Monday, May 27, 2013

De anoche...


No puedo dejar de acariciarte a través de mi cuerpo. 

Mi piel, mi carne es el vehículo por el cual llego a tí cada vez que (me) quiero, para adorarte, desearte, amarte.No dejo de retorcerme entre las sábanas, no dejo de acercar mis dedos a mi sexo, dando por hecho que el mío es el Tu-Yo, esa herida original que derrumba a los hombres, que los deshace y que también les fabrica. 

Siento que mis manos son las tuyas, que me tocas cada secreto, que me cantas con tu tacto. No dejo de desear el sabor de tu entrepierna, y conmemoro esa fantasía mordiendo mis labios, despeinando mis cabellos, murmurando que eres el motivo de mis insomnios. 

No puedo evitar suspenderme en el vacío, flotar... 

Adquiero alas y las plumas son tus suspiros: femeninos, desgarradores e inclementes por su inocencia. No paro de imaginar que mis pezones son los tuyos, que son la conquista rosada o morena de hermosos valles de piel, de torsos: 

a veces soy tu espalda, 
el escalofrío en tu cuello, 
el torrente que te inunda. 

Pero al término del orgasmo regreso a mi, triste de darme cuenta que sólo soy un hombre, sin la más mínima posibilidad de ser tú, mujer grande, madre de mis delirios. 



Sólo soy hombre...