
Tengo ganas de acariciarme los pies y dejar que mis dedos armónicamente se escurran con su tacto hasta mi entrepierna.
Con la delicadeza y cadencia de una araña, por mis muslos se deja caer una gota traslúcida de esa savia que precede al denso torrente, que inundará alguna protuberancia orgánica, que se batirá en duelo con una lengua ansiosa, o que tal vez se derrame sobre una copa para cerrar nuestro brindis.
Pongo mis pies en el piso para sentir que aún soy materia, que todavía la física es capaz de explicar los fenómenos de esta corporeidad que me embeleza.
Luego trato de recostarme y apoyo mis rodillas contra la cama, alzo mi cadera con la ilusión de que el techo me toque, que caiga sobre mi, tenue pero firme, directo al orificio entre mis nalgas que palpita y que respira, que exhala y que te llama.
Las gotas cristalinas siguen tejiendo su red, quieren atraparte y alimentarte con sus nutrientes de amor y de deseo. Manglares borrosos, praderas otoñales.
Pellizco mis pezones para amamantar mi lascivia, para que se haga más grande y peligrosa como uranio contenido. Me endulzo los labios con tu imagen, la paladeo y la degusto entre mis dientes, debajo de mi lengua, hasta el fondo en mi garganta.
Respiro hondo y abrazado en la fantasía de sentir tus pliegues, tus músculos vaginales y anales contra mi sexo. Quiero que me exprimas toda gloria, toda derrota, toda amargura y la transformes en tu piel, en tus entrañas…
Luego muerdo las sábanas tratando de imitar la fuerza de tus piernas contra mi cadera. Mis nalgas se levantan y se contrae su centro hacia adentro, palpitan mis pupilas y se deshacen mis ojos en lágrimas con saliva.
Semen tibio que resbala, que me sabe a ti y a mi en el exilio.
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RECOMENDACIÓN PARA OIRSE: Noise denso y de estructuras diabólicas. Delicioso.
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