Friday, April 10, 2009

GUSANOS


Estoy envuelto por el colon del tedio, estático, paralítico… desgarrado. Miro dentro y soy ese que se arrastra y se contorsiona con sonidos pervertidos, gemidos que erizan la piel, que devuelven a mi falo rigidez y encanto. Soy presa de mi propia miseria transformada en la negrura de mi colapso, paseando en las viseras de mi armonía desangrada ante la luna: ojo que impávido contempla mi homicidio.

De pequeño me encerraban en lo mas recóndito de las calderas, me dejaban arder con el fuego de mi infierno y como monstruo me arañaba el alma inconsolable. Me pierdo. Me miro lejano dentro de mi propio espacio, engullido en la suave humedad de este colon que se contractura y me aprieta, hasta que de mí solo resta pus y sangre, lágrimas de piel que se absorben en la grandiosa melancolía.

Babeo, eyaculo en la escisión de la carne. Agujeros que se dilatan y me invitan a visitarlos dentro, a llenarlos con mis restos. Son anos de rapiña, que devoran con dientes finos moliendo toda noción de mi humana posibilidad, de transgredir el límite del paraíso y fusionarlo amorosamente con el averno.

Mi propio culo se exprime y de sus jugos nacen amantes líquidos que juegan con tu lengua, reproducida miles de veces en las paredes intestinales de nuestro encuentro. Somos uno que se divide y multiplica; diablos que juegan a ser ángeles derrotados en las sábanas, atados a dildos que perforan el núcleo mismo de la tierra y la invierten: lo que estuvo dentro, ahora esta afuera.

Recorrido interno con piel de semen y sustancias lubricantes que brillan reflejando tus ojos. Así me paseo por tu infamia, por tu arrogancia; así mi fusiono tiernamente con tu crimen y tu castigo. Eres la hermana y la madre de mis lujurias, de mis necesidades insatisfechas, ¡de esas ansias que nunca se alejan!

Madera oxidada con las salivas y los espasmos, sábanas sedientas de tu líquidos desparramados, de mi escroto flácido, suspendido en la atmósfera como ídolo pagano, como monumento al ahogamiento, recuerdo imborrable del colon que me come y que me traga.

Mi esfínter chupa delicadamente cada dedo tuyo, con la misma delicadeza que usa la trucha cuando succiona tus pulgares y masajea tus pies con su resbalosa corporeidad. Estamos existiendo repulsivos en el epicentro de nuestros engaños, de las traiciones. Cogiéndonos con el encanto de un paisaje encerrado, cumpliendo la cadena perpetua de mi encierro, en el colon del tedio.