
Conservo en mi memoria la dulce atmósfera que creabas a mi lado, preciosa amiga que te desvaneces por días, por semanas; silenciosa y callada. Se de la magnitud de mis palabras, que aunque atrevidas en su franqueza, no dejan de lado la honestidad de una amistad franca que se ofrece ante ti, libre y tierna, para que la tomes con tus labios y la roces con tu piel dorada, brillante… tu perfil antiguo, de leyenda y mitos improbables de fantasías nubladas, poéticas y gentiles. Lugares donde llueve tu perfume…
Lo que me mueve no es el amor, mas lo que me impulsa es una pasión, una soltura de mis adentros, que quieren desparramarse contigo, sobre ti, dentro de ti, fuera de ti, de mi. Te conocí en momentos extraños, fortuitos; y es lo que me gusta, ese misterio de lo prohibido, de lo que no puede contenerse, encerrado, como fiera que necesita correr libre bajo los cielos, arañar su pasado, devorarse sus historia.
Perdona si a veces lo que digo parece no tener sentido. De pronto las palabras se me agotan porque en tu ausencia, lo único que percibo es un sentido de vacuidad tremendo e insolente, que amenaza con tragarme en su remolino de hielo, oscuro y gris, escandaloso y ensordecedor.
Esta distancia es como el filo de un cuchillo que en contacto directo con la tierna y fina piel de la garganta; amenaza con deslizarse indolentemente, cortando, desmembrando lo que quiero decirte, lo tanto que quiero adorarte. Me aterra morir degollado en mi pasión, en el centro de mi ternura, nublada y sombría, rodeada de pájaros que aguardan alimentarse de la carroña, de un cuerpo inerte y desprotegido, lánguido sobre el piso frío de tu olvido.
La última vez que te mire los ojos, me hundí lentamente en su miel. Me dejaste escucharte, sentir la percusión de tus manos, haciendo de mi cuerpo un latido, un espasmo nervioso, como el dedo vacilante que jala del gatillo de un arma de fuego: me incendiaste.
Estoy en medio de un mar intranquilo, tempestuoso, que se arroja con furia sobre la orilla, lastimando a las rocas, desbaratándolas hasta hacerlas arena, granos insignificantes que se pierden en la negrura de sus aguas. Ese es el escenario de mi deseo, de mi amor, de mi cariño, de mi intensa e insaciable sed de ti, mujer, amiga distante que vive en mis sueños, que me hace cerrar los ojos y que luego me arranca los párpados para no dejarme dormir, sudandote, inhalándote, exhalándote en un frenesí de orgasmos eternos, con dolor de nacimiento, con aroma a parto.
Las letras y las palabras no bastan, aun dentro de su posible impertinencia; para expresar mi sentir, mi drama de quererte, mi tragedia al adorarte. Vivo y muero feliz por ti, dedicándote completa una parte de mi existir, me tienes y soy tuyo.




















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todos sus elementos, es común escribir:
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