I. ABDUCCIÓN
De entre mis dedos inquietos se me resbala tu existir. Quiero
asirte, pero como efímero tesoro te presentas cada vez más lejana e imposible.
Como enredadera me aseguro que tu cuello sea mío, apretarte
contra mis labios, contra mis ansias que me procura esa hambre que tengo de ti.
Pero sigues yéndote…
Sigues escapándote y forcejeas contra mis caricias e
insistes en ser por siempre, sueño e ilusión.
Pareces no darte cuenta que anido silente entre tus piernas,
que desde que naciste mujer entre mis brazos te has convertido en la madre de
todas mis lujurias, de todas mis pasiones y de todos y cada uno de mis
padeceres…
De todos y cada uno de mis padeceres.
Aprieto mis dientes. Unos contra otros se ensañan bañados en
mi dulce saliva, hasta que haciéndose trizas, se tornan triste remedo de aquel
dolor que me hostiga cuando tu perfume y tu aroma de mujer se llama “ausencia”.
Si tu naciste mujer entre mis brazos, yo nací hombre entre
el murmullo de tus suspiros, entre la neblina de tu respirar cercano.
Nací hombre entre las heridas ancestrales de tus anhelos, de
esos anhelos por llegar a la cima donde tu sexo llovizna tenue sobre mi espíritu.
Nacimos juntos.
Desnudos y desprotegidos de nosotros mismos llegamos al
mundo...
Descalzos, con el alma a rastras…
Te deseo. Te deseo.
Te deseo.
II. CONJURO
Tendido, desnudo.
Tomo pétalos de flores y con ellos
consuelo a mis pezones
imaginando que son tus labios.
Guardo tu aroma en el diván de mis adentros: mi sexo arde y
se hunde en un imaginario de sombras, de gentiles fantasmas que pretenden ser
tú.
Tendido, desnudo. Me incorporo a la orilla de mi cama como
si se tratara de un acantilado,
dejo que el viento me desordene el cabello,
luego tus dedos paseándose entre mis nalgas, moldeándome a tu capricho: ¡mujer
por fin soy tuyo!
Con plumas sobre mi pecho imagino que son tus senos los que
planean sobre esos valles morenos de mi cuerpo…
Y
dejo reposar las plumas,
las
dejo dormir sobre mi hasta que me venzo en tu mundo…
Tendido, desnudo.
III. CADALSO
Por ser hombre soy visto como a todos los demás. ¿A caso no tengo
derecho a sentir mi ser femenino porque las normas me dicen: sé hombre? Me
niego, renuncio,
me desarmo…

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