Wednesday, September 12, 2012

DES(hacer) el A (mor)


PRIMER CÍRCULO: SECUENCIAS

(…) y a pesar que ya no estás aquí…  
                                                          siempre te siento, aquí, al
re
de
         dor (...)


Los sonidos suben y bajan sin presentar el más mínimo signo de cansancio.

Son los minutos, pequeñas criaturas que se incrustan en la piel de mi memoria, que la habitan para controlar cada uno de sus movimientos, de sus vanos intentos por quedar por siempre embrujada por un crio-sueño, en el silencio negro del cosmos, , , , , ,
  
(…) mi cosmos, nuestro cosmos: tardes de lluvia que nos enajenaban, que nos envolvían en su luz otoñal mientras succionábamos nuestro ser a través de nuestros sexos.

SEGUNDO CÍRCULO: SÓLO SOBREVIVO YO

(…) mis labios necesitan besarte, re-«correrte» completa, triturarte suavemente… chuparte como un dulce

en mis sueños me acaricias con olor a naranjos, con humedad de bosque (…) me tocas el sexo como si se tratara de un tesoro desmoronándose, 


                                        escultura de arena que confronta la furia de un huracán: tu

mi lengua no alcanza a lamer mis propios pezones(…) pienso en engranes, en máquinas viejas que huelen al aceite rancio de tu olvido: me oxido.

TERCER CIR(CULO): TARDE DE SEPTIEMBRE

Beso mis hombros con la delicadeza de una araña, tejiendo la trampa mortal que atrapará el vuelo errante de tus caricias. No puedo sustituir tu tacto, a pesar de que aún conservo tus dedos, guardados en una cajita (moscos, moscas) ... debo corregir, volver a borrar... y re-ES-crib(IR).

Beso mis hombros, mientras tu boca recorre mis nalgas, mi espalda, me lames el alma. Soy bestia que agonizante se combate contra sí misma, así, pesada, aletargada: ¡pendeja de tanto amar!

Beso tu boca fantasma, ruina marina de una antigua ciudad de dioses. Sabe salada, sabe a tu sexo, brilloso, lubricado, cómodo… doliente.

Soy (tú) en mi (yo) desde dentro, rebanada en rodajas de suplicios dulces, regada por doquier, ya sea en mi espalda o en mi pecho, ya sea en mis piernas o en mi sexo (…) mis dedos teclean el aire, le hacen cosquillas en la última a-venida- de su colon. Soy (tú) parásito que reside, que se retuerce (yo) en el fango denso de nuestros orgasmos: uno tras otro, el otro, tras el uno.


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