Saturday, July 19, 2008

PARES DE LUNARES


Como arrancarle la piel a un durazno o como tomar el libro antiguo y retirarle el polvo con la mano gentil, acariciarlo y olerlo muy de cerca; como cuando te lavas una herida, como cuando escuchas el trinar de los grillos, como cuando degustas una hojita de menta, como cuando acaricias tus pezones con una pluma suave o como cuando tus labios se mojan de champaña, que burbujea en tu lengua con brincos de deleite que solo tú, puedes sentir dentro; como cuando limpias la miel de tus dedos masajeándolos con tu boca, como cuando tratas de abrazar al amado que sufre una pérdida, como cuando consuelas al enfermo, como la quemadura que necesita de la delicada caricia para sanar su suplicio; como cuando ves por primera vez a un hijo, como cuando te despides del amado antes de su viaje por la eternidad o como cuando caminas y observas tus pasos bajo la llovizna, como cuando frotas tus pies cansados, como cuando despiertas cubierto por la luz que se filtra a través de las cortinas y recibe tu cuerpo a un día que comienza etéreo, acolchonado y cubierto de gasas de deleite, de gracia… eso es imaginarte cerca, conmigo, acompañándome en la soledad de estos días que me siento frágil, que me siento en necesidad de ti, de tu voz, de tu calor: en los que me siento ala de insecto.

Quisiera dejar de ser hombre y volverme objeto, convertirme en la pieza favorita de tu juego, de ese acto lúdico que cada noche juegas con tus dedos y tu vulva; danza de flores que unas contra otras se abrazan para abrir tu boca y soltar un grito de vida, de presencia en el mundo.

Desearía dejar de ser hombre y acercarme a tí sin esta piel, sin mis dientes, sin mis uñas y trasformarme en tu garganta, convertirme en tus pestañas, en tu seño fruncido, en un orgasmo que se siente como si te vaciaras toda en un océano de líquidos salinos, de consistencias transparentes que nos lubrican el alma.

Seré con tu cuerpo como el cazador que te observa y que de pronto se lanza invisible hasta tu cuello. Te dejarás caer en un desvanecimiento de besos, de lenguas que se pegarán a tu piel hasta hacerte sentir como entraña, como tejido sin venas, como párpados que se cierran apretando los dientes. Todo tu cuerpo expuesto por dentro, a merced de mis tocamientos.

Mi sexo no será el marfil con empuñadura de hierro, será un velo, se sentirá como el tránsito del caracol por las hojas y el rocío; como el andar de las catarinas sobre los brazos desnudos y extendidos, como la telaraña que se enreda entre los dedos sorprendidos. Mi sexo como puntos suspensivos: exclamación sagrada, canto honorable de adoración a tu belleza, solemnidad que me desborda en llanto y que me arroja ante ti, ¡poderosa mujer!

Y es que desde que te conozco no he parado de habitar dentro de la burbuja de tu sueño; no he parado de alucinar y de marearme en el delicioso naufragio de tu cuerpo. Todos los días me impacto contra tu memoria y me siento aturdido, hipnotizado por saber que no eres más que una idea, un pensamiento sublime nacido de entre toda la ternura, solitario y vago en el universo.

               Grano de sal disuelto en el paladar del tiempo...

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