Tuesday, August 05, 2008

ESE YO QUE SE TRANSFORMA Y SE CORROMPE


En una espiral liquida de tiempo, cabalgaba a la noche con el rigor de un jinete prescrito a exterminar con el encanto de la ternura y hacerla lascivia, perversión al alba del desencanto.

Una tarde de silencio se encontraron frente a mi dos vértices. Uno me acercaba a la frontera entre la razón y la locura; la otra, era sable que me dividía entre mi ideal y mi realidad presencial. ¿A caso invoco a la maldad? ¿Acoso de la belleza hacia la monstruosidad que se vuelve ensueño, perla, Andrómeda?

En cierto momento me senté en la roca del pensamiento originario, abrí mis brazos hacia la doncella etérea de la humana colmena. Mis brazos se extendieron hacia el frente y de nuevo mi consciencia se descubrió en tentáculos, extremidades grotescas envenenadas por mi fealdad. Soy el monstruo informe surgido del espejo dual de mi bifurcación presente, soy ánima ignota, volátil y juguetona en el polen de tu templo.

Después de vivir el tormento junto a la roca del pensamiento aparecí entre las sabanas blandas de cartílago, eres rotura y articulación lubricada de mis extremidades alargadas, pegajosas, jugo amniótico extraído de las flores de hiel, fétido y amargo aroma de mi aliento.

Me alejo de ti y me acerco a ti por medio de una crónica de distancias. Soy la alucinación, el desahogo y el llanto liberador de la entrepierna abierta a tajos, sangrante... hemorragia que se transforma en cascada, río, lago, mar  y océano de laceraciones y heridas constantes y profundas. Todo ese acto de desangrar se vuelve alimento del mangle, se torna en selvas oscuras como aquellas que relataba Dante en su viaje al infierno.

Soy el ángel revelador, el que muestra dentro de lo grotesco el triunfo de una belleza pervertida por la ternura. Flujo oscuro que te recorre toda, te acomoda entre mi piel y la alcoba.

En una ocasión me llevaron lo más lejos de mi creador, se espantó de mis sentimientos, le temió a mi belleza y me acorralo al paraje más recóndito de su imperio. Los gritos ahogados en la sangre de los martirios se convirtieron en la sinfonía estridente de mi dolor, de mi castigo: me convertí en monstruo.

Devoro luz, niños nonatos, espejos rotos que se adhieren a mi garganta lacerando mi interior como si se tratara de expiar las culpas.

Vuelvo siempre a la roca del principio, a la reflexión ensombrecida y atascada de llanto. Soy el que permanece, el que jamás invita a la belleza a quedarse, aunque la adoro y le rindo culto a través de mis bestiales actos. Todo esto es el tormento de un amor abandonado, bastardo y desprotegido de toda caricia, de todo cobijo por la eternidad entera, completa que aun me atraviesa y me convierte en pesadilla.

El fuego es eterno, las llamas no se canibalizan, una a una se forman en procesiones enteras de delirio, rompiendo mi alma en dos.

 

Monday, August 04, 2008

DENTRO

Has tomado mi cuerpo con tus manos encantadas, suavizadas en su cutis por la fugaz y efímera aventura de lo prohibido. Te has llevado de mis labios los besos que guardé para el invierno de mi vida y los has glorificado con tu aliento, baño sagrado de cristalina saliva de inmaculados manantiales,  puros y de distancia cercana.

La tarde que pasamos juntos quedó tatuada en la espiral del tiempo y de nuestras historias; cada una, entrelazada por finos hilos de ternura e incondicional entrega, correspondencia… epístolas desde un lugar donde se juntan todos los vectores de nuestro querer. ¡Ese querer que me deshace y me convierte de papel!

Dibujaste sobre mi pecho extrañas grafías con mi semen aún tibio; adormilado por el viaje interno de un clímax inaudito. Luego, con la punta de tus dedos hiciste de mi piel, el soporte para unos trazos que describían al amor y a la tragedia de lo imposible. Me recosté en tu cuerpo, te recostaste en el mío. Fuimos por varios momentos uno, que se desprendía y se combinaba varias veces en el espacio oculto de nuestro delirio.

Estuve dentro de ti los instantes necesarios para saber, que en tus entrañas, se conserva una copia fiel de mi adoración, el molde perfecto para la duplicación: hacernos gemelos unidos por el corazón, inseparables y combinados en una extraña mezcla de piel, recuerdos, desiertos, estrellas y una escarcha azul que nos cubre de gracia en nuestra temeraria colisión.

Juntos alcanzamos el éxtasis de la calma, los gritos sepultados por silencios antiguos. Mi piel aún tiene el aroma de tu cuerpo, lo conserva dentro, en cada poro, en cada molécula indivisible de deseo: dentro.