Thursday, April 17, 2008

LA PARADOJA INCONCLUSA DE LA CULMINACIÓN


I. AVERNO -sanctus-

En este día tiendo a sentirme ligero. Las plumas se despliegan por mis brazos, pongo atención al sonido del viento y me dejo ir, levemente como con ganas de no volver.

Hace algunos años mis ojos apenas se abrían al mundo. De inmediato sentí ganas de conquistarlo, de ser el amo supremo de sus vastos terrenos. Pensé que volando tendría una visión mas amplia del lugar que sería mío, pero mis alas aun no se desarrollaban lo suficiente, como para elevarme en los cielos; ser gloria, luminosidad y milagro.

Hoy que tengo plumas grandes y mi cuerpo es fuerte, vuelo. Pero ese vuelo me eleva tan alto que parece que me asfixio cuando la oscuridad del espacio comienza a predominar en las alturas. Se termina el aire respirable, me vuelvo silencio, filo agudo, gota que amenaza con derramarse sobre el mar.

¿Cuándo salga de la atmósfera y me pierda, orbitando sobre la esfera decadente de mi hogar, seguiré volando?

¿O a caso estaré en una caída permanente, que no tiene fin, pues carece de dirección, sin un punto gravitacional que me succione?

Este día me siento ligero, pero luego veo tus efigies desde lo alto y mis ilusiones se marchitan. Termino en el piso batido en mi sangre, arrastrándome rechinante, dejando rastros de mi flujo vital, que ahora es pestilente y me arroja a la inevitable agonía del rigor mortis.

¡Que fácil puede transformarse un paraíso en averno!

A partir de hoy tendré que arrastrarme, buscando desesperado tus manos de alivio, tu mirada de consuelo, tus labios de sabiduría que al contacto con los mios, se llenarán de duelo.

Ser de nuevo larva, gusano.

II. MIGRAÑA –larva migrans-

Debajo de la epidermis del tiempo viaja, incesante, incansable; el parásito baboso y repugnante del ansia.

En mis expediciones por las cordilleras, por los túneles, los cenotes y las cavernas; me he encontrado con criaturas pálidas y ciegas que devoran hombres, que se tragan a sus hijos y se apoderan de sus esposas. Se arrastran por los intestinos de los bosques, o por el colon de las montañas donde nadie puede escucharte, saber de ti.

La tierra es una pocilga pestilente donde estoy atrapado. Roto, desbaratado y molido a golpes.

Y este es apenas un borrador que trata de mi entierro, de mi suplicio sonriente, de mi martirio placentero.

Estoy cansado de ser como esa semilla que vuela al primer soplido del aire; pero me dejo llevar por la penumbra, hasta el calabozo donde al fin, me hayo cara a cara con el anhelado omega.

Termino... Culmino.

AMEN