lo cual, sería un acto poco honorable.

Es por ello que en mis divagaciones, me he hecho un lugar literario para contar de manera ficticia, toda una suerte de hazañas y proezas de auto-estimulación erótica basadas en algunos comentarios y conversaciones con amigos, colegas y amantes. (5)

El “pecado de Onán” encontrará en mi serie de narraciones cortas: Simulacros del tacto: guía práctica del goce auto infringido., una ruta apropiada, para hacer de las suyas, para proponer a la masturbación como una manera de acercarnos a nuestra naturaleza, de acercarnos a una razón que nos conduce a la idea, de ser amados, deseados y trastornados, por la fantasía idílica y poética, que nos brinda el homenaje oculto hacia nuestro propio cuerpo.

Como me dijo una amiga y amante, con mas de cinco décadas de experiencia en la vida: “cuando me vengo, me desbarato” y yo agregaría a manera de remedo: “cuando me desbaratan, es cuando me vengo”.

NOTAS AL PIE DE PÁGINA

(1)
(El Instructor de niños., The Instructor of Children) 2:10:95:3)

(2) De la Seducción; Jean Baudrillard. Catedra, Teorema; 11ª edición, 2007

(3) Desde luego que esta afirmación, no es determinante de los comportamientos sexuales en la actualidad. Al referirme a los mass media, hablo sobre la proliferación tremenda y abrumadora de la pornografía distribuída por Internet y que en su haber, promueve de manera indirecta, la masturbación sin capacidad a un goce estético; es decir, el planteamiento de la contemplación queda derribado por la necesidad de consumir toda la pornografía posible, de acuerdo a las normas de tiempo restringido, velocidad de descarga y la inquietante rutina diaria que a penas nos permite el tiempo de convivir con nuestro self. La gente que se masturba con material pornográfico, por lo general, dedica poco tiempo a la exploración de su interior: lo importante es venirse y apagar el monitor, cambiar de canal.

(4) Este espacio de tiempo convierte al acto masturbatorio, en una experiencia efímera, en un acto ritual que nos permite comunicarnos con un interior que de pronto se tiende a exteriorizar de manera sumamente placentera; de ahí, se origina una apreciación por la masturbación, como vehículo hacia una esfera existencial satisfecha, acongojada en una sensación de estabilidad emocional y hasta psicológica; aunque cabe apuntar, que esa misma satisfacción de pronto se concientiza a manera de simulacro y el deseo por el encuentro con ese estado virtual de gozo, se vuelve tentador, placer periódico y lo guardamos como a un tesoro celosamente oculto en nuestra intimidad. Al decir que es un momento irrepetible, trato de definirlo como un momento que se busca continuamente y por ello se busca la creatividad y la variedad para hacer de ese acto, un evento único. Entonces uno se concentra emocional e intelectualmente en el acto, con la consciencia de su pronta disolución en el tiempo.

(5) Con cada uno he tenido la precaución de utilizar –cuando es necesario- nombres ficticios. En ciertos momentos hay situaciones comprometedoras, así que he aplicado las modificaciones pertinentes.

Los cuentillos vendrán después y solo les dejo la introducción para causarles más... inquietud y no parecer un Blogger olvidado de sus obligaciones de posteo.

Y recuerden, todo es fantasía!


Sunday, May 11, 2008

HOMO AMANS -un cuento sobre lacteos-


CAPÍTULO PRIMERO:
APARECIDOS
“Mira a tu alrededor y te darás cuenta
de que estamos rodeados de ellos,
cientos de ellos, que nos miran sin parpadeo,
que nos ensartan con sus ojos pequeños
agujas largas de conciencia y perdición”.


Su rostro ya estaba con esa expresión de hundimiento, de absoluta abstracción. Trataba de mantener la boca abierta, trataba de sostener la respiración, como para sentirse más parte de lo incorpóreo, ser ese fantasma que se crea en la ilusión de un instante imperecedero, que promete infinitud.

Por las comisuras de sus labios resbalaba la savia semitransparente, ese ectoplasma combinado con la blancura de la leche; todo era una mezcla increíble de sabores y sensaciones que se resbalaban por la piel a manera de descargas eléctricas, serpenteando hasta derramarse entre sus senos, corriendo y abriendo camino hasta su rojo sexo.

Aquella escena era digna de las grandes hazañas eróticas, donde el sexo es abolido por la propagación contagiosa de la perversión, del permiso para poseer hasta un nivel más que espiritual, enfermizo, esquizoide.

Dentro de su mente solo podía ver un punto, que se alejaba y se acercaba en pequeñas pulsaciones al ritmo de su frenético corazón: corcel imparable, desbocado hasta sangrar del hocico, pezuñas rotas, ojos de fuego... alaridos regados en el sonido vagabundo.

Ese punto era el más grande de los signos. Era el símbolo de la totalidad, de ese estar “no estando”; silencio en el universo, imágenes del viajero intergaláctico que toma fotografías e impresiones de nuestra grandeza, resumida en un punto que se pierde en la galaxia; minimizado hasta parecer solo una partícula de polvo, migaja de pan en un salón enorme de emperadores y dinastías lejanas.

A pesar de las manipulaciones, de los manoseos, de los dientes clavados en su nuca dejando así, el tatuaje testimonial del rito, de ese oficio divino de pasiones bajas como el fondo marino, que yace helado en el extremo sur de nuestro mundo; ella trataba de mantenerse entera, respirando pausada, como trébol ante el tacto... de nuevo el punto, ese punto que se aleja y se acerca según el ritmo de su corazón que esta a punto de estallar en paz, en tranquilidad absoluta inundada de fluídos orgásmicos, clímax profano de sementales y hembras al rojo vivo.

Horas antes ya había sido aderezada, preparada con los tintes, la medias, los ligueros, con los tacones altos, con el brillo en el rostro para aparecer ante sus amantes, ante sus dueños, como la perfecta esclava, digna acreedora del sacrificio a las deidades carnales, torcidos hijos de Eros que miran con los ojos vendados hacia dentro, vanidosos y perdidos entre sus viseras de mármol.

Ya antes había participado en los aquelarres, en las fiestas diurnas y nocturnas de los sonámbulos que no duermen a causa de sus voraces apetitos. Pero esta vez era distinto, pues en esta ocasión se trataba de alimentar, de nutrir el epicentro mismo de la lujuria con más que su cuerpo: en su interior se encontraba medio galón de leche, esperando la extracción por medio de la entrada y salida de un falo moreno de su culo, entregado por completo a la misión única de atravesar al alma como un hierro inmisericordioso, pero dócil.

Las uñas afiladas y largas, adornadas con motivos góticos; los dedos largos, finos y que se adhieren a las manos a manera de ramas que se bifurcan en formas caprichosas, que proyectan sombras obscenas y siniestras sobre las alcobas incestuosas; esos eran los artificios de sus amantes, inquietos por la sed, por el ansia de sudar dentro de ella, de beber el néctar lácteo de sus entrañas, escupido y expulsado a chorros por entre sus nalgas, blanqueando la cordillera y el centro de su cuerpo.

El punto se había quedado fijado en su mente, era al mismo tiempo una manera de acercarse a la divinidad, al espacio silente donde los gritos y los gemidos de los amos no se escuchan.

Luego, recobró la razón y se mantuvo apoyada en sus rodillas, las medias mojadas, los muslos rotos de cansancio, su trasero erguido hacia lo alto, chorreando crema que se esparce como Vía Láctea del ano sobre el sillón, como miles de millones de estrellas, como polvo, como escarcha, esparcidas en la negrura del vacío, sangre aperlada y recolectada por bocas y lenguas de amos hambrientos de morbo, de poesía oscura y ensimismamientos sagrados.

El punto azul, alejándose en la negra cabellera de la creación, del holocausto solar… semen y leche por doquier, suspiros de esparcimiento en los ritos de los dioses.

Fragmento de un cuento: Homo amans, de Mauricio Zárate

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Recomendaciones sonoras:
Theatres des Vampires
Pleasure and Pain
-torrent-

Sunday, April 27, 2008

ANFIBOLOGIAS -renuncia-


I. Anfibologías

“Por lo tanto, no te diré « adios», palabra que a su insoportable oratoria une una aguda, penosa deslealtad.”

Giorgio Manganelli, Amore

He estado pensando –pensar mucho es peligroso, pues no ves la vida-; y creo que he llegado a la terrible conclusión, a la inapelable decisión de desaparecer de tu vida, lo antes posible.

Hace un par de días conversé con E... de ti y ella me abrió los ojos eclipsados, de aquel que esta enajenado con lo imposible. Necesitaba las palabras ajenas de lealtad desinteresada, provenientes de un ser racional y amistoso que no tuviera nada que ver con mis presiones, ni mis prejuicios.

De cierta manera, terminé con la idea de tenerte, la he arrojado lejos. Quedó aniquilada por completo y ayer de madrugada, creo, te lo hice saber.

-Sé que un mensaje telefónico no es más que datos flotando a velocidades inauditas, que rebotan de un satélite directo a la entraña misma de la soledad humana; compleja y siniestra a veces-.

Las últimas noches han sido las noches más terribles de mi existencia en este abril que casi termina. Me urge ver el desenlace de esta tragedia, que dista mucho de aparecer en la historia de mi mundo, pues esta confinada en los sótanos y las catacumbas más apartadas de mi olvido.

Te escribí, me deshice por ti, te facilité el camino a mi corazón y aún así, lo despreciaste por la simple idea de saberte conocida por los comunes conocidos. Me derrito abatido en un sillón que me comunica con la metafísica de lo fantasmal, una entidad que en su presencia intuída se dibuja como amenaza en las madrugadas que me hierven en espinas.

A pesar de todos mis intentos, no hay respuesta. Un largo y agudo timbre suena en tu teléfono y no lo contestas. ¿Qué habré hecho mal contigo?

Las despedidas no son mi fuerte, y mucho menos, me gusta mostrarme como alguien que en su herida espiritual, lanza al aire reclamos y reproches llenos de veneno.

Hoy no me siento feliz, debo admitirlo. Las noches que pasamos juntos, las interminables tardes, las pláticas interesantísimas del arte, de ese arte que jamás volverá a hablar de ti.

Ahora pasas a la esfera improbable del mausoleo de mis adentros. Te quise, te ame, te idolatré como a ninguna otra. Ahora eres escultura, estatua de sal que me mira fijamente con los ojos vacíos.

II. …

De noche, y en la oscuridad de mi alcoba, se me aparecieron todos los axiomas de tu ausencia.

Paseaba mis dedos por cada milímetro de mi piel, buscando tontamente los tuyos, que se entrelazaran en ese tejido de autofagias, rituales místicos de todo aquello de lo que no poseemos control alguno.

El ritual onanista de mi soledad me obligó a ingerir de mi mismo, toda receta salada de placer solitario. Bebí de mi semen imaginando ahí tu sabor, la cristalina transparencia de tu saliva, resbalando por los muros fríos del abandono mío, como después de una tormenta que se marcha lejos.

Sacudía mi virilidad con la ternura animal del deseo por lo inalcanzable.

De pronto, todo se volvió sombras y delirios nocturnos de destinos fugaces. 

Ya no estas conmigo, ya no duermes conmigo, ya no te bañas conmigo, ya no escribes conmigo; simplemente... te has ido.

Monday, April 21, 2008

ORGIA -cuento breve-


"Siento que ahora no he podido encontrarme… pues nunca me he perdido"

Durante unos minutos me quedé absorto, mirando fijamente hacia la imagen borrosa de la pared a lado de la cama. En mi pensamiento escuchaba, en desorden, las voces de amigos antiguos, de mis padres, de mis hermanos. Todas me hablaban de distintas cosas, eventos del pasado, épocas de cuando era un niño viviendo en la casa que me mantuvo seguro y adorado por varios años.

Recuerdo las florecillas que nacían a lado de los juegos infantiles, coqueteos que solía arrancar de la tierra para regalarlas a la primera niña que pasara a jugar, ya sea en los columpios, en la rueda o en el sube y baja. Solía ser un niño muy tímido, aunque nunca faltaba oportunidad de mostrar mi aprecio por el sexo opuesto; de alguna forma, era gratitud.

Luego de arriesgar mi raciocinio en la penumbra de los recuerdos, tomé del buró el último tabaco, sobreviviente callado, que asesina a diario los pulmones de mi latir constante en la vida. Lo sostuve brevemente entre mis dedos, luego lo puse en mi boca, con los labios entumecidos de tanto besar, de tanto lamer, morder… jadear. Luego encendí la flama, el fósforo produjo el sonido que de nuevo me sumergió en el diván de la memoria y entonces re-apareció ese día, súbitamente como el humo del cigarrillo, callado y dibujando como brujo formas indecentes de nostalgia acumulada.

Entonces recordé uno de los momentos eróticos, más queridos e intensos de mi vida, es aquel en el que toqué por vez primera la Venus frágil y delicada de un sexo femenino. Aquella perla de carne que pertenecía a Andrea, mi compañera de butaca en tercer año de primaria.
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Fue en una tarde cuando el sol dejaba ver su anaranjada luminosidad, a través de las ventanas amplias del salón. Era plena clase y lo único que le pedí a ella, era que me dejara acariciar lo que se escondía entre sus piernas, bajo la tela blanca y suave que hacía de custodio, o quizá de centinela que con los modos adecuados, suspende su vigilia y te abre paso. La inocente me dejó hacerlo, a cambio de que yo le permitiera hacer lo mismo conmigo.

Como era de esperarse acepté, y creo que nunca he estado tan seguro de asentir respecto a algo tan vivo, como esa ocasión en la que por vez primera te percatas, de que eres un ser sensible a la vida, y completamente dedicado al gozo de los demás; todo, por contemplar un rostro en éxtasis callado, mudo y contenido al exterior, temporal interno en el que Andrea y yo hervimos en nuestra tierna infancia.
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Recuerdos como ese, se asomaban en un breve atisbo en mi memoria. Después de la orgía, después de haber probado tantos cuerpos, por fin encontraba el momento apropiado para hacer ejercicio de mis memorias, de retomar lentamente y con cuidado, recorriendo cada milímetro del drama neuronal de la memoria, con el mismo cuidado con el que el pianista recorre el teclado, antes de su esperada presentación.
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Cuando terminó la clase, corrí al baño de hombres. Me dirigí a los sanitarios con premura y tratando de mantener mi mano izquierda, -la afortunada-, protegida por mi mano derecha. En el trayecto, una de las maestras me observó nervioso y me detuvo, “¿qué llevas ahí tan cuidadito eh?”- a lo que respondí con toda firmeza: “llevo una catarina al jardín, para que no la pise nadie”.

Por supuesto que esa maestra ignoraba que en mi mano lo que realmente guardaba tan esmeradamente, no era el bichito aquel de alas rojas salpicadas de lunares; era el aroma íntimo de Andrea, la esencia etérea de su cuerpo expuesto.

Llegando al baño miré a cuartos por la ventana, para que nadie me viera en plena ejecución de mi rito pagano, de ese ceremonial infantil de lo nuevo, culto hacia la experiencia que en ese momento es solo nuestra y de nadie más.

Llevé mi mano a mi nariz. El pulso no me temblaba, pero el sol de arriba escurría su luz a través de las ventilas, impactando su luminosidad directo a mis ojos, alumbrando de manera tenebrista mi rostro, como en la pintura holandesa que descubre el momento, el instante íntimo, justo y maravilloso del olfato, de ese respiro que lleva consigo el perfume de un ser misterioso, mujer, divinidad adorada en los templos de mi niñez.

Con toda mi energía pero con prudencia, percibí cada partícula del aroma sutil de su flor en plena primavera de la vida, quedé abstraído por varios minutos, hasta que algún otro niño entró a los baños y destrozó de tajo mi idilio.
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Sonreí sobre la cama contemplando el humo del cigarro que se alejaba hasta el techo. Miré a mi alrededor y me encontré con la compañía de otros cuerpos, envueltos aún por la pesada colcha del sueño. Busqué entre todos esos fragmentos de vidas a Raquel, o a Natalia; pero lo único que veía eran pieles como en un almacén clandestino, una sobre otra, exhaustas como donas desparramadas en la caja del engolosinado tesoro, combinando sus sabores de encanto, batidillo romántico de empalagos.
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Al salir del baño me dirigí al patio frontal del colegio y con ojos atentos miraba en busca de Andrea. La niña estaba con sus amigas, riendo y comiendo su refrigerio como cualquier otro día de recreo. Al verla me acerqué y la tomé de la mano, con mi mano derecha; y la llevé a las jardineras, donde crecían unas florecillas amarillas y radiantes. Le obsequié una, como símbolo de mi aprecio y gratitud por haber dejado que me aproximara lo más cerca posible de su interior.

Ella no dijo palabra alguna y me soltó para correr y juguetear de nuevo con sus amigas.

Me quedé sentado, mirando los últimos instantes de luz solar, despidiendo el día. Luego regresamos todos al salón y tomamos nuestros lugares. Andrea se sentó a mi lado y me miró de reojo, como queriendo decir con esa expresión de huidiza, que estaba nerviosa, que se sentía inquieta y entonces me embargó el mas intenso de los terrores.
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Estaba seguro que la noche anterior había una botella sobreviviente de whisky, recorrí escrupulosamente la habitación con mi mirada fatigada y la encontré asomada, como naufrago de la tormenta, entre los brazos de Laura. Con cautela me incorporé y emprendí la misión casi imposible de andar entre los cuerpos tirados, con temor a extraerlos de ese sueño profundo que les poseía. Se escuchaban sus respiraciones, pesadas y pasivas, los ruidos propios del descanso humano, la animalidad tendida a merced.

Después de unos segundos, aspiré una bocanada de humo de tabaco y estiré mi brazo para alcanzar la botella. Luego de un intento fallido, la sujeté firmemente y regresé casi de una salto a la cama.

Me recosté y encontré mi vaso entre las sábanas. Me serví un par de tragos que bebí lento, como caracol por la mañana, aún húmedo por la llovizna de la noche anterior.
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Salí del colegio y mi madre me escoltó a casa. Durante todo el trayecto estuve mudo. Al cabo de dos horas, llegó el momento de la merienda y cada quien tomó su lugar de costumbre. Mi madre me dio la orden de lavarme las manos y me levanté de la mesa para ir al lavabo, solo me lave la mano derecha.

Lo demás quedó erosionado por el tiempo. Lo único que quedó perpetuo en mi memoria es el evento sucedido en la escuela, con Andrea. Monumento enorme de la memoria.
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El vaso quedó seco, como un desierto donde el líquido se convierte en mito. Traté de no hacer más ruído, pero a pesar de todos mis esfuerzos la desperté, súbitamente. Ella recobró la conciencia y me miró gentilmente, con sus ojos vidriosos que relucían como diamantes cansados. Le dije suavemente que aún era temprano, y que siguiera dormida un poco más, pero al parecer, me escucho como si estuviera mi voz a años luz de su órbita.

Me quedé callado y terminé mi cigarrillo. Devolví el vaso al buró y le coloqué junto a la botella verde, de esmeralda vulgar, alucinada por su contenido etílico. Me quedé dormido nuevamente, teniendo flashbacks de la orgía, de esa noche de sexo desmedido en el que probé todo y de todo. Cogí y me cogieron, todas, cada una de ellas.
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Me despertó un susto comprimido en silencio. Me incorporé sobre la cama y ya no había nadie, solo una nota sobre la almohada de junto:

“aun no he lavado mi mano... la mano que te tocó por vez primera, como ventisca sobre el trigo, como aleteo de mariposa sobre el aire, besos... Andrea.”

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Este cuento breve, se encuentra publicado aquí en su versión de borrador y es uno de tantos que pienso incluir en un acoplado. El texto claramente tiene fallas de origen y algunos detalles deben ser revisados cuidadosamente. Lo publico porque creo que en él, se encierran varios conceptos valiosos sobre la sexualidad masculina que también he conducido al terreno de la pintura y el dibujo de mi autoría.

Las diferencias de un momento anterior –la infancia- y luego su ejercicio adulto –de la sexualidad- difieren en el mismo campo de batalla, que es el personaje central.

El erotismo marca mi vida y lo comparto de nuevo con ustedes. Andrea, no es un personaje ficticio, y con toda seguridad en este momento, esta sonriendo.

Orgía es también un proyecto a manera de comic, que aparecerá bajo la colección de Gentle things from the Abyss.

El dibujo que esta al inicio de este post, es de El diario Enfermo, página 10


Thursday, April 17, 2008

LA PARADOJA INCONCLUSA DE LA CULMINACIÓN


I. AVERNO -sanctus-

En este día tiendo a sentirme ligero. Las plumas se despliegan por mis brazos, pongo atención al sonido del viento y me dejo ir, levemente como con ganas de no volver.

Hace algunos años mis ojos apenas se abrían al mundo. De inmediato sentí ganas de conquistarlo, de ser el amo supremo de sus vastos terrenos. Pensé que volando tendría una visión mas amplia del lugar que sería mío, pero mis alas aun no se desarrollaban lo suficiente, como para elevarme en los cielos; ser gloria, luminosidad y milagro.

Hoy que tengo plumas grandes y mi cuerpo es fuerte, vuelo. Pero ese vuelo me eleva tan alto que parece que me asfixio cuando la oscuridad del espacio comienza a predominar en las alturas. Se termina el aire respirable, me vuelvo silencio, filo agudo, gota que amenaza con derramarse sobre el mar.

¿Cuándo salga de la atmósfera y me pierda, orbitando sobre la esfera decadente de mi hogar, seguiré volando?

¿O a caso estaré en una caída permanente, que no tiene fin, pues carece de dirección, sin un punto gravitacional que me succione?

Este día me siento ligero, pero luego veo tus efigies desde lo alto y mis ilusiones se marchitan. Termino en el piso batido en mi sangre, arrastrándome rechinante, dejando rastros de mi flujo vital, que ahora es pestilente y me arroja a la inevitable agonía del rigor mortis.

¡Que fácil puede transformarse un paraíso en averno!

A partir de hoy tendré que arrastrarme, buscando desesperado tus manos de alivio, tu mirada de consuelo, tus labios de sabiduría que al contacto con los mios, se llenarán de duelo.

Ser de nuevo larva, gusano.

II. MIGRAÑA –larva migrans-

Debajo de la epidermis del tiempo viaja, incesante, incansable; el parásito baboso y repugnante del ansia.

En mis expediciones por las cordilleras, por los túneles, los cenotes y las cavernas; me he encontrado con criaturas pálidas y ciegas que devoran hombres, que se tragan a sus hijos y se apoderan de sus esposas. Se arrastran por los intestinos de los bosques, o por el colon de las montañas donde nadie puede escucharte, saber de ti.

La tierra es una pocilga pestilente donde estoy atrapado. Roto, desbaratado y molido a golpes.

Y este es apenas un borrador que trata de mi entierro, de mi suplicio sonriente, de mi martirio placentero.

Estoy cansado de ser como esa semilla que vuela al primer soplido del aire; pero me dejo llevar por la penumbra, hasta el calabozo donde al fin, me hayo cara a cara con el anhelado omega.

Termino... Culmino.

AMEN

Sunday, April 06, 2008

DESBARATAR EL SONIDO Y CONVERTIRLO EN PRESENTE, FRAGMENTADO

Respuesta a una carta “desordenada”, pero que me ordena, que llegó a mi correo

I. EL POLVO, GESTANDOSE


Una
mañana de primavera recibo una carta de alguien que está en otra latitud de esta tierra, -desfortuna, insensatez del destino- que vibra con la misma intensidad de las hojas frágiles del olmo, al viento, a la sacudida de verse plantado aquí, profundo en los parajes solitarios del cotidiano existir.

De pronto, descubro que lo que he llegado a pensar, a sentir, lo ha sentido alguien más, de distinto sexo, de diferentes labios, dueña de otro cuerpo: mujer, gemela cósmica, Castor y Pólux seccionados en el timbre agudo de la distancia.

A pesar de la temperatura ardiente, en mi mirar se contempla la caída de una escarcha fina, como cuando nieva. Aún no sé si es un símbolo o un significado; código o códice, jeroglífico de un dialecto corporal casi perdido en el temblor de los falanges que tocan, que acarician.

Ayer tuve un día gris en medio de un escenario de glorioso azul, de tonos brillantes y de gamas felices en colores alucinados; caleidoscopio, espejos múltiples que hacían de mi imagen, la triste figura de alguien que desea y en silencio combustiona a cientos de miles de besos centígrados.

Durante la noche no me encontraba entre las telas blancas de mi cama. Mis ojos hundidos en el abismo de mis pupilas, que se tragan al silencio y la quietud, al instante que desgarran y devoran sin mostrar signos de saciedad. Mis manos como muertas, caídas sobre el colchón, con la palma arriba, buscando en el techo salvación, iluminación sagrada de la noche que se siente como cera diluída, que jamás se congela.

Hoy despierto y leo tus letras; leo esos símbolos depositados sobre la virtualidad de un e-mail con la misma maestría de aquel que vive su agonía atrapado en un cuerpo que no se cansa de sentir, pero que esta en huelga de hambre permanente, involuntariamente.

Parpadeo y miro por la ventana a las rosas, los claveles que brotan tímidos, los duraznos que en su etapa embrionaria ya asoman el terciopelo que promete dulzura; pero mis ojos miran a través de la escarcha, del polvo que se gesta, del tiempo que es devorado por calendarios y que ¡nunca se acaba!

II. CAOS

Busco un sinónimo perfecto para una palabra sencilla pero compleja en sus territorios conceptuales. Por más que hojeo los diccionarios, por más que veo en sus páginas el resultado de varias opciones para la palabra que busco sustituir por otra; me doy por vencido, y suelto los pesados libros que caen muertos, víctimas de mi desencanto lingüístico.

La “belleza” no tiene un sinónimo que se acerque a lo que he sentido, cuando conjuras al caos, cuando hablas de esa edad tuya, enmarcada en el límite, en la frontera del mundo libre y de otro menos libre.

Eros y Tanatos en un mismo sitio, pero mudos por no encontrar el vocablo exacto que te defina como dadora de un gusto enorme. Ecuación que nos lleva en sus números y letras, a sensaciones exponenciadas, a cantidades exorbitantes, incalculables.

Ahora soy parte del recuerdo de alguien más, que se desdibuja en la lejanía y en los binarios matemáticos de un ordenador.

Caos, definido como algo hermoso, que en su magnánima destrucción de lo etéreo y lo corpóreo, construye con su aliento la belleza de tus iconos, de tus signos. Los he encontrado como aquel explorador de otro mundo, que por fin descubre que en este planeta desértico y abrumado, existe alguien que deja testimonio, que deja la huella de las leyendas.

III. DOLOR, SEXO, PASIÓN, TABÚES

La única explicación posible a mis inquietudes, es que a diario me visto con el pensamiento y la reflexión que me origina el deseo y el antojo por sentirme “de alguien”.

Para mí no existen los tabúes. Todo es una maraña de palabras y conceptos enredados por la ética y confundidos por la moral, que se refleja y se hace doble. Gemelos siniestros, Doppelgangers, lo “otro”.

¿Dolor? Es algo que por defecto le pertenece a la pasión, es como un siamés, como el tumor maligno que brota por dentro para desfigurar tu rostro espiritual, lo somete a la tortura de lo monstruoso y lo abyecto. Pero aún así, es ese dolor que se acepta con los brazos abiertos, pues en el se cultivan las interminables moléculas de romances que nos agitan, que nos hacen sentir, nos vuelven sensibles.

Luego viene el sexo. Esa droga que me inyecto a diario, varias veces al día y que no se nota, por más que la consumas. Sexo es una llave que abre las puertas a una dimensión donde las leyes naturales pierden validez, que es un nuevo universo en el cual me gusta orbitar, como astronauta perdido engullido en la quietud poética del espacio.

Sexo son mis pupilas, mi saliva, mi sudor, mi sangre, mi desenfreno, mi constante, mi matemática, mi lógica cartesiana, mi aproximación a la locura, mi pelo de carbón, mis labios entreabiertos de fuego, el bronce de mis mordidas, la yaga azulada que hace mi mirada perdida, el sabor de mi semen, cuando como, cuando leo, cuando escribo, cuando lloro; es el aliento perdido, el sonido de mis pulmones, el crujir de mi corazón, el canto de mis torturas.

Sexo es la cosmogonía en la que habito y no solo es sexo en su sentido más coloquial; es sexo, en el sentido esencial de lo que se niega a estar en vida, muerto.

IV. I WILL SURROUND YOU

Eres pequeña, pero grande. Como un sabio dentro de un cuerpo que lucha por transformarse, por desbordarse en la fría plancha de la vida.

Tu mirada en el fino grano fotográfico, que mira hacia mi, hacia otros, hacia ese “prójimo” que amas en la lejanía.

Los tirantes de tus vestidos: negros y que amenazan con caerse como doncellas que se desmayan, con la teatralidad deliciosa de su encanto.

“Buenas lunas”, como dices antes de dejarme con la respiración contenida, con el sobresalto de la sorpresa que me has dado al responder a mis comentarios.

Escritora de verdades, joven experta del mundo nuevo. Seguiré atento a tus travesías en esta esfera azul, que rota, que se traslada y que agoniza.

Friday, April 04, 2008

AYER -sueño, espeleología-


I. AYER -tarde de discurso sobre el ayuno de piel-

Ayer
tuve oportunidad de verte. Pelo de arena, ojos de miel, labios dulces, moscabado atesorado de tu rostro. Pero ayer vi tu piel, casi toda, esbozada a través de telas que parecían planear sobre tu cuerpo, como Cúmulos Nimbus, paseantes solitarios de otoños perpetuos.

Te tuve cerca, pegada a mi. Me hiciste sentir que estaba encapsulado, fisurado por dentro, blanco como mármol, perplejo ante la gracia de tu presencia. Luego vinieron las horas en las que mi voz trataba de cambiar las palabras de enseñanza, por delirios arrebatados, de incongruencias de deseo, como vela a punto de apagarse, pero que quema.

Tu fina figura, tu frente en alto, la mirada etérea.

¿Qué otra fantasía más hermosa puede mi mente exprimirle a mi imaginación?

¿Qué debo hacer para que seas mía, para estar seguro que serás ese accidente, esa estampida, el tornado, la hecatombe?

Dormí envuelto en el sudor de un tiempo que comienza a hervir por las noches, a despertar de madrugada, con los dedos entre las piernas, con el antebrazo y el hombro besado tiernamente, imaginando que son tus labios, quizá tus piernas…

II. SUEÑO -el explorador-

Más allá de los confines de la memoria, descansa en el invierno de las ideas ese presentimiento, abstracto de tocarte, de palparte como algo concreto, que no se desmaterializa, que se queda en el fondo de los cenotes, como polvo, como nieve marina a cientos de metros bajo la superficie.
Veo apariciones de gente que camina por el mundo en estado invisible, les llamo y me responden, mirando a mis ojos con sus pupilas grises, dilatadas por el exceso de aislamiento: les hemos abandonado sedientos, en el desierto de nuestra indiferencia, desalmada asesina de esperanzas y cortejos.

Camino en las tardes acompañado por las voces que me enturbian el pensamiento con sus ecos inesperados, que me sobresaltan, que me agitan. Me dicen secretos que empañan la mirada, que me congelan el aliento, a pesar de todo el plomo del sol, que devora en su radiación hasta la más pequeña bacteria.

Anoche estuve en la oscuridad pensando, en la imagen de objetos que hablen de la ausencia, de sus dueños a lo lejos, cuando no están. Una a una se me presentaban las visiones que pondría hoy en la tela, en el papel… a cuenta gotas.

Tengo dentro grutas, cavernas llenas de formaciones caprichosas. Algunas son presagios fantasmales de amores pasados, otras, la aparición repentina de la realidad, que me hace nadar sin freno, por entre toda cavidad geográfica de mi delirio. Un espeleólogo extraviado en sus arterias, en los túneles de su conciencia.

Con miedo y a veces con desencanto, busqué la luz queme conduciría al génesis de mi torcida pasión, de mi ardor nocturno por tus caderas, por tus formaciones que constituyen en ti un planeta entero de formas por las que quiero deslizarme, caerme y tal vez, ¡hacerme trizas!

Buscando y explorando en mis adentros encuentro solo la resonancia de presencias antiguas, remedos de algo que hubo y que por la crueldad del tiempo, se ha desvanecido, dejando huella en los muros: manos, bisontes, cacerías.

Luego de la perdición viene el reencuentro. Veo azules, blancos, lo verde del bosque; y cuando salgo, me encuentro con el reflejo: espejo siniestro de obsidiana, muro negro y que finalmente, me traga.

Viajar por los intestinos de esta tierra, parajes fantásticos, primos lejanos del miedo...

III. ESPELEOLOGÍA -definición de cuando estas dentro-

“Estuve buceando, luego vi el arrecife, me acerqué a él, tenía vida, estaba vivo”

La espeleología (del griego σπηλαιου spelaion que significa cueva y -logía, tratado), es una ciencia cuyo objeto es el estudio de las cavidades subterráneas.

Espeleología kárstica

Principal rama de la exploración espeleológica, aquella que se desarrolla en cavidades de origen kárstico, es decir, cavidades excavadas por corrientes de agua o hielo en macizos de roca calcárea. Existen también cavidades horadadas en macizos yesiferos, de sal y lava volcanica así otras variantes, pero que al fin y al cabo están originadas por un proceso de disolución de la roca encajante. Estos procesos de disolución se desarrollan de modo muy lento, y pueden tomar millones de años para formar una cavidad y concrecionarla (las estalactitas, gours, excéntricas... son concreciones que forman la llamada decoración de la cavidad).

"sirena mia, que me encantas e hipnotizas con el canto de tu branquia y el crujido de pétalos que sale de tu boca , desparramada en los labios"




Wednesday, April 02, 2008

DESDE EL PUENTE











No me gustaría estar mirando,
Desde el puente;
Cuando partas hacia lo blanco,
a través del cristal líquido de mis lágrimas.

Lugares lejanos,
Pasajes solitarios y soberbios de belleza.
Melancolía grande, como continente;
Vasta como los anillos de Saturno,
silente y en la penumbra de la galaxia.

No quisiera estar en el momento del entierro,
ni cuando las manos cubran los rostros,
ni cuando los puños se humedezcan con el mezcal de la nostalgia.

Amores pasados, conmemorados…
De la misma forma en que el veterano de una guerra,
recuerda el día en que pensó en la negrura de la nada ante sus ojos…
durante la batalla perdida:
durante el estallido, el grito, el ojo cubierto, sangrando.

El respiro angustiado,
Que flota en el aire como el planeo de la gaviota,
Antes de sumergirse en las turbias aguas de los mares.

No quisiera mirar,
Desde el puente.

Friday, March 28, 2008

TRAYECTORIA DE LO INAUDITO


Toda esa aventura de quererte, me ha revuelto entero, por dentro, por fuera… colisiono conmigo mismo, con el grito nocturno del relámpago que al alumbrar la tormenta, muere al instante fulminado en su máxima belleza.

Esta fantasía de adorarte, me ha cultivado plantas mudas dentro, que echan raíces que penetran sin permiso, que se confunden en la maraña de mis tendones, en mis ligamentos, en mi sangre: ¡solo soy carne!

Y es por ello que corro con la misma suerte que el cadáver a la orilla del camino; o la misma tortura del objeto que siendo nuevo fue maravilla y que ahora, es olvido.

La odisea que es tu amor, es el secreto que se guarda hasta que lo encuentra el estudioso anciano, en algún punto arqueológico en el que se descubren derrumbes y ruinas de una incivilizada desgracia; penas ajenas que se convirtieron en leyendas, que son contadas, ilustradas con colores chillantes.

Nuestro amor es el terreno fértil donde se cosechan las semillas sedientas de lágrimas, que serán frutos que desde su primer respiro perecerán atados, decapitados y quemados en el caldero del abatimiento.

Eres el ángel de fuego que se esculpe sola, con la erosión de mis encantos, con la fuerza del viento que emana de mi boca y las lentas, pesadas avalanchas de lenguas heladas, algunas rotas, otras destrozadas.

La epopeya de nuestra pasión,

La fábula de nuestra atracción,

La crónica de nuestros besos…

El irónico y cruel chiste de nuestro desencuentro.

Wednesday, March 26, 2008

MENTIRAS Y OTRAS FANTASÍAS DE LA VERDAD

PRIMERA REFLEXIÓN DESPUÉS DE ESTAR EN EL INFIERNO

Mentir con la materia del humo, sentirse rodeado por episodios perpetuos de desidia, de yermos inmensos que cubren todo lo que el ojo, -curiosa mirilla de la víscera-, es capaz de ver.

Escapa de nuestro sostén hacia una gruta, toda esa masa de pensamientos impuros, pegajosos, que se adhieren a la piel como sanguijuelas regordetas, como dedos hinchados de congelamiento. Frío dentro de mi.

Soy la maceta que al final del pasillo, se descubre ante la curiosidad desnuda. Esa planta que crece en mi entraña no es menos que un pujido de dolor, una extraña manera de mostrarse ante la inmovilidad de la vida que me aqueja.

Los pasos de gatos que con delicadeza recorren mi espina, fracturando mi esqueleto de gelatina, justo en el momento en que mis labios saben a ese aroma que sale de tu huir constante.

Te resbalas de mi cerebro, como si estuvieras cubierta de aceite que sabe a madera de nostalgia. 

                                               Sigilosamente, 

sin un solo crujido.

Mentiría si te dijera, que cuando mis párpados me entierran en el mausoleo del sueño, no estas ahí. Mentiría si te dijera, que cuando brota de mi piel el manantial de la fiebre, no estas ahí.

Todo lo que se posa en mi historia es como el insecto que no sabe nada de quedarse quieto. Mis vivencias contigo es polen que fecunda a la solitud y le preña con hijos que antes de nacer la devoran.

Fantasías de la verdad, de esa realidad que como pesada cortina cubre toda iluminación externa... 

que ve hacia afuera,

  lejos de aquí, 

¡a cualquier parte!