
Esta fantasía de adorarte, me ha cultivado plantas mudas dentro, que echan raíces que penetran sin permiso, que se confunden en la maraña de mis tendones, en mis ligamentos, en mi sangre: ¡solo soy carne!
Y es por ello que corro con la misma suerte que el cadáver a la orilla del camino; o la misma tortura del objeto que siendo nuevo fue maravilla y que ahora, es olvido.
La odisea que es tu amor, es el secreto que se guarda hasta que lo encuentra el estudioso anciano, en algún punto arqueológico en el que se descubren derrumbes y ruinas de una incivilizada desgracia; penas ajenas que se convirtieron en leyendas, que son contadas, ilustradas con colores chillantes.
Nuestro amor es el terreno fértil donde se cosechan las semillas sedientas de lágrimas, que serán frutos que desde su primer respiro perecerán atados, decapitados y quemados en el caldero del abatimiento.
Eres el ángel de fuego que se esculpe sola, con la erosión de mis encantos, con la fuerza del viento que emana de mi boca y las lentas, pesadas avalanchas de lenguas heladas, algunas rotas, otras destrozadas.
La epopeya de nuestra pasión,
La fábula de nuestra atracción,
La crónica de nuestros besos…
El irónico y cruel chiste de nuestro desencuentro.

