Friday, March 28, 2008

TRAYECTORIA DE LO INAUDITO


Toda esa aventura de quererte, me ha revuelto entero, por dentro, por fuera… colisiono conmigo mismo, con el grito nocturno del relámpago que al alumbrar la tormenta, muere al instante fulminado en su máxima belleza.

Esta fantasía de adorarte, me ha cultivado plantas mudas dentro, que echan raíces que penetran sin permiso, que se confunden en la maraña de mis tendones, en mis ligamentos, en mi sangre: ¡solo soy carne!

Y es por ello que corro con la misma suerte que el cadáver a la orilla del camino; o la misma tortura del objeto que siendo nuevo fue maravilla y que ahora, es olvido.

La odisea que es tu amor, es el secreto que se guarda hasta que lo encuentra el estudioso anciano, en algún punto arqueológico en el que se descubren derrumbes y ruinas de una incivilizada desgracia; penas ajenas que se convirtieron en leyendas, que son contadas, ilustradas con colores chillantes.

Nuestro amor es el terreno fértil donde se cosechan las semillas sedientas de lágrimas, que serán frutos que desde su primer respiro perecerán atados, decapitados y quemados en el caldero del abatimiento.

Eres el ángel de fuego que se esculpe sola, con la erosión de mis encantos, con la fuerza del viento que emana de mi boca y las lentas, pesadas avalanchas de lenguas heladas, algunas rotas, otras destrozadas.

La epopeya de nuestra pasión,

La fábula de nuestra atracción,

La crónica de nuestros besos…

El irónico y cruel chiste de nuestro desencuentro.

Wednesday, March 26, 2008

MENTIRAS Y OTRAS FANTASÍAS DE LA VERDAD

PRIMERA REFLEXIÓN DESPUÉS DE ESTAR EN EL INFIERNO

Mentir con la materia del humo, sentirse rodeado por episodios perpetuos de desidia, de yermos inmensos que cubren todo lo que el ojo, -curiosa mirilla de la víscera-, es capaz de ver.

Escapa de nuestro sostén hacia una gruta, toda esa masa de pensamientos impuros, pegajosos, que se adhieren a la piel como sanguijuelas regordetas, como dedos hinchados de congelamiento. Frío dentro de mi.

Soy la maceta que al final del pasillo, se descubre ante la curiosidad desnuda. Esa planta que crece en mi entraña no es menos que un pujido de dolor, una extraña manera de mostrarse ante la inmovilidad de la vida que me aqueja.

Los pasos de gatos que con delicadeza recorren mi espina, fracturando mi esqueleto de gelatina, justo en el momento en que mis labios saben a ese aroma que sale de tu huir constante.

Te resbalas de mi cerebro, como si estuvieras cubierta de aceite que sabe a madera de nostalgia. 

                                               Sigilosamente, 

sin un solo crujido.

Mentiría si te dijera, que cuando mis párpados me entierran en el mausoleo del sueño, no estas ahí. Mentiría si te dijera, que cuando brota de mi piel el manantial de la fiebre, no estas ahí.

Todo lo que se posa en mi historia es como el insecto que no sabe nada de quedarse quieto. Mis vivencias contigo es polen que fecunda a la solitud y le preña con hijos que antes de nacer la devoran.

Fantasías de la verdad, de esa realidad que como pesada cortina cubre toda iluminación externa... 

que ve hacia afuera,

  lejos de aquí, 

¡a cualquier parte!

LA INTERMINABLE SED DE TI



Ayer por la tarde estuve contemplando tus ojos de cerca, la fina piel que cubre tu rostro y que se abrocha a tu cabeza con esos labios delgados y rosados, de los que salen palabras moldeadas con tu voz firme y sorprendida.

Mi mirada se enredó en tus finos cabellos, rizados y de cobre, deslizándose sobre cada uno de ellos, resbalando hasta llegar a la caída reposada de sus raíces sobre tus hombros.

Justo hace unas horas eso ocurrió y aún no doy crédito a lo vivido, pues una burbuja de éxtasis no me dejó percatarme del tiempo, de su oblicuidad y de su paso lento o rápido, según las leyes de relatividad, física imposible para cuando se contempla de cerca el poema de una femenina creación: tu sola presencia.

Vivir apartado de ti me colmó de sed. De esa sequedad en la garganta de mi existir, que me apretaba a diario contra los fríos muros de una abandono callado y dócil de su desgracia. Pero por fin llegaste ami lado y me diste de beber por mis ojos y mis oídos casi muertos.

Sabes que eres ese suspiro que cae leve como el rocío y la niebla sobre mi, desparramada y etérea. Sabes que eres para mi la pluma que roza mi espalda desnuda en los confines del espacio, de este fragmento de vacío que vivo y que a cuestas cargo, como un paquete de espinas y de tormentos que se lamen con la lengua, que se mastican suavemente con cada parpadeo que se los devora.

De mi memoria, surgió una imagen que traduje a líneas y tonos de gris. Una mirada perdida y tranquila en la metáfora de una hoja de papel que propone una realidad nueva, una representación que logró ser independiente de la prisión de su plana superficie. Te dibujé con los mismos padecimientos que experimenta el descubrimiento de un milagro, de un mito por fin revelado ante los ojos que expanden su pupila ante lo inaudito.

Con cada trazo que incidía sobre la indecencia del papel en blanco, una parte de mi, pequeña y diminuta como los puntos que conforman el cielo nocturno; se depositaba en forma de presagio, de anhelo y de calma tensa que espera, como la marea nocturna en el mar, en ese vasto mundo acuático de recuerdos torcidos por la distancia de los días.

Logré después de unos minutos, concebir el rostro tuyo en una pieza única de materialización de idilios. Trazos que de repente eran como rasguños sobre las sábanas mojadas, sobre la carne trémula del amante que te posee por sorpresa, el escalofrío que se siente en la caída libre, cuando te caes de la cama pensando que te precipitas hacia la nada.

Soy de madera, soy de aluminio, de plata que refleja en sus deformaciones lumínicas, toda forma concreta de ti, que te procesa en la remota jungla de venas y arterias que se aglomeran gritando en mi corazón.

Eres mi adoración.


Sunday, March 23, 2008

DESAPARICION

Nada ha sido fácil. Todo se nubla y se descompone. Grito en silencio como los hongos que crecen en mi jardín, en ese pequeño espacio de naturaleza en el que me recuesto a pensar, a anhelar el día en que me vuelva tierra, moho, humedad, caracoles, gusanos.

Miro a mis dedos escribir. Me encabronan porque estén tiesos, fríos, sedientos de algo que tocar ¿o será que deseo ser tocado, deseado?

De nada sirve la poesía, ni las prosas encendidas, ni apasionadas.

Estoy aterrorizado.

Oculto en las sombras de un taller sin luz, que huele a pintura fresca, pero que también huele a mi desencanto.

Petrificado, por la simple idea de perderme en mi mismo, de no volverme a encontrar jamás.
¿Habrá terminado mi erotismo?

No, ese no tiene fin. Pero al mismo tiempo es como un hoyo negro, que devora cada partícula del cosmos, a rumbos desconocidos, mitológicos.

Creo que ya nada tengo decir al respecto.

Necesito que me hagan el amor, que me desbaraten, que me hagan volar alto, que me miren bonito, que me toquen con dulzura, que me aprieten, que me prueben como a una fruta nueva, que me utilicen, que me besen, que me muerdan…

Estoy harto de ahogarme en mi propia saliva!!