I. INFINITO
Hoy, me desperté pensando en las múltiples cosas que he dejado de hacer. Una de ellas, es ver televisión, abandonarme completamente a merced de sus hipnóticas imágenes de enajenación perpetua… para no pensar, para dejar de debatir conmigo mismo, acerca de mi proceder en el mundo.
Son muchas las cosas que me han sucedido estos últimos días. En cierto momento, pensé que la luz de mis ojos se opacaba, y en otros momentos, mi pulso no era el mismo, ni mi carácter, ni mi templanza, ni mi fuerza.
Dudé de mi quehacer en la tierra.
Dudé de mi motivo, de mi ímpetu para seguir adelante.
II. REENCARNACIÓN
Y aparecí en el mundo dotado tan solo con mi desnudez. Tembloroso y ahogado en un océano de silencio absoluto, de tormentas rojas que se dejaban caer sobre la vida, en formas caprichosas de tempestades imparables.
Estoy hecho de una materia resbalosa, que emana sonidos pequeños que molestan los tímpanos. Mi piel cruje como si le costara trabajo tocar al aire, como si se detuviera ante el escenario majestuoso del infinito.
En poco tiempo se terminará mi vida, como es, como era...
No es la nota que promete un suicidio, es la premonición que antecede al terror de encontrarse vivo.
III. LETRAS PERDIDAS
Acompaño el silencio del alma con un libro monstruoso de Jonathan Littel, Las benévolas.
Páginas que escupen veneno de tragedias humanas, de atrocidades dignas del hombre: pieza engreída en el juego de la existencia.

IV. BURBUJAS
Luego, recordé, que otra cosa que no he hecho ultimamente: ¡¡es vivir!!
Hoy, me desperté pensando en las múltiples cosas que he dejado de hacer. Una de ellas, es ver televisión, abandonarme completamente a merced de sus hipnóticas imágenes de enajenación perpetua… para no pensar, para dejar de debatir conmigo mismo, acerca de mi proceder en el mundo.
Son muchas las cosas que me han sucedido estos últimos días. En cierto momento, pensé que la luz de mis ojos se opacaba, y en otros momentos, mi pulso no era el mismo, ni mi carácter, ni mi templanza, ni mi fuerza.
Dudé de mi quehacer en la tierra.
Dudé de mi motivo, de mi ímpetu para seguir adelante.
II. REENCARNACIÓN
Y aparecí en el mundo dotado tan solo con mi desnudez. Tembloroso y ahogado en un océano de silencio absoluto, de tormentas rojas que se dejaban caer sobre la vida, en formas caprichosas de tempestades imparables.
Estoy hecho de una materia resbalosa, que emana sonidos pequeños que molestan los tímpanos. Mi piel cruje como si le costara trabajo tocar al aire, como si se detuviera ante el escenario majestuoso del infinito.
En poco tiempo se terminará mi vida, como es, como era...
No es la nota que promete un suicidio, es la premonición que antecede al terror de encontrarse vivo.
III. LETRAS PERDIDAS
Acompaño el silencio del alma con un libro monstruoso de Jonathan Littel, Las benévolas.
Páginas que escupen veneno de tragedias humanas, de atrocidades dignas del hombre: pieza engreída en el juego de la existencia.

IV. BURBUJAS
Luego, recordé, que otra cosa que no he hecho ultimamente: ¡¡es vivir!!
V.SONIDOS
La dulce voz de Cortney Tidwell me desperto, rozando mi oído, despacio.
Drink Up, magnífica canción del album Evet, de la Cortney.
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