Desde la penumbra de mis insomnios te he visto, Madre de mis
miedos, terminar con lo que alguna vez fueron mis sueños, idilios que desde mi piel se
materializaban en sudor, fluidos y excreciones.
Es por ello que estoy decidido a ejercitar mi placer a modo
de complacencias, de gozos eternos que desde su particular femenino, estén
orgullosas de conocerme como "aquel" que de noche se asoma al pie de la alcoba,
con el aliento tibio y con el sexo dulce, enternecido por toda esa historia que
es mi vida: palpitante, trémula y llena de incandescencias, el amor infinito por
todo lo que es mujer.
Mi motivo en la vida es procurar placer y así sentirlo,
viendo como mi amante se tuerce en el éxtasis de sus propios adentros:
intestinos amorosos que aprietan y se exprimen en deliciosos jugos.
Te he visto rondar, Madre de mis miedos, por los pasillos de
mi moral, por los grandes salones de mi lujuria.
¿Qué buscas ahí?
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Hoy he decidido regresar a este blog y devolverle la vida.