Saturday, September 01, 2007

ARDIENDO -algunas divagaciones bajo la lluvia-


Los días pasan y solo habita mi mente la idea de tenerte, de hacer que tu piel arda con la mía, de ser uno y no dos.

Pienso en tu cabello, en tus ojos y la forma en que éstos me miran, sonriendo a la vez que me gritan palabras obscenas, propias de los amantes que en su silencio, se hunden día a día en la más deliciosa lascivia.

Mis piernas no responden, mi pulso es torpe, mi corazón palpita por las noches corriendo, acelerado, como para hacer que el tiempo y su interminable marcha avance más a prisa, para vernos de nuevo, para encontrarnos en aquel cuarto donde entregamos nuestro cuerpo al rito del dolor, del placer, del martirio, de las lágrimas que brotan de los ojos cuando estallamos en una colisión orgásmica.

Mi mirada esta idiota, no ve a ninguna parte, se pierde en las cuatro paredes de mi habitación, buscando tu piel; deseando que que se desenvuelva y me caiga del techo, para lamerla, para comerla y devorarle: hacerte mía.

Ayer mordiste mi carne, arañaste mi espalda y me ataste de pies y manos para quedarme indefenso ante ti, ante tu belleza virginal, ante tu maldad disfrazada de inocencia. Luego me azotaste, me heriste y me trataste como a un animal insignificante; pero después fue mi turno, y jale de tus cabellos al momento que entraba en tu cuerpo por todo orificio que se dejara llenar de mi, de mi presencia, de mi aroma.

Al término de nuestro rito de pasión sin control, nos marchamos cada uno a casa, a seguir con la casi permanente actuación de nuestra rutina diaria.

Un beso nos calcinó los labios, marcándolos con el dolor de una despedida temporal, hasta la siguiente semana, en que te encontraré de nuevo para hacer que tus dientes rechinen de placer infinito.

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Puedo pasar horas recorriendo tu cuerpo con las uñas afiladas, pero sin causarte las más leve herida.

Puedo encajar mis colmillos en tu piel, sin siquiera lastimarla con su silencioso filo.

Puedo hacer que llores cuando te vienes, puedo hacer que te pasmes en un grito ahogado en tu orgasmo; ¡que casi mueras!

Puedo apretar tu garganta fuertemente, sin que dejes de respirar, arrancarte la ropa tirando con fuerza y penetrarte sin que lo notes, marcando tu alma para siempre con mi nombre.

Todo eso me es posible, pues estoy como muerto, soy una aparición nocturna que alucinas cuando ardes, cuando sientes que solo una herida fatal, puede compararse con la intensidad de mis caricias, de mi mirada fija en tu sexo, de mis labios adheridos a los tuyos ...de mi saliva abriéndose paso entre tus muslos!

UPDATE: todo esto es una fantasía, como muchas otras que viven en mi cabeza, pero esta ha sido intensa, porque trata de amores imposibles, de ritos amororsos nunca consumados.