Sunday, September 16, 2012

EL CENTRO DEL MUNDO



Desde la mentira que es mi cuerpo, viajo distancias inconmensurables hasta llegar a ti. El medio, el vehículo, es esa prolongación carnal que se llena de sangre, que se hincha dentro la fantástica burbuja de tus sueños, espuma que llega hasta las orillas de mis costas, todas ellas, incendiándose.

En el frío infinito del espacio duermo: me entrego a tus brazos de nieve y ya sin ojos, me tomas de frente, me regalas el sacrificio de tu visión y me coges en el desenfreno de las pléyades… gozando de una venida a las puertas de Orión.

Rojos púrpura, alginatos aglutinados en la garganta que impiden el libre tránsito del aire que jadeante, sale de mis entrañas al entrar en ti, paradoja que nos hunde en la duda que cuestiona a los adentros, a los afueras:

«Una vez que las mangas estuvieron dentro del traje, metí mi brazo completo para jalar el otro extremo de éstas, luego, vi cómo la tela obedecía el capricho de mi fuerza y se hacía hacia adentro, revolcándose en sus propios adentros, como  intestinos que se desfundan de adentro hacia fuera»

La amante ideal para mis apetitos es como tú, lúcida, atrevida, constante, asertiva, balbuceante, poseída, lengua, ojos grandes, admiración, menta, aglutinante, aceite, semen, ano, compuerta, fisura, rajadura, otoño.

«(…) apenas me sostengo sobre mis piernas, me tiemblan. En el callejón oscuro nadie podía ayudarme, soy esclava de la soledad, obstinada adicta a las luces de noche, a las banquetas mojadas, a los abominables transeúntes (…) abrí mi culo para ti, lo empapé de gloria para que lo tomaras con tus manos toscas, peludas, brazos grasientos que cubiertos de noche me trituraban completa, soy tuya (…) muero, me desmayo... todo tu brazo dentro, con el puño golpeaste mi alma, le quitaste la envoltura de piel, de mi blancura hiciste un trapo sucio... y roto»

Wednesday, September 12, 2012

DES(hacer) el A (mor)


PRIMER CÍRCULO: SECUENCIAS

(…) y a pesar que ya no estás aquí…  
                                                          siempre te siento, aquí, al
re
de
         dor (...)


Los sonidos suben y bajan sin presentar el más mínimo signo de cansancio.

Son los minutos, pequeñas criaturas que se incrustan en la piel de mi memoria, que la habitan para controlar cada uno de sus movimientos, de sus vanos intentos por quedar por siempre embrujada por un crio-sueño, en el silencio negro del cosmos, , , , , ,
  
(…) mi cosmos, nuestro cosmos: tardes de lluvia que nos enajenaban, que nos envolvían en su luz otoñal mientras succionábamos nuestro ser a través de nuestros sexos.

SEGUNDO CÍRCULO: SÓLO SOBREVIVO YO

(…) mis labios necesitan besarte, re-«correrte» completa, triturarte suavemente… chuparte como un dulce

en mis sueños me acaricias con olor a naranjos, con humedad de bosque (…) me tocas el sexo como si se tratara de un tesoro desmoronándose, 


                                        escultura de arena que confronta la furia de un huracán: tu

mi lengua no alcanza a lamer mis propios pezones(…) pienso en engranes, en máquinas viejas que huelen al aceite rancio de tu olvido: me oxido.

TERCER CIR(CULO): TARDE DE SEPTIEMBRE

Beso mis hombros con la delicadeza de una araña, tejiendo la trampa mortal que atrapará el vuelo errante de tus caricias. No puedo sustituir tu tacto, a pesar de que aún conservo tus dedos, guardados en una cajita (moscos, moscas) ... debo corregir, volver a borrar... y re-ES-crib(IR).

Beso mis hombros, mientras tu boca recorre mis nalgas, mi espalda, me lames el alma. Soy bestia que agonizante se combate contra sí misma, así, pesada, aletargada: ¡pendeja de tanto amar!

Beso tu boca fantasma, ruina marina de una antigua ciudad de dioses. Sabe salada, sabe a tu sexo, brilloso, lubricado, cómodo… doliente.

Soy (tú) en mi (yo) desde dentro, rebanada en rodajas de suplicios dulces, regada por doquier, ya sea en mi espalda o en mi pecho, ya sea en mis piernas o en mi sexo (…) mis dedos teclean el aire, le hacen cosquillas en la última a-venida- de su colon. Soy (tú) parásito que reside, que se retuerce (yo) en el fango denso de nuestros orgasmos: uno tras otro, el otro, tras el uno.


Monday, September 10, 2012

IMAGINANDOTE: para olvidarte



Hoy extiendo mi cuerpo hasta alcanzarte. De mi piel tomo cada milímetro para poder cubrirte del frio, del olvido… me toco pensando en tus besos: ¡no me canso de imaginarte!

Llego ante mi cuadro y me rodea la sombra: la incertidumbre de tu sabor, de tu olor. El único consuelo que me procuro es embarrar pintura sobre la tela, pensando en tus manos, en tus dedos largos, blancos, de uñas aperladas en la penumbra de mi vida. Pintando intento sanar de ti, intento distraerme, perderme en el amorío perpetuo con la pintura… pero mis recuerdos de ti, mujer, me conducen a las sábanas y me desnudo, y me imagino tu voz susurrando mi nombre.

En el oleaje de la cama alborotada te siento, puedo construirte como si fueras escultura, monumento al recuerdo que se hace carne, a la carne que se perfora y se desgarra cada vez que respiro sobre tu vulva, cada vez que lentamente la recorro con la mirada tierna de mi gusto: lengua que repta en una danza de muerte con tu piel, aquella rosada que se hincha de misterios internos.

Si venirme es la culminación de un rito amoroso, extraviado en la solitaria distancia del tiempo, entonces me resisto a terminar antes de imaginar como envuelves mi piel, como me atrapas entre tus piernas succionando mi existir para ser sólo tuyo, mi sacrificio, ofrenda para ti.

Pero la tarde cuenta los minutos y amenaza con esfumarse. Necesito luz para seguir pintando, pero sobre todo, de tu cuerpo, de tu tangible amor y tu penetrante deseo.

Mi pintura surge como el paliativo, como el remedio casero para intentar…olvidarte.

DE MIS AMANTES: la locura


Soy el ansia que devora tus uñas, soy el depósito abierto de tu negrura, el lecho tibio y tierno de tu piel cuando decides dejarte caer.

Pisando las hojas secas es como puedo recordar aquella tarde en la cual me mirabas fijo… flotamos durante horas en ese tiempo vacío, en esa, nuestra historia herida.

Mi cuerpo te reclama. Mis labios se endulzan con saliva ligera, transparente, que emana directamente de mi deseo, de ese saborearse de tu sudor, de tu llanto, de tu sonrisa. Mi cuerpo te reclama, pues me he quedado sólo, abandonado en este infierno frío, de azules crueles que lloran con matices agrios de tu adiós.

Imagino tu boca, tu aliento viviendo junto al mío, atrapado por mis párpados, bendecido por la gloriosa conclusión de un apocalipsis de sexo, de tiranía, de dolor y sobre todo, de dulzura... que no acaba. Sigue.

Petrificado. Convertido en mito, nuestro amor cobijado bajo el odio mutuo, embalsamado por las horas: así he quedado sin ti, así dejo de verme, así desaparezco… en la exquisita tortura del vómito, en la mierda que se desparrama en pequeñas plastas sobre mi vida y que me obliga a la transformación.

Imposible vivir sin esa emoción, sin ese calabozo en el cual tú y yo hicimos de nuestros cuerpos, muros, agujeros, perforaciones… salitre, óxido… nada.

Wednesday, August 29, 2012

TIRANDO DEL PUENTE: CAÍDA




Veo en tus ojos la distancia de tu partida. 

En esos plomosos recuerdos, tu mirada me dice con fuerza lo que ni siquiera la mejor de las retóricas podría expresar: me olvidas.

Los días en que tú y yo enlazamos nuestros cuerpos, ahora pertenecen a la arqueología que estudia las ruinas de lo que fuimos. 

Hoy ya somos otros. 
Separados. 
En lugares distintos, sin embargo, besamos la misma tierra.

Sudores, humedades, fluidos corporales de sabores frescos y agraciados, los extraño. Extraño tus grandes ojos viéndome... 

La manera en que los cerrabas (...) imaginando que dejabas de ser tú, y te dejabas revolcar en los fangos de mi perfidia.

Siempre te quise, sólo que hoy (...) 

                                                                      ... ya somos otros...

Sunday, February 05, 2012

FENIX: el Verbo

Hace un par de días decidí regresar al espacio de los blogs. Una difícil decision, pues me había concentrado en algunas crisis personales que de pronto me dejaron varado frente a un gran páramo. En fin. Hoy regreso con un texto reciente, incluido en mi tesis de grado como parte de mi producción creativa.

El texto se llama El Verbo. Y dice...

Durante los primeros segundos no era capaz de clarificar el acontecimiento. Mi cuerpo temblaba en la delicada fragilidad de lo prohibido, rozando tímida, pero insistentemente, el origen mismo de lo que algunos llaman pecado.

Pero en esos instantes, no existía en mi la idea, ni el concepto de culpabilidad. Lo que estábamos haciendo era producto de un impulso, de una voluntad ajena a cualquier principio ético. Nuestro proceder era la revelación más fina de la transgresión, una nueva configuración de la carne en servicio de un espíritu callado, silente en su más tremenda lascivia.

Se ha dicho que al principio del universo, la nada sufría el proceso de convertirse en "algo”. Nacer duele… El nacimiento es sin duda alguna, la primera demostración de que la iluminación de la vida hiere, en su terquedad por congregar, reunir, juntar, huir de lo informe y la desesperante fragmentación.

En el principio, la oscuridad precedía al caos, no existía ninguna noción de orden, pues este vino hasta que el hombre y sus invenciones divinas se depositaron en la consciencia humana para delimitar sus acciones, ponerles un cerco donde ya enjauladas, los más bajos instintos, las más viles pasiones naturales de la Bestia quedaría de una vez por todas, confinadas al destierro y a la fría condena de la razón.

Yo miraba su pequeño cuerpo femenino cubierto de blancura, su piel húmeda y nerviosa dispuesta al antojo de mis manos. No dejaba de tocarla nunca. Esa sensación fue seguramente la que en su juventud experimentara el Demonio, cuando sus pasos le guiaron al templo sagrado de su Padre Celestial y ya dentro, intentó tocar apenas su sagrada estructura. Seguramente, el Demonio miraba a su Creador con la mirada perdida en la locura de la amenaza al Padre, así el Demonio amagó con tocar lo puro, hacerlo negro. Pero el Demonio nunca llegó a tocar los muros en los que moraba su Creador. Lo intentó. Su forma en apariencia malvada no pudo traspasar las líneas de lo permisible, su misma identidad, su forma concreta de maldad no superó el reto.

En cambio, mis manos si tocaban, apretaban, magullaban la carne de la pequeña ninfa, esa criatura que era el mismísimo templo sagrado de la inocencia y la pulcritud. Soy Hombre, soy un monstruo capaz de cruzar las fronteras, de inventarlas a su libre antojo, pues mi identidad es el reflejo de aquello que no llega ni siquiera a ser noción. En ese aspecto, superé al Demonio...

El tiempo siguió su imparable curso, de la misma forma en que mi pene se hinchaba, venoso, moreno; definiendo la trayectoria que tendría el chorro de semen naciente en la perfidia; corrupción incestuosa pero dulce, experiencia cercana a la primera idea del mundo, a la angustia de la nada y el dolor de su parto.

Así nació el culto recíproco por nuestros excesos…

Mi ninfa, hija única de mi único matrimonio, se resistía a depositar sus labios sobre mis pezones, los besaba y los lamía mirando esporádicamente mi rostro, como para constatar, de que yo era el mismo hombre que la había creado. Su piel exhalaba excitación, le urgía degustar el sabor de mi piel, la dulzura pegajosa de mi semen brotando explosivo, a sabiendas de que nuestro éxtasis se alimentaba como vampiro de una doliente interdicción.

Y así, conjuré al Demonio, mientras yo cerraba mis ojos, aunque esporádicamente me volvía para verla, para contemplarla succionando mi pecho, al tiempo que con sus finas manos apretaba la base de mi miembro, rígido, colorado, decidido. Los dos, unidos por las piernas, anudadas las suyas sobre las mías. Esporádicamente, a ratos, sentía como ella deslizaba sus dedos hacia mi ano, sumía allí sus dedos, los llevaba a ratos a su boca para ensalivar el signo de la rotura; ya no estábamos separados, sin embargo escindidos.

Hay veces que no experimentamos el tiempo, éste transcurre, fluye, sucede. Quizá sea esta, la aproximación nítida de nuestro "no estar", de nuestra "abstracción", de nuestra "ausencia".

Para asirme a la realidad, con mi mano izquierda apretaba su cuerpo, le tocaba también el ano, su empapada vulva. De su vagina escurrían hilos de líquido con sabor a mar, que olían a su sudor adolescente, nuevo en la experiencia del vivir, pero ávido por corromper su propio cuerpo, de salirse de su santidad para volverse pensamiento, idea impura; maleficio y prefacio a la narración del mal.

Para cuando no resistí más la emoción de lo prohibido, en mi mente se clavaban los ojos de el Demonio que reía, que veía a su Creador señalándonos, pues éramos la demostración a su más simple hipótesis: el hombre es imagen y semejanza de esa cuestión que se resiste al desorden, que lucha constantemente por mantenerse reunido, íntegro, Uno.

El Creador lloraba, mi pene convulsionaba y se preparaba para la expulsión de galaxias, nebulosas que iluminan la infinita oscuridad del universo.

Mi ninfa gemía tenuemente, fijó su mirada en mi brilloso glande, respiró profundo y procedió a devorar mi semen, a recibirlo en su lengua, jugueteando con el entre sus labios; lo sorbía, lo lamía mientras su joven piel ardía en llamaradas solares, era una Supernova, constelación naciente que se erige a partir de la destrucción.

Así transcurrieron los primeros instantes, los primeros segundos, el estallido de la creación, el ordenamiento del mundo: todo se hizo verbo.