Sunday, April 06, 2008

DESBARATAR EL SONIDO Y CONVERTIRLO EN PRESENTE, FRAGMENTADO

Respuesta a una carta “desordenada”, pero que me ordena, que llegó a mi correo

I. EL POLVO, GESTANDOSE


Una
mañana de primavera recibo una carta de alguien que está en otra latitud de esta tierra, -desfortuna, insensatez del destino- que vibra con la misma intensidad de las hojas frágiles del olmo, al viento, a la sacudida de verse plantado aquí, profundo en los parajes solitarios del cotidiano existir.

De pronto, descubro que lo que he llegado a pensar, a sentir, lo ha sentido alguien más, de distinto sexo, de diferentes labios, dueña de otro cuerpo: mujer, gemela cósmica, Castor y Pólux seccionados en el timbre agudo de la distancia.

A pesar de la temperatura ardiente, en mi mirar se contempla la caída de una escarcha fina, como cuando nieva. Aún no sé si es un símbolo o un significado; código o códice, jeroglífico de un dialecto corporal casi perdido en el temblor de los falanges que tocan, que acarician.

Ayer tuve un día gris en medio de un escenario de glorioso azul, de tonos brillantes y de gamas felices en colores alucinados; caleidoscopio, espejos múltiples que hacían de mi imagen, la triste figura de alguien que desea y en silencio combustiona a cientos de miles de besos centígrados.

Durante la noche no me encontraba entre las telas blancas de mi cama. Mis ojos hundidos en el abismo de mis pupilas, que se tragan al silencio y la quietud, al instante que desgarran y devoran sin mostrar signos de saciedad. Mis manos como muertas, caídas sobre el colchón, con la palma arriba, buscando en el techo salvación, iluminación sagrada de la noche que se siente como cera diluída, que jamás se congela.

Hoy despierto y leo tus letras; leo esos símbolos depositados sobre la virtualidad de un e-mail con la misma maestría de aquel que vive su agonía atrapado en un cuerpo que no se cansa de sentir, pero que esta en huelga de hambre permanente, involuntariamente.

Parpadeo y miro por la ventana a las rosas, los claveles que brotan tímidos, los duraznos que en su etapa embrionaria ya asoman el terciopelo que promete dulzura; pero mis ojos miran a través de la escarcha, del polvo que se gesta, del tiempo que es devorado por calendarios y que ¡nunca se acaba!

II. CAOS

Busco un sinónimo perfecto para una palabra sencilla pero compleja en sus territorios conceptuales. Por más que hojeo los diccionarios, por más que veo en sus páginas el resultado de varias opciones para la palabra que busco sustituir por otra; me doy por vencido, y suelto los pesados libros que caen muertos, víctimas de mi desencanto lingüístico.

La “belleza” no tiene un sinónimo que se acerque a lo que he sentido, cuando conjuras al caos, cuando hablas de esa edad tuya, enmarcada en el límite, en la frontera del mundo libre y de otro menos libre.

Eros y Tanatos en un mismo sitio, pero mudos por no encontrar el vocablo exacto que te defina como dadora de un gusto enorme. Ecuación que nos lleva en sus números y letras, a sensaciones exponenciadas, a cantidades exorbitantes, incalculables.

Ahora soy parte del recuerdo de alguien más, que se desdibuja en la lejanía y en los binarios matemáticos de un ordenador.

Caos, definido como algo hermoso, que en su magnánima destrucción de lo etéreo y lo corpóreo, construye con su aliento la belleza de tus iconos, de tus signos. Los he encontrado como aquel explorador de otro mundo, que por fin descubre que en este planeta desértico y abrumado, existe alguien que deja testimonio, que deja la huella de las leyendas.

III. DOLOR, SEXO, PASIÓN, TABÚES

La única explicación posible a mis inquietudes, es que a diario me visto con el pensamiento y la reflexión que me origina el deseo y el antojo por sentirme “de alguien”.

Para mí no existen los tabúes. Todo es una maraña de palabras y conceptos enredados por la ética y confundidos por la moral, que se refleja y se hace doble. Gemelos siniestros, Doppelgangers, lo “otro”.

¿Dolor? Es algo que por defecto le pertenece a la pasión, es como un siamés, como el tumor maligno que brota por dentro para desfigurar tu rostro espiritual, lo somete a la tortura de lo monstruoso y lo abyecto. Pero aún así, es ese dolor que se acepta con los brazos abiertos, pues en el se cultivan las interminables moléculas de romances que nos agitan, que nos hacen sentir, nos vuelven sensibles.

Luego viene el sexo. Esa droga que me inyecto a diario, varias veces al día y que no se nota, por más que la consumas. Sexo es una llave que abre las puertas a una dimensión donde las leyes naturales pierden validez, que es un nuevo universo en el cual me gusta orbitar, como astronauta perdido engullido en la quietud poética del espacio.

Sexo son mis pupilas, mi saliva, mi sudor, mi sangre, mi desenfreno, mi constante, mi matemática, mi lógica cartesiana, mi aproximación a la locura, mi pelo de carbón, mis labios entreabiertos de fuego, el bronce de mis mordidas, la yaga azulada que hace mi mirada perdida, el sabor de mi semen, cuando como, cuando leo, cuando escribo, cuando lloro; es el aliento perdido, el sonido de mis pulmones, el crujir de mi corazón, el canto de mis torturas.

Sexo es la cosmogonía en la que habito y no solo es sexo en su sentido más coloquial; es sexo, en el sentido esencial de lo que se niega a estar en vida, muerto.

IV. I WILL SURROUND YOU

Eres pequeña, pero grande. Como un sabio dentro de un cuerpo que lucha por transformarse, por desbordarse en la fría plancha de la vida.

Tu mirada en el fino grano fotográfico, que mira hacia mi, hacia otros, hacia ese “prójimo” que amas en la lejanía.

Los tirantes de tus vestidos: negros y que amenazan con caerse como doncellas que se desmayan, con la teatralidad deliciosa de su encanto.

“Buenas lunas”, como dices antes de dejarme con la respiración contenida, con el sobresalto de la sorpresa que me has dado al responder a mis comentarios.

Escritora de verdades, joven experta del mundo nuevo. Seguiré atento a tus travesías en esta esfera azul, que rota, que se traslada y que agoniza.

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