Wednesday, February 27, 2008

DULCE, DULZURA -partes de mi cuerpo, secretos-


I. Dulce, DULZURA

a) noctámbulos, periférico

Pude verte de cerca, pude tenerte cerca y sentirte. Rojo, es el color que ahora me llena, que me interroga acerca de lo que hago. Rojo, como ese que portabas, como ese que cubre tu cuerpo del frio, color de arteria, de vena expuesta.

Silencio en la avenida, autos dejando a su paso la imágen fantasma, de un tiempo que se vuelve pasado inmediato, abandonando su luz en mis pupilas, como si se tratase de estrellas muertas hace miles de siglos.

Periférico lucía como una ruta alegórica de la ausencia; luces verdes que colorean los pilares del segundo piso; nosotros debajo, corriendo en automóvil hacia un lugar definido, pero al mismo tiempo sin localización, carente de latitud, de longitud. No esta en los mapas!!

Priférico silencioso. Un still, un recuadro que me muestra en una acción nerviosa y contenida; cine mudo de un querer que quiere, pero que todavía no se anima a querer.

Mis recuerdos recientes de madrugadas frías, se aglomeran en mi garganta, no me dejaron hablar, solo aceptar el viaje silente, llevarte a casa. Te fuiste, ni una palabra más, solo el ruido de mi motor interno, acelerando con el freno puesto.

b) fusión nuclear

Di vuelta a la derecha, me sonrió Revolución con un güiño cínico. Llegué a mi casa con la misma velocidad del hidrógeno, cuando se corta por la mitad, destruyéndo mundos de incongruencias aleatorias, de fantasías inconcebibles.

c) Helio a millones de grados, ardiendo

Si, las estrellas me recuerdan a ti, y no te olvido.

II. PARTES DE MI CUERPO

Con mis dedos rozaba los pezones de mi pecho, herido. Las cicatrices petrificadas en mi piel me hablaban del pasado, de tus ojos yéndose, como en una peregrinación hacia el precipicio.

Logré mojar con mi saliva la yema de mis dedos; mis pezones se levantaron, como queriendo sentir tus labios succionando de ellos, para hacerme gritar en un ardor de terciopelo, de respiración sublime de criaturas pequeñas, durmiendo en el sueño de la creación.

Pero al instante que logré encender el atentado suicida de mis deseos, una carga explosiva de pequeños núcleos de voces, se escondía en las partículas de mi materia, gritándome tu nombre, lanzándome cabellos negros sobre mi rostro, ¡voloviéndome loco!

Y entonces corté mi cuerpo en partes, lo dividí con el fin de darme a ti, en pequeñas cantidades, quiero que me tengas, que me mastiques, que me escupas, que me detengas en un sorbo de licor adulterado con fuego negro de pasión, agitándome amorosamente dentro de tu boca.

¿Puedes ver mi cuello?
¿Puedes ver como mi pulso se acelera,pero se detiene cuando estas cerca?

III. SECRETOS

-hoy me lavé los dientes con una pasta de dientes sabor a Anís.
-me comí dos galletas de mantequilla y nadie se dió cuenta
-el domingo tuve un orgasmo en pleno Insurgentes, me agarré fuerte del volante, apreté mis dientes, nadie se dió cuenta. Sh!!
-me quedé con el cambio sin decirle a nadie
-anoche desperté y con los labios entreabiertos, se me salió la saliva durante, ¡quien sabe cuanto tiempo!
-me estuve cuidando de un policía, mientras sigilosamente, me ponía el cinturón de seguridad
-hace una semana me pasé un alto
-hace dos noches salí de bañarme y después que me vestí; luego, me percaté que no me había enjabonado!!
-luego de leer a Amparo Dávila, me recosté en mi cama a jugar Call of Duty y me quedé dormido


y

-anoche lloré por ti

Monday, February 25, 2008

QUIDAM: retrato y varias cosas


I. QUIDAM: persona, sujeto, autorretrato

Jean-Luc Nancy en su libro, La Mirada del Retrato, nos habla por medio de un ensayo directo y profundo, acerca de las reflexiones que le evoca la pintura, cuando ésta aborda al retrato como su tema principal. En la primera parte, hace referencia hacia un concepto que considero importante, para el entendimiento de uno mismo, cuando lo que se persigue, es la contemplación reflexiva del self.

Cito: “El objeto del retrato es, en sentido estricto, el sujeto absoluto: despegado de todo lo que no es él, retirado de toda exterioridad”.

Y tomo este enunciado, como punto de partida, en la especulación que me inspira la introspección exteriorizada e interiorizada de mi persona, como sujeto.

En este blog, he publicado cosas relativas a mi vida, a mi condición de hombre y más importante todavía, un retrato desnudo de mi sexualidad, mis pensamientos más íntimos, de aquello que esta eclipsado por la sombra de la obviedad.

En algunos momentos he hecho referencias a ciertas vivencias de mi vida, como si se tratara de reunir un cierto cúmulo de vivencias, con la intensión de entenderme, y de comprender tanto al sexo opuesto, como a los que pertenecen al mismo orden de género, que me define llana y biológicamente como hombre.

De cierta forma, Ideario Terminal es una especie de lienzo donde divago y fantaseo, donde afirmo y hago evidente, mi condición existencial como un ser humano, preocupado por lo que le afecta directamente; obteniendo un resultado un tanto exhibicionista, sin prejuicio, sin censura.

Publico fotos de mi aspecto físico y al mismo tiempo, trato de definir ciertas actitudes y comportamientos, como complemento a la imágenes, a los videos que de manera metafórica, hablan de lo que vivo, de lo que experimento libremente, de mis desventuras y suertes en el campo del romance y del erotismo. Mi manera de ver la ternura, lo erótico, lo perverso, lo oscuro, lo bello, la eternidad y el universo.

¿Y todo esto tiene que ver con una forma de retrato?

Si, aunque la respuesta no es fácil, si tomamos en cuenta, que como se dice en el libro de Jean-Luc; el retrato debe reunir varios requisitos que lo conforman, claro, considerando que el filósofo parte de una contemplación y apreciación del arte moderno, quizá contemporáneo; en particular, de la pintura.

La relación con el arte es, -para los que me conocen de cerca-, una parte propia e inseparable de mi personalidad. El arte es también el vehículo con el cual puedo transportarme dentro y fuera de mi; hacia adentro y hacia fuera del que me observa, del que me mira ya sea con ojos de artista, o con los ojos del deseo. Para enjuiciarme o para halagarme.

Sexo, ficción, experiencia, fantasía, arte, concepto y literatura; se conjugan en este blog como un amasijo a veces incongruente, desesperado; pero que tiene una semejanza absoluta, con lo que soy. Es el caos y la composición caótica de mi esencia como “persona”, como “alguien”; al mismo tiempo que como pintor, como artista e ineludiblemente como hombre.

Más adelante, Jean-Luc Nancy escribe lo siguiente: “(persona por ella misma), es decir, ni como personaje, ni como personalidad, sino por si, sin extensión ni restricción”.

A lo anterior, entiendo que un retrato –hablando de la pintura- debe tratar de manera única al sujeto, apartándolo de todo aquello que afecta la claridad con la que se le observa; dicho de otra manera y en el contexto de este blog, el retrato debe de concentrarse únicamente en lo que es el sujeto en cuestión, sin los atavíos que le adjudican una manera de ser, una identificación socialmente codificada; ser, solo él, por sí.

Este blog tiene esa intención y acepto, que muchas veces se ha salido de este eje primordial, y ha caído inevitablemente en el la tentativa de la dispersión ideológica, propia, por supuesto, de una mente imaginativa e inquieta, que no para de analizar, de auto razonarse; y que frecuentemente, por medio de las herramientas de la literatura, es tarea difícil, hacer un auto-retrato "absoluto", sin atavíos e intromisiones de las diversas características que me confieren cierta personalidad.

Es por ello, que ahora trato de afirmar por medio de esta meditación, que Ideario Terminal trata de mi, no por una vulgar exhibición de la vanidad, sino por la exclusiva indagación sobre el quídam, sobre mi, porque como artista y hombre me cuestiono, me planteo ante los ojos del lector como para someterme a un juicio, a un litigio que en medida de lo posible, me confiera una identidad, apartada de todo lo que la sociedad conoce de mí, tan solo como un recubrimiento que me permita encajar en un mundo, que me azora por su simulación, por su aparente sensibilidad.

Me atrevo a decir, con firme determinación, que me considero un ser ordinario, pero modificado constantemente por una hiper-sensibilidad, que me brinda la posibilidad de trasladarme en mi interior, cambiando y transmutando en diferentes estados físicos de la sexualidad, que es el leitmotiv y sustento para mi creatividad.

Si se trata de mostrarse "absoluto", según Jean-Luc Nancy; por este medio dejo los pinceles y las texturas y me concentro en lo que vivo, porque ello es lo que define mis actos, mi comportamiento y lo que me define en el mundo y me ubica en él; apesar de que esto último, sea un concepto contradictorio a lo "absoluto", que a mi parecer, solo puede captarse a través de la pintura/dibujo.

Desnudo, mirando directamente, estudiando cada fracción de mi carne, -que es la antena receptora de todo lo que digiero-, con la mente y con el corazón, transformándolo en sentimiento, erotismo y pasión.

El libro de Jean-Luc me sirve en general para reflexionar acerca de dos cosas esenciales: sobre mi propia imagen, tratada en este blog de manera lieteraria y meditar también, acerca de lo que es el retrato en la pintura -mi profesión-, como un medio de exploración que en su pretexto temático, encuentra ruta hacia un destino regido única y exclusivamente por lo pictórico.

II. AUTORETRATO –érase una vez una entrevista-

“No suelo hacer autorretrato en mi obra pictórica, porque entonces tendría que pintar a cada mujer, a cada hombre. ¿O será que el pintor en su afán de retratar a alguien, se ve a si mismo y se plasma finalmente una parte de él, de forma inevitable para habitar por siempre en el cuadro? Pintarme a mi mismo es una práctica delicada, que requiere de valor y de coraje, pues uno puede encontrarte con aquello, que normalmente es invisible, fantasma, espectro”.

de una entrevista que me hicieron, para un ensayo académico sobre el tema del retrato, alumnos de la UVM México DF, 2007

III. VANIDAD –preguntas, no preguntas-

Estoy plagado de cosas en mi cuerpo que me abstraen, que se conjugan de tal manera en mi pensamiento, que termino por dejarme llevar por esa corriente que me arrastra cuidadosamente hacia un viaje interior.

Veo mis ojos, mis manos, mis brazos, mi pecho… mis pies, mi sexo, mis nalgas, mis rodillas. Me fracciono, me disecciono, me expongo. Porque a diario creo, que mi cuerpo es una posibilidad, un estado temporal en proceso de envejecimiento, materia que se transforma para finalmente unirse con el todo del cosmos, con los elementos: tabla periódica de sentimientos.

Mi carne es, pero al mismo tiempo, dudo de su semblante: lo cuestiono.

He decidido arrancar los prejuicios de mi, de arrojarlos lejos y de descubrirme, de venderme, de prostituirme, de regalarme; de exponerme al libre uso que quieran darme mis amantes, mis amigos, mis amigas, mi familia: la gente.

Quiero dar mi cuerpo, ofrecerlo como ofrenda al acto del amor, de lo sexual, pues en ello encuentro al reflejo, a esa imagen que representa mi estancia, mi permanencia física, pero también mi ausencia.

Mis fotografías son el indicio de lo que está, en otro lugar, en otro momento, sintiendo y percibiendo.

Significan ausencia, pero al mismo tiempo, como en mi pintura; son únicas, es decir, que son.

IV. GOURMET –de cómo cocinarse con una mujer-

Basta que pruebes los dedos de mi mano, recorriendo cada milímetro de tu piel, para que ésta se erice, para que te recorra por dentro ese impulso atómico de implosiones y explosiones orgásmicas, de pétalos de rosa que nadan inquietos por tus venas.

Quiero que pruebes mis labios entreabiertos, que los muerdas gentilmente, que les extraigas el jugo de deleites, oasis de melancolía hecha poesía, música que no se escucha, sino que se toma y que se traga.

Deseo que me mires a los ojos cuando de entre tus piernas, tu sexo se corra a manera de cascadas, que caigan para calmar la sed de mis poros, para ahogarme en el sabor de tu centro corporal, de tu feminidad que apetezco, de la que necesito como el fármaco que me calma, que me tranquiliza y le pausa ami vida; la detiene, la alenta y así, me enajena.

Luego me desgajaré como una naranja dulce sobre tu boca, saciando tu sed de mi, exprimiendo hasta la última gota de ese cristal líquido que sale espeso, tibio y que resbala por tu boca hasta caer lento y perezoso hasta tus senos, hasta tu vientre que es génesis de mi locura. Alfa y omega de mi amor insaciable por ti ¡ser hermoso!

Bella mía, ven a mi por la noche y ¡ráptame!, hazme tuyo y ¡devórame!, hasta que no dejes rastro de mi, que soy tu presa de amor y exaltación.

Soy el hombre que se extiende por tu piel, que parece caracol invisible que se arrastra en ti, hasta electrocutarte, para sacudirte de tus agobios, de tus tensiones, de tus miedos, de tu rutina.

Eres la emperatriz de mi mundo, que sepia y azulado se transforma en sudor nocturno, que se seca con las blancas sábanas, que como un soplido, cubren mi piel desnuda, saboreándome completo, como un caramelo de moscabado, como una caña que se tuerce entre los dientes de un espacio íntimo que me perfora, que me penetra para hacerme solo de ti; que extrae la dulzura, la miel de mi lujuria.

Basta con que nuestras miradas se encuentren, para que solos, tú y yo seamos testigos de una colisión de dimensiones astronómicas, inimaginables para aquellos que visten de prejuicio, para aquellos que no se atreven a la entrega completa al placer de tenerse uno al otro.

Pegados, tu y yo. Adheridos a nuestras carnes, fusionando el bronce claro de nuestro cuerpo.
Tú, engulléndome con tu sexo, apretando con los músculos de tu orgasmo, cada milímetro de mi apéndice enrojecida, hinchada de suspiros, de convulsiones que chorrean vida, amor, lujuria, desesperación: consumación.

V. INFANCIA EN EL PRECIPICIO –breve recuerdo que rechina suavecito-

De niño me paraba a la orilla del desfiladero. Mi pelo revoloteaba, jugando con el viento, humedeciéndose con la brisa fría de un mar embravecido, escandaloso en su chocar con las rocas, erosionando sus formas en caprichos escultóricos de romances impetuosos. Era un niño.

De niño, amaba encerrarme en la habitación vieja y con olor a moho, donde alguna vez vivió mi abuelo. Mi abuelo era un hombre de madera, que crujía en sus movimientos, que petrificaba en su cama y en su silla de donde, a través de su ventana, contemplaba las victorias pasadas de su vida. Mi abuelo era de campo, olía también a tierra, al surco de la cosecha, al trabajo que termina solo cuando el sol se oculta.

Ahí me encerraba, a tocarme, a acariciarme... sin prisas, lentamente; a exprimir de mi el aún tierno jugo de amor, que al brotar de mi cuerpo lo llevaba a mis labios, saboreándolo con el mismo gusto con el que se degusta el más delicioso caramelo.

Once años tenía cuando descubrí que estaba hecho de hojas secas, de musgo, de néctar agridulce, de imaginación lunática, de amor incondicional a la vida, a la mujer.

Hoy soy un hombre, y ya no me refugio en el antiguo aposento donde vivió mi abuelo; pues la misma calma y quietud la he descubierto en tus brazos, en tus palabras de deseo.

He regresado a esas playas que se enojan con los vientos, que se manifiestan bravas e incontrolables, pero ahora no miro hacia el precipicio donde se suicidan las olas, porque ahora miro al cielo donde nacen las estrellas; donde me reuso a ser de madera, como mi abuelo.