Saturday, October 11, 2008

TOPOGRAFIAS I

Debo admitir que hay veces que trato de devorarte con los ojos. No puedo dejar de mirarte, pues en tu piel radica una claridad por lo oculto de dimensiones afrodisíacas, gigantescas.

Hoy pude mirar de cerca tus labios y con mis pupilas dilatadas dejé que me penetraras en forma de sensaciones cromáticas, que se dispersaron a través de todas mis neuronas, haciendo de mi cuerpo, un latido de sangre acumulada a presión, inundando mis ojos de lágrimas invisibles por tu inalcanzable belleza.

Tu negra cabellera se posa sobre tu rostro y permite que tus ojos fieros se asomen para chocar con los mios; los tuyos, son ojos dorados y pequeños que se dibujan en la sombra de unos trazos perfectos sobre la piel de tus párpados; piel color de luto, de flores amuralladas en las fronteras del tiempo.

Sentí sed de esa rosada piel de tus labios, carne que se ve jugosa y lista para el deleite de este gourmet de platillos femeninos, de perversión tras el disfraz de la inocencia. Es terciopelo, dermis de nonato, de mártir que se revela en lo alto para posarse sobre mi cuerpo.

No puedo evitar seguir trazando sobre el papel los vestigios de tu imagen, las arqueologías imposibles de tus mapas humanos, gatunos, femeninos, desgarrados por millones de emociones que como iones solares atraviesan mi materia hasta dejar desnudo mi espíritu, por tu morado, por tu negro , por tu azul que se entalla en tu cuerpo de edades recientes, de dieciséis inviernos conglomerados en tu fina estampa, de orquídea que debe ser besada con la caricia leve de mis pestañas.

... parpadeo... estoy dormido, hundido en la arena...

Conversamos brevemente de esos túneles oscuros de tu vida, de esa tristeza que a veces te desborda de ti misma y de esa dicha que a veces te desbarata en una jovialidad que se percibe a cientos de años luz. Te cuidaré como se cuida el suspiro ahogado de una sorpresa bendita, de experiencias vírgenes, de alondras en vuelo, de la incongruencia de las gotas de lluvia congeladas en la permanencia de nuestros infiernos.

Te hago y te deshago con trazos de angustia, con golpes de celo y de lujuria clavado en tus ojos que me miran, que no interrogan, que se afirman estacados en mis retinas como una posibilidad de imposibilidad que se pega a mi piel desnuda, diciendo secretos con tus labios de desierto en la textura de Venus, ardiendo a cientos de grados, congelándose en el desamparo del firmamento.

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