
Esta mañana ha comenzado extraña, como si fuera producto de una visión fabricada por el deseo a sentir, que todo lo que vives es una simulación, un vistazo a penas dibujado de nuestra realidad.
La verdad, esta experiencia me sucede a menudo, sobre todo cuando tengo ansiedad, cuando estoy preocupado por cosas que son, que pueden ser, que podrían ser y que no serán. Tal vez un dilema bastante ocioso, pero lo importante es que me resulta invasivo, me distrae de vivir, me deshace y me transforma, me vuelve mierda, otras veces solo fragancias.
Llegó a mis manos, un CD de Antimatter y desde que lo adquirí lo he escuchado varias veces, tratando de hallarme en sus atmósferas sonoras, tratando de encontrar consuelo a esta desventura de la hiper-sensibilidad, las desventura de recibir toda experiencia como de forma exagerada, de manera ampliada: me destroza, me conforma.
Las canciones de este álbum hablan de condiciones existenciales melancólicas, grisáceas, de polvo angelical disperso sobre nubes bermellón; pero al mismo tiempo, me remiten a ambientes tibios y enrarecidos por la nostalgia de sentirte deseado y quedarte aquí, petrificado, lamentándote por la ausencia del ser que te enciende, del ser que te plasma contra una idea vaga, difusa de amor, que viaja a velocidades impresionantes a través de los cables, de los circuitos, de las pantallas.
“Alguien me piensa y yo aquí estancado, anclado a mi cuerpo inútil, que no puede trasladarse a velocidades de inverosímil rapidez!”
Necesito drogarme con el perfume de la musa que me consume, aquella constelación que es dueña de una fracción de mi ser, que me posee completo en un frasco de materia frágil, que se rompe al primer movimiento brusco de mi mirada triste, que espera impaciente, petrificada en una sala de espera verdosa, como si estuviera embotellada en una lágrima de cristal antigua, pegajosa.
No pude evitar llorar por la noche, contemplándote huidiza en mi memoria. “Memoria”, es una palabra que comienzo a odiar, que parece que es una enfermedad extraña, una infección fatal del corazón y que la contagia el cerebro, a todas las extensiones de tu cuerpo.
Antimatter es el sonido perfecto para extrañarte, para sentirte…
Es el soundtrack de mi tacto temblando, de mis labios entreabiertos besándote, de mi piel cubriéndote.
Durante las primeras horas de la madrugada mis lágrimas caían, y desaparecían en la crueldad regocijante de mi almohada -golosa insaciable de placeres y de torturas-, al tiempo que la guitarra y la voz retumbaba en mis tímpanos, chocando hasta destrozar toda noción de conciencia, hasta dormirme en ese berrinche torcido de la sed incontrolable por mi droga hecha mujer, de mi vicio que es la imaginación de recorrerte completa, jadeante, desde tus labios hasta tus pies.
Luego, un sueño de árboles destrozados, de valles sepias y enajenados de infamia. Como si ese bosque hubiera sido el escenario de una batalla sangrienta entre tu ausencia y mi saliva tibia, que quiere ahogarte en su ternura.
Luego desperté, justo cuando las sombras de mi ventana dibujaban sus siluetas mas siniestras. Me quedé observándolas, sin más temor que aquel que me dice cosas en las noches, con risas de niños descarnados, que corren por los pasillos, que se corretean sobre mi techo, gateando de cabeza sobre mi alcoba, mostrándome sus dientes y gritando: -¡la has perdido!-
Después de ese terrible sobresalto vinieron tus brazos, me raspaban el ansia, quitándome de encima esa terrible estática, de chispas negras que me comen la piel, que aniquilan mi sexo.
Descargas destructivas de una energía indeseable; las arrancaste con las uñas.
Luego, en busca de suavidad me recargué sobre tu cadera, que era la base arrulladora de mi cansancio existencial, de mi hastío de encontrarme en una latitud, lejos de tus ojos, de tu pelo cayendo como cascada de seda sobre mi pecho, consolando a mis pezones firmes y pequeños, listos para tu beso.
Más tarde, ya con el sol sobre los muros de mi prisión de carne, tomé los lápices y las plumas. Con mi mano quejumbrosa, dibujaba al tiempo que los huesos se me fracturaban en piezas pequeñas, de punzadas agudas, dolientes por la ilusión de tenerte. Necio con los colores, -como siempre- traté de regresar a mi mesa a seguir tratando de fabricar imágenes que le hablen al mundo, que se hagan escuchar con sus formas y sus colores de atrevimiento melancólico.
Hoy extraño que mi teléfono suene, lo veo entristecido, que esté seco de tu voz.
La pantalla en mi computadora se traga mi silueta por completo, como si estuviera yo hecho de bytes, de numeraciones binarias, verdes y blancas penetradas por ideas de perdición, de lujuria cariñosa, de ternura perversa, de rostros en ventanas que asoman al precipicio de la duda, de esos muros enormes y altos que se erigen sobre desgracias pasadas, y que miran hacia arriba, buscando las estrellas, de nuevo las estrellas.
PD: la antimateria te espera aquí… y te regalo mis oídos para que la disfrutes.
PATOS -recordándo el amor, humanidad-
Compramos una pareja de patitos y me emociona tremendamente como están siempre juntos: donde va uno, va el otro. Duermen pegaditos, refugiando su cabecita entre sus tiernas alas. Limpiándose mutuamente, refugiándose uno con el otro: en su soledad, se tienen uno al otro.
Cada vez que mi cordura necesita alivio, dejo mis pinceles, dejo mis libros, mi vida y voy a mirarlos y sentirme conmovido por esa fragilidad vital, por su pequeñez.
Antimateria: la antimateria es la contraparte de la materia. Su existencia confirma la teoría científica de la simetría universal que dice que cada elemento del universo tiene su contraparte. La antimateria está compuesta de antipartículas, opuestas de las partículas que constituyen la materia normal.