Sunday, January 18, 2009

TARDE DE ENERO


PARPADOS...

"Descontextualizar lo sexual de su territorio para transformarlo en una corriente erótica de mayor magnitud". Esa era la consigna, recostarse en la cama y ser filmado con una lente intrusa que se acomodara sobre mi intimidad para revelar a los demás un momento en mi vida, lo que me materializa y me hace constante volumen de innegable presencia.

Tendido sobre las sábanas me desprendía de toda noción del presente. Utilicé la máquina del tiempo para seguir escuchando la voz que me marcaba el ritmo de las sacudidas, diálogos que hablaban de matices, de atardeceres tibios en el invierno.

La lente, brillante como pupila de criatura insensible me miraba, mientras con tacto frío, rozaba los dedos de mis pies con el aleteo de alguna mariposa en busca de reposo. Tensión entre mis piernas, torrentes que se parecían a los manantiales que de niño me bañaron, me bautizaron con la palabra hombre.

Mi piel morena se hizo color de Marte, se veían mis bazos sanguíneos en el coro constante de mis contracciones…

Mis manos no paraban de consolar mis extremidades salidas y desorbitadas.

        Mi carne sometida a la ingravidez .

Letras de Kundera, secretos de Anaís Nin, susurros de encanto que se dejaban caer como escarcha sobre mis tímpanos... Sylvia Kristel observando a Christine Boisson, acurrucarse en su ternura.

Toda protuberancia era colmada con la fluidez de mis adentros. Amazonas que me bañaban con sus lenguas rosadas y pegajosas, como pequeñas ventosas adheridas a mi pene que se multiplicaba en rocío, en soplidos de alientos femeninos jadeantes.

Todo ello en una tarde de enero, cuando fui mío y de todos, cuando fui tuyo, público, espectador. Eras la esencia de mi carnalidad, sosteniendo los lentes de una cámara, historiadora, cronista, narradora de la erupción final de perlas líquidas, lábiles y perennes en mi ombligo, como cenote, como cueva magnífica de orígenes nunca revelados.

“si, es dulce y tibio… mmm, sabe como el trazo que deja el mar cuando te atreves a besarlo en el rostro, es pegajoso como miel… ¡quiero que se resbale entre mis labios! ¡que fecunde a mi garganta con gritos que te acerquen al cielo!”… decías… lástima que no existes...

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