Wednesday, May 06, 2009

ONTOLOGÍA DE LAS ENTRAÑAS: signos-


Nada mas denso que la lenta flema que me recorre abstraída y pegajosa por el túnel rojizo de la faringe. La herida del cuello se abre despacio mientras la cabeza cae... reclinada, cansada hacia atrás para tenderse en el imaginario del espanto.

Yo solo puedo contemplar la obra de esa sublime maldad vestida de rosas, de flores blancas que se adhieren a mi piel como sanguijuelas, sedientas no de sangre, sino de la mucosidad tibia de mis infectos pulmones: látex relleno de cristalino semen.

Agujeros en los párpados, ámpulas traslúcidas que permiten ver el tránsito agitado de las larvas, criaturas pequeñas y mínimas en el espacio, pero enormes en el asco; proporción distorsionada de mi realidad como ser, como el que soy.

Dices que mi aliento no soporta más su propio hedor, que se pierde en la pestilencia de nuestros besos, de los remolinos que trazan trayectorias de infinitas perfidias: soy el reflejo protervo.

No basta con meter los dedos en los agujeros que tiene en la piel, en todo el cuerpo. Cada uno vacío, dilatado… ¡cientos de ellos! Pequeñitos, absorbentes, poros de insatisfacción y vómito fingido.

Ese es el diagnóstico de nuestro amor que se lacera y se cubre de ese gris verdoso, como el del cadáver de anoche, nuestro festín de sexo en la necrología de nuestros adentros. Humanos todos, sedientos, sangrantes, que gritan, se tuercen y se incuban ¡dentro de sus propios mocos!

El niño sonrrie, no, espera... su rostro esta dividido a destajo!!