
En el transcurso de la vida se presentan situaciones bellas y apacibles, que nos acercan a que probemos un poco de paraíso y nos bañemos con su océano de calma y quietud. Pero también se presentan tormentas, enormes y graves; crueles e inmisericordes.
Los seres que se quieren pueden sobrevivir a tales inconveniencias, pero muchos terminan tirados en esos campos minados, tramposos e impredecibles. Para los que se aman, el reto es aun más severo, pues es cuando se necesita echar mano de todo recurso moral, espiritual …humano.
La ansiedad y el tiempo son gemelos siniestros. Parece que traman estratégicamente el juego cruel de nuestro sufrimiento. Las horas se vuelven eternas e insoportables; los días son aun peores pues la espera es más grande, más áspera: nos lacera.
Uno recorre el camino terregoso de la incertidumbre de rodillas, hasta que éstas se descarnan y sangran, dejando a cada paso la huella imborrable de nuestro dolor, de nuestras ansias de tener al deseado. A veces uno se detiene a reflexionar sobre su suerte, pero nos damos cuenta que entre más pensamos, mas nos hundimos; como si se tratase de arenas movedizas que tragan a su presa más rápido, cuando ésta se resiste a aceptar su irremediable destino.
¿Como puede uno salir de los abismos que se nos presentan de pronto, en la tranquilidad de nuestra existencia? Es tenebroso el bosque, como aquel pasaje en el que Virgilio se adentraba hacia el infierno; pero por suerte, lo de Virgilio era una novela, una bella metáfora de los vicios, de los excesos y su posterior expiación para así alcanzar el perdón.
Pero nosotros nos adentramos a una maraña maligna, oscura y perversa y es ahora tiempo de narrar parte de ese laberinto, que nació monstruoso, aberrante.
No existe en nosotros la posibilidad de llegar al paraíso, y ver directo a los ojos de aquel ángel que nos espera impaciente para guiarnos a través de los campos floridos, a través de los lagos que reflejan aquellos cielos aborregados que tienen como horizonte, el infinito de una eternidad apacible y bella.
El deseo, de pronto quema nuestro interior, nos descarna de dentro hacia fuera para que no nos percatemos de su presencia, hasta que ya es demasiado tarde. Muchas ocasiones nos encontramos con la mitad siniestra de nuestro yo, y es cuando nos asustamos creyendo que estamos al borde de la locura, de un desquiciamiento atroz y caníbal, que puede devorarnos sin anestesia alguna en el alma.
A todo esto, a todo lo anterior solo queda una única cosa, la llama de la incertidumbre existencial que nos aqueja cada vez más, obligándonos a refugiarnos en nuestros adentros destripados, maltratados, atropellados por nuestros impulsos nonatos.
Así es, este fragmento de vida, un día, una semana, mi vida …la eternidad.
dedicado a ti, siempre a la espera, silenciosa y tierna, tímida... mía.
Texto introductorio de
ARDOR, diario íntimo de una pasión sin freno
por Mauricio Zárate, 2007
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hablando de corazones destrozados...
THE RULES OF ATTRACTION















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