Friday, March 01, 2013

SIN TÍTULO


Dentro de mi se gesta la agonía de un deseo distante, de esa mirada tuya que se pierde en la ternura de la desgracia. Siento que han pasado milenios desde la última vez que te miré y te apreté contra mi pecho con la firme idea de transferirte mi vida, que tu fueras su dueña.., pero ha pasado el tiempo, y sigo lidiando con esta desesperanza de encontrarte en la lejanía, caminando silente cual fantasma que se resiste al olvido.

Wednesday, February 06, 2013

RITUALES DE LAS SOMBRAS

Con el fuego en tus ojos, con el alma desprendida del cuerpo, con el espíritu adosado al desmiembramiento del orgasmo...

-«(...) poco a poco las sombras se aparean en la luz conformando una sola mancha que recorre sigilosamente la habitación, al menos, eso cuentan...»-

Desbarátame y haz de mis partes, componentes armables de este juego al que llamamos amor, luego reúne cada pieza de mi y conviérteme en otro, pégame con saliva y emulsióna mis carnes con el néctar sabroso que recorre el túnel estrecho de tu sexo.

-«ahora solo son gemidos los que se escabullen entre las bisagras de la puertas, entre los pequeños agujeros de los muros... gemidos que reptan en los escalones y que en su arrastrarse por la duela crujen con aroma a piel, con color a apretones en los muslos (...) los labios se cierran: permanecimos mudos ante tal caprichoso espectáculo...»-

Ya de vuelta en Uno otra vez, guárdame allí, y permíteme nacer nuevamente a través de esta otra piel que siendo mía, ya es tuya.

-«esas sombras cada noche se revelan ante los ojos sensibles de quien en busca de consuelo, encuentra en la oscuridad, del "otro lado", la caricia seductora del onanismo oculto y tímido, callado entre sus jugosas fantasías... molécula viviente entre los dos cuerpos de las parejas casadas»-

Friday, February 01, 2013

PASOS

Veo a través de las telas que necias te protegen de mi mirada, de esos arpones invisibles que intentan desgarrar toda vestidura, arrancarlas para que te quedes desnuda, con ese olor a nuevo día, a fresca mañana que me desquicia, que me somete al capricho imparable de acariciar mi entrepierna.

El primer paso, es bajar la cremallera y dejar que mis dedos intenten llegar al centro de mi cuerpo, sostener esa carne que se hincha y que se expande en silencio, roja, perturbada...

El segundo paso es desvestir mi pecho, rozar mis pezones con las yemas mojadas en saliva, retorcer los ojos, mirar hacia adentro: encontrarte ahí, no dejar de acariciarte, transgredir la frontera que nos separa para hacer de nuestros cuerpos un solo amante, un solo ser que nace en medio de besos, de mordiscos, de lamidas, de succiones y de rasguños diminutos...

El tercer paso es abrir mis piernas, dejar que mi sexo aflore con timidez de su prisión, suspirar y dejar que mi olfato haga lo suyo con mis recuerdos, que te invoque... Imaginar que me miras sorprendida, que muerdes tus labios imaginando el sabor de mis delirios.

El cuarto paso es sostenerte en mi memoria, no dejar que te escapes, llevar mis labios a los tuyos y dejar que ambos se bauticen bajo el nombre de la lujuria, labio a labio, saliva a saliva, ríos de elíxir recorriendo la entrepierna, descendiendo hasta los tobillos, sin olvidar inundar los ombligos de sudor, de toda esa dulzura que emana de nuestros sexos y que les hace suaves, tersos, sin vello... Que se adhieren uno al otro en un profundo deseo de fundirse, de jamás separarse.

El quinto paso es acelerar el ritmo, es mirarte a los ojos confiándote mi cuerpo, confiándote mi vida y el espíritu etereo de mi adicción por ti, por tu aroma, por tu suave existir en la rugosidad áspera de mi historia, tan fracturada, tan herida...

El sexto paso es quererte, ser tuyo, ¡no ser de nadie mas! Entregarme con la explosión de una supernova y dejar que los torrentes de semen cierren el círculo, el preámbulo a la entrega que hago de todo yo, para ti.



Friday, January 04, 2013

LINAJE

Hoy estoy parado de frente ante la duda...

Veo tu cuerpo moverse como entre pequeños saltos de tiempo, se hace irreal. Quiero hundir mi sexo en tu cuerpo, perforarlo con la gentileza noble que el colibrí usa para secar el nectar de las flores, hundir mi pene lubricado de salivas cristalinas y cautas en todo orificio que te hacer ser mujer, ama y señora de mis reinos.

Vengo de un linaje perdido entre las sábanas del tiempo, y de entre sus dunas blancas te asecha mi deseo cual felino depredador: cazo tus fluídos, tu humedad y los gritos de placer que en estampidas breves, se tornan de pronto en niebla de gacelas incautas.

(...) Si, ese el sudor de tu aliento, tu jadeo tenue que me envuelve de dulzura.

Dicen que antes de mi también hubo reyes tiranos, gobernantes de la lujuria y la perfidia. Dicen que en mi sangre corre segura y gallarda esa sangre real del coito eterno, pero gaseoso: qué mejor estado que ese, que etéreo, se introduce en cada poro de tu espacio de vicios al que llamas cuerpo.

Mi linaje responde al estruendoso escándalo de mis caricias, al temblor de hierro con el que mis manos poseen tus nalgas, que las aprietan contra mis murallas de carne hasta que tu vulva y tu culo son continuación sublime de mi ombligo, se unen a éste y así, continúa el misterio negro de mi estirpe... Esa raza fecunda, pero perdida...

Quiero probarte ahora!

Tenerte ahora!

Gritar en la inmensidad de los valles queres mía! Sólo mía!

Y así, firmar con furia el nombre de mi linaje!





Sunday, September 16, 2012

EL CENTRO DEL MUNDO



Desde la mentira que es mi cuerpo, viajo distancias inconmensurables hasta llegar a ti. El medio, el vehículo, es esa prolongación carnal que se llena de sangre, que se hincha dentro la fantástica burbuja de tus sueños, espuma que llega hasta las orillas de mis costas, todas ellas, incendiándose.

En el frío infinito del espacio duermo: me entrego a tus brazos de nieve y ya sin ojos, me tomas de frente, me regalas el sacrificio de tu visión y me coges en el desenfreno de las pléyades… gozando de una venida a las puertas de Orión.

Rojos púrpura, alginatos aglutinados en la garganta que impiden el libre tránsito del aire que jadeante, sale de mis entrañas al entrar en ti, paradoja que nos hunde en la duda que cuestiona a los adentros, a los afueras:

«Una vez que las mangas estuvieron dentro del traje, metí mi brazo completo para jalar el otro extremo de éstas, luego, vi cómo la tela obedecía el capricho de mi fuerza y se hacía hacia adentro, revolcándose en sus propios adentros, como  intestinos que se desfundan de adentro hacia fuera»

La amante ideal para mis apetitos es como tú, lúcida, atrevida, constante, asertiva, balbuceante, poseída, lengua, ojos grandes, admiración, menta, aglutinante, aceite, semen, ano, compuerta, fisura, rajadura, otoño.

«(…) apenas me sostengo sobre mis piernas, me tiemblan. En el callejón oscuro nadie podía ayudarme, soy esclava de la soledad, obstinada adicta a las luces de noche, a las banquetas mojadas, a los abominables transeúntes (…) abrí mi culo para ti, lo empapé de gloria para que lo tomaras con tus manos toscas, peludas, brazos grasientos que cubiertos de noche me trituraban completa, soy tuya (…) muero, me desmayo... todo tu brazo dentro, con el puño golpeaste mi alma, le quitaste la envoltura de piel, de mi blancura hiciste un trapo sucio... y roto»

Wednesday, September 12, 2012

DES(hacer) el A (mor)


PRIMER CÍRCULO: SECUENCIAS

(…) y a pesar que ya no estás aquí…  
                                                          siempre te siento, aquí, al
re
de
         dor (...)


Los sonidos suben y bajan sin presentar el más mínimo signo de cansancio.

Son los minutos, pequeñas criaturas que se incrustan en la piel de mi memoria, que la habitan para controlar cada uno de sus movimientos, de sus vanos intentos por quedar por siempre embrujada por un crio-sueño, en el silencio negro del cosmos, , , , , ,
  
(…) mi cosmos, nuestro cosmos: tardes de lluvia que nos enajenaban, que nos envolvían en su luz otoñal mientras succionábamos nuestro ser a través de nuestros sexos.

SEGUNDO CÍRCULO: SÓLO SOBREVIVO YO

(…) mis labios necesitan besarte, re-«correrte» completa, triturarte suavemente… chuparte como un dulce

en mis sueños me acaricias con olor a naranjos, con humedad de bosque (…) me tocas el sexo como si se tratara de un tesoro desmoronándose, 


                                        escultura de arena que confronta la furia de un huracán: tu

mi lengua no alcanza a lamer mis propios pezones(…) pienso en engranes, en máquinas viejas que huelen al aceite rancio de tu olvido: me oxido.

TERCER CIR(CULO): TARDE DE SEPTIEMBRE

Beso mis hombros con la delicadeza de una araña, tejiendo la trampa mortal que atrapará el vuelo errante de tus caricias. No puedo sustituir tu tacto, a pesar de que aún conservo tus dedos, guardados en una cajita (moscos, moscas) ... debo corregir, volver a borrar... y re-ES-crib(IR).

Beso mis hombros, mientras tu boca recorre mis nalgas, mi espalda, me lames el alma. Soy bestia que agonizante se combate contra sí misma, así, pesada, aletargada: ¡pendeja de tanto amar!

Beso tu boca fantasma, ruina marina de una antigua ciudad de dioses. Sabe salada, sabe a tu sexo, brilloso, lubricado, cómodo… doliente.

Soy (tú) en mi (yo) desde dentro, rebanada en rodajas de suplicios dulces, regada por doquier, ya sea en mi espalda o en mi pecho, ya sea en mis piernas o en mi sexo (…) mis dedos teclean el aire, le hacen cosquillas en la última a-venida- de su colon. Soy (tú) parásito que reside, que se retuerce (yo) en el fango denso de nuestros orgasmos: uno tras otro, el otro, tras el uno.


Monday, September 10, 2012

IMAGINANDOTE: para olvidarte



Hoy extiendo mi cuerpo hasta alcanzarte. De mi piel tomo cada milímetro para poder cubrirte del frio, del olvido… me toco pensando en tus besos: ¡no me canso de imaginarte!

Llego ante mi cuadro y me rodea la sombra: la incertidumbre de tu sabor, de tu olor. El único consuelo que me procuro es embarrar pintura sobre la tela, pensando en tus manos, en tus dedos largos, blancos, de uñas aperladas en la penumbra de mi vida. Pintando intento sanar de ti, intento distraerme, perderme en el amorío perpetuo con la pintura… pero mis recuerdos de ti, mujer, me conducen a las sábanas y me desnudo, y me imagino tu voz susurrando mi nombre.

En el oleaje de la cama alborotada te siento, puedo construirte como si fueras escultura, monumento al recuerdo que se hace carne, a la carne que se perfora y se desgarra cada vez que respiro sobre tu vulva, cada vez que lentamente la recorro con la mirada tierna de mi gusto: lengua que repta en una danza de muerte con tu piel, aquella rosada que se hincha de misterios internos.

Si venirme es la culminación de un rito amoroso, extraviado en la solitaria distancia del tiempo, entonces me resisto a terminar antes de imaginar como envuelves mi piel, como me atrapas entre tus piernas succionando mi existir para ser sólo tuyo, mi sacrificio, ofrenda para ti.

Pero la tarde cuenta los minutos y amenaza con esfumarse. Necesito luz para seguir pintando, pero sobre todo, de tu cuerpo, de tu tangible amor y tu penetrante deseo.

Mi pintura surge como el paliativo, como el remedio casero para intentar…olvidarte.

DE MIS AMANTES: la locura


Soy el ansia que devora tus uñas, soy el depósito abierto de tu negrura, el lecho tibio y tierno de tu piel cuando decides dejarte caer.

Pisando las hojas secas es como puedo recordar aquella tarde en la cual me mirabas fijo… flotamos durante horas en ese tiempo vacío, en esa, nuestra historia herida.

Mi cuerpo te reclama. Mis labios se endulzan con saliva ligera, transparente, que emana directamente de mi deseo, de ese saborearse de tu sudor, de tu llanto, de tu sonrisa. Mi cuerpo te reclama, pues me he quedado sólo, abandonado en este infierno frío, de azules crueles que lloran con matices agrios de tu adiós.

Imagino tu boca, tu aliento viviendo junto al mío, atrapado por mis párpados, bendecido por la gloriosa conclusión de un apocalipsis de sexo, de tiranía, de dolor y sobre todo, de dulzura... que no acaba. Sigue.

Petrificado. Convertido en mito, nuestro amor cobijado bajo el odio mutuo, embalsamado por las horas: así he quedado sin ti, así dejo de verme, así desaparezco… en la exquisita tortura del vómito, en la mierda que se desparrama en pequeñas plastas sobre mi vida y que me obliga a la transformación.

Imposible vivir sin esa emoción, sin ese calabozo en el cual tú y yo hicimos de nuestros cuerpos, muros, agujeros, perforaciones… salitre, óxido… nada.

Wednesday, August 29, 2012

TIRANDO DEL PUENTE: CAÍDA




Veo en tus ojos la distancia de tu partida. 

En esos plomosos recuerdos, tu mirada me dice con fuerza lo que ni siquiera la mejor de las retóricas podría expresar: me olvidas.

Los días en que tú y yo enlazamos nuestros cuerpos, ahora pertenecen a la arqueología que estudia las ruinas de lo que fuimos. 

Hoy ya somos otros. 
Separados. 
En lugares distintos, sin embargo, besamos la misma tierra.

Sudores, humedades, fluidos corporales de sabores frescos y agraciados, los extraño. Extraño tus grandes ojos viéndome... 

La manera en que los cerrabas (...) imaginando que dejabas de ser tú, y te dejabas revolcar en los fangos de mi perfidia.

Siempre te quise, sólo que hoy (...) 

                                                                      ... ya somos otros...

Sunday, February 05, 2012

FENIX: el Verbo

Hace un par de días decidí regresar al espacio de los blogs. Una difícil decision, pues me había concentrado en algunas crisis personales que de pronto me dejaron varado frente a un gran páramo. En fin. Hoy regreso con un texto reciente, incluido en mi tesis de grado como parte de mi producción creativa.

El texto se llama El Verbo. Y dice...

Durante los primeros segundos no era capaz de clarificar el acontecimiento. Mi cuerpo temblaba en la delicada fragilidad de lo prohibido, rozando tímida, pero insistentemente, el origen mismo de lo que algunos llaman pecado.

Pero en esos instantes, no existía en mi la idea, ni el concepto de culpabilidad. Lo que estábamos haciendo era producto de un impulso, de una voluntad ajena a cualquier principio ético. Nuestro proceder era la revelación más fina de la transgresión, una nueva configuración de la carne en servicio de un espíritu callado, silente en su más tremenda lascivia.

Se ha dicho que al principio del universo, la nada sufría el proceso de convertirse en "algo”. Nacer duele… El nacimiento es sin duda alguna, la primera demostración de que la iluminación de la vida hiere, en su terquedad por congregar, reunir, juntar, huir de lo informe y la desesperante fragmentación.

En el principio, la oscuridad precedía al caos, no existía ninguna noción de orden, pues este vino hasta que el hombre y sus invenciones divinas se depositaron en la consciencia humana para delimitar sus acciones, ponerles un cerco donde ya enjauladas, los más bajos instintos, las más viles pasiones naturales de la Bestia quedaría de una vez por todas, confinadas al destierro y a la fría condena de la razón.

Yo miraba su pequeño cuerpo femenino cubierto de blancura, su piel húmeda y nerviosa dispuesta al antojo de mis manos. No dejaba de tocarla nunca. Esa sensación fue seguramente la que en su juventud experimentara el Demonio, cuando sus pasos le guiaron al templo sagrado de su Padre Celestial y ya dentro, intentó tocar apenas su sagrada estructura. Seguramente, el Demonio miraba a su Creador con la mirada perdida en la locura de la amenaza al Padre, así el Demonio amagó con tocar lo puro, hacerlo negro. Pero el Demonio nunca llegó a tocar los muros en los que moraba su Creador. Lo intentó. Su forma en apariencia malvada no pudo traspasar las líneas de lo permisible, su misma identidad, su forma concreta de maldad no superó el reto.

En cambio, mis manos si tocaban, apretaban, magullaban la carne de la pequeña ninfa, esa criatura que era el mismísimo templo sagrado de la inocencia y la pulcritud. Soy Hombre, soy un monstruo capaz de cruzar las fronteras, de inventarlas a su libre antojo, pues mi identidad es el reflejo de aquello que no llega ni siquiera a ser noción. En ese aspecto, superé al Demonio...

El tiempo siguió su imparable curso, de la misma forma en que mi pene se hinchaba, venoso, moreno; definiendo la trayectoria que tendría el chorro de semen naciente en la perfidia; corrupción incestuosa pero dulce, experiencia cercana a la primera idea del mundo, a la angustia de la nada y el dolor de su parto.

Así nació el culto recíproco por nuestros excesos…

Mi ninfa, hija única de mi único matrimonio, se resistía a depositar sus labios sobre mis pezones, los besaba y los lamía mirando esporádicamente mi rostro, como para constatar, de que yo era el mismo hombre que la había creado. Su piel exhalaba excitación, le urgía degustar el sabor de mi piel, la dulzura pegajosa de mi semen brotando explosivo, a sabiendas de que nuestro éxtasis se alimentaba como vampiro de una doliente interdicción.

Y así, conjuré al Demonio, mientras yo cerraba mis ojos, aunque esporádicamente me volvía para verla, para contemplarla succionando mi pecho, al tiempo que con sus finas manos apretaba la base de mi miembro, rígido, colorado, decidido. Los dos, unidos por las piernas, anudadas las suyas sobre las mías. Esporádicamente, a ratos, sentía como ella deslizaba sus dedos hacia mi ano, sumía allí sus dedos, los llevaba a ratos a su boca para ensalivar el signo de la rotura; ya no estábamos separados, sin embargo escindidos.

Hay veces que no experimentamos el tiempo, éste transcurre, fluye, sucede. Quizá sea esta, la aproximación nítida de nuestro "no estar", de nuestra "abstracción", de nuestra "ausencia".

Para asirme a la realidad, con mi mano izquierda apretaba su cuerpo, le tocaba también el ano, su empapada vulva. De su vagina escurrían hilos de líquido con sabor a mar, que olían a su sudor adolescente, nuevo en la experiencia del vivir, pero ávido por corromper su propio cuerpo, de salirse de su santidad para volverse pensamiento, idea impura; maleficio y prefacio a la narración del mal.

Para cuando no resistí más la emoción de lo prohibido, en mi mente se clavaban los ojos de el Demonio que reía, que veía a su Creador señalándonos, pues éramos la demostración a su más simple hipótesis: el hombre es imagen y semejanza de esa cuestión que se resiste al desorden, que lucha constantemente por mantenerse reunido, íntegro, Uno.

El Creador lloraba, mi pene convulsionaba y se preparaba para la expulsión de galaxias, nebulosas que iluminan la infinita oscuridad del universo.

Mi ninfa gemía tenuemente, fijó su mirada en mi brilloso glande, respiró profundo y procedió a devorar mi semen, a recibirlo en su lengua, jugueteando con el entre sus labios; lo sorbía, lo lamía mientras su joven piel ardía en llamaradas solares, era una Supernova, constelación naciente que se erige a partir de la destrucción.

Así transcurrieron los primeros instantes, los primeros segundos, el estallido de la creación, el ordenamiento del mundo: todo se hizo verbo.


Sunday, February 13, 2011

INTERDICCIÓN: lamento, herida

Describir con palabras las diminutas fracturas que mi tacto sufre en ese "no-tocarte" que padece mi deseo; es tarea compleja, enrredada en las desoladas estructuras de mi alma, espíritu roto que se marchita a la velocidad de tu transformación de niña a mujer.

Sabes que mis ojos se posan en tu tierno cuerpo de nínfa, temblorosos como el aleteo frágil de flores voladoras, de pétalos vivos contenidos en bellas mariposas; sabes que mis labios se queman en el incendio cruel de esta sequía, que como padre tuyo me abandona moribundo en el trágico acontecer del desearte...

Vivo embalsamado en la enfermedad infinita del amor dividido. Una parte es el amor protector, tierno, dulce y paternal; la otra parte es la penunmbra, la tiniebla de un ogasmo prohibído, de un latir entre mis piernas que me arranca el corazón: sexo que al imaginarte se mutila así mismo.

En efecto, no temo decir que te adoro, que idolatro cada partícula de tu ser, confinado por siempre a la marca, al estigma de la herencia.., la sangre que no miente, que me recuerda que eres mia pero sólo en mi terríble e indolente fantasía; mostruosidad deleitante que empapa mis órganos, que los destruye, que los destroza.

Huelo tu aroma, la fragancia de tu juventud urgida de ese mismo deseo que me asecha; pero No te atreves -rechinan mis dientes-; te niegas -se clavan las uñas en la coraza de mi marchito cuerpo-.

Eres sueño mojado inmutable, tatuado en la carne misma de mis ideas y mis pensamientos. Es cierto que daría mi vida para salvar la tuya, y que soportaría el desmiembramiento de mi cuerpo a cambio de que el tuyo, sea por siempre inmune al sufrimiento del mundo. Pero también daría mi vida por hacer de tu cuerpo la capital palpitante de un placer indescriptible, chupar delicadamente tus pezones, cantarles en códigos secretos las mitologías prohibidas que de tu boca a tu sexo se cuentan, como historias descabelladas disueltas en la transparente saliva.

Haría de tu virginal cuerpo la representación misma de la lascivia, como aquella que por las noches me arrebata el descanso nocturno pensando en ti, entre mis brazos, cubriendo con tu sexo el mio, rígido, erecto; rojo e hinchado que estallará en ríos de semen, tibio, alucinante, escurridizo en tus labios, en tu fino rostro de promesa que gimiendo reclama por más, más de esa miel maldita de un padre abyecto y moribundo.

Friday, December 31, 2010

LAMENTO

Este, es el camino que conduce hacia lo inaudito.
¡Extraño tu cuerpo, tus besos, tus caricias!
El sendero que ves y que ilumina tus ojos en la pantalla del ordenador es la visión, el espectro decadente del extrañamiento, ese sumirse en el anhelo de verte, de tocarte por dentro.
Con esto no me despido, al contrario; llego a ti, me acerco a ti.
Mis manos tiemblan en la penumbra, logrando armonía entre mis labios deletreando tu olor, tu sabor en mis venas, tu calor en mi pecho y mis deseos más cálidos cuando recuerdo tu vientre, tus entrañas abrazando mi sexo; succionándole toda vida que siendo mía, decidí dártela.
Sigo caminando por este sendero. ¿Quieres correr de nuevo a mi encuentro?

Wednesday, December 29, 2010

SOMA


Mi cuerpo es un enlace con el mundo, es lo que me permite sentirlo, percibirlo tangible. La realidad se trasmite por cada milímetro de mi piel hacia mi interior, es entonces cuando me percato de su esencia, de su más puro espíritu. Mis sentidos se apegan a mi razón y mi cerebro hace lo suyo al procesar, al ordenar lo que llega mi cabeza y así reaccionar ante el exterior: es un signo cósmico que se desparrama en el tiempo, es el poder del hombre sobre los objetos y los eventos del mundo.

De esa forma aprecio mi existir, que a veces se agudiza de tal forma que se reducen todas mis definiciones hasta ser partículas ilegibles, reacias a la reunión que convoca mi juicio. Es ese momento particular, el instante preciso en que me encuentro al borde del precipicio, intentando no caer a pesar de mis intensas ganas de lanzarme. A veces uno pierde la noción del todo, y se queda uno desnudo en el ocaso eterno de la nada, un prometer que no se consuma, que no se realiza.

Mi cuerpo es también torpe en cuanto a sí mismo. Hay cosas que no puedo ver de él, que a penas puedo rozar y tener una idea vaga, gracias –quizá-, a la potencia incontenible de una imaginación cimentada en los recuerdos del cuerpo ajeno. Este suceso es el detonador de mis búsquedas amorosas, de mis inquietudes sexuales que alumbran el misterio de una soledad cuajada, aletargada en la autosatisfacción que día a día, se vuelve en un espectro insostenible, péndulo que oscila entre la locura y la razón.

El espacio en el que me muevo hace de repente la emulación de una atmósfera líquida, sustancia viva que respira y que refleja todo lo que mis sentidos han confirmado como hechos reales.

Para ser un buen amante, debe uno ser consciente del otro, que es fenómeno y metáfora del sí mismo.

Cuando mi cuerpo acaricia una mujer es como la siento, es lo real pues es la certeza, la prueba máxima de estar en el mundo, de saber que mi cuerpo puede extenderse al grado de acoplamiento. Penetrar a una mujer sería entonces el acto carnal por excelencia, imposible en la imaginación, más solo posible en el terreno de lo evidente. Mi cuerpo se da cuenta, yo me doy cuenta, que el amar a una mujer entre mis dedos, es el misterio mismo de la reencarnación del verbo: es cuando la imagen, se vuelve representable.

Si mi sexo entra en el femenino, siento que la vida transcurre lenta, como si quisiera parte de mi voluntad acercarme a una efímera figura de lo eterno. Desde que el hombre fue capaz de nombrar al fuego por su nombre, adquirió –como he dicho antes-, el poder supremo sobre las cosas; de la misma forma y en este caso, nombro las partes del cuerpo que me excitan, con plena consciencia de su posición, de sus coordenadas en la topografía interminable del organismo femenino. Así es como tengo poder sobre la mujer, como también sobre las mismas partes de mi cuerpo, que son en el momento amatorio como una zona en conflicto. La mujer me posee al llamarme por mi nombre, me hace esclavo suyo y respondo con la debida docilidad.

El cuerpo femenino y el mío, son reafirmaciones de sí mismos, son el hecho auténtico de la fundición, del percatarse que uno tiene al otro y más aún, que uno es el otro y el otro uno mismo. El egoísmo del amante es mi credo, pues sin éste punto de fuga sería imposible amar y entregarse. En el plano de mi cuerpo que se extiende como piel en los volúmenes y en las formas, se pretende llegar a configurar al otro cuerpo, sentirlo real, aquí y ahora. Ese egoísmo es el que nos orilla a la necesidad de pertenecer, de confirmarse como si se tratara del juramento que demanda la fidelidad al credo religioso, como si se tratase de un edicto místico en el que la intensa pasión de la hembra y el macho se vuelva mito.

Así vivimos nuestro cuerpo, nombrando, sujetando por medio de esas palabras que atrapan el sentido y la esencia del objeto amado; se vuelven sujeto, ya no cosa ni vestigio, sujeto armado, cuerpo que nos mira y nos hace suyos de la misma forma: es lo más cercano a un espejo, tú ahí, mientras yo ahí.

La boca que abrimos y cerramos al hablar, se mueve lentamente, disuelta en el sueño real como si estuviera prisionera en un velo, las palabras fluyen, las lenguas se tocan, los labios de muerden y se consuelan de inmediato con la saña tierna de las promesas. “Mi cuerpo es, cuando el tuyo es mío”. Lo mismo intento transferir a la carne femenina, a sus senos, a su vientre. La explosión que culmina en un reguero de semen no es la cúspide de la lujuria así, nada más desnuda; es un escalón que me eleva en su viscosidad a la idea, a la lejana noción de fundirme en el otro cuerpo. Al segundo, toda esa victoria se fulmina y me percato de mi desprendimiento.

Los testículos quedan inertes como esferas vacías, siento un agujero en mi sexo, representación invertida de mi miembro que fallece, que lentamente pierde su venosa firmeza despidiendo el ritual de acoplamiento. Me vuelvo triste figura del desencanto, pues con la expulsión del líquido vital se confirma que mujer y hombre dejan de ser uno, ese ente de cuatro piernas y cuatro brazos, bicéfalo, pero poseedor de un único corazón, una sola mentalidad atenta al desearse sin parámetros.

Amada mía: pude ver tus ojos entreabiertos cuando sentíamos que la única definición de nuestro estado era la de los mellizos, unidos, fundidos, originados en una sola metástasis. Te miré con furia, gemí hasta que de mi pecho, grave y sin escrúpulo alguno se escapaba el gruñido bestial de mi sensualidad enjaulada. Apreté tus senos contra mí, abracé tus piernas y con mis dedos solo podía configurar mi realidad, esa realidad que sólo puede transmitirse, sentirse, hablarse, entenderse… a través del cuerpo.

Friday, December 24, 2010

DEMOLICIONES


Escribir sobre las sombras, sobre la tela que se desgarra lentamente… tejido sensible que erosiona el tiempo, la impotencia de mi ser por no sentirse parte tuya.

El descalabro que provoca nuestro mutuo apego, nos desangra hasta no tener palabras: carecer de ellas en una mudez insostenible. Al estar contigo pienso en tu soledad y en la mía. Ambas se acompañan sin saberlo y separadas, se lamentan, sufren con la idea punzante del recuerdo.

La memoria es un filo, rebana poco a poco el alma hasta que la doblega, la somete a su antojo. Posesión infalible sobre el espíritu, lo rompe. Tu y yo vivimos con ese martirio cada día, desde el amanecer hasta el ocaso, hasta que el gran silencio del negro vacío nos marca, nos señala como un par de amantes deambulando en la más amarga infamia.

Llevo días sin sentir mi sexo, todo a mi alrededor me abruma y es lo mismo, episodio tras episodio me canso cada vez más de la vida y me abandono al destierro, un retirarse lejos a donde los surcos de la mente no concluyan en el epicentro de tu cuerpo, ni en tu sudor, ni en tus gemidos, ni en tus convulsas pausas cuando me miras tiernamente. Me ves como al espejismo que se retira conforme te acercas, paradoja que somatiza la metáfora intangible de lo nuestro.

Siento dolor, es claro después de escribir tanta amargura; es un dolor lechoso y espeso como la baba de un sediento, como la flema que se niega a salir de la garganta y que nos ahoga, nos aprieta y nos degüella inmersos en la sensación punzante de la sofocación.

Temo que el marcharse, el partir son verbos infinitivos; mierda existencial a la que estamos condenados.

Tu eres la nave que naufraga, yo la tripulación que se hunde.

Friday, December 17, 2010

(...)



Mi pensamiento es una inmovilidad en el aire y se detiene ante el asombro de la nada. Ayer te tuve y hoy no más, sólo el intenso chirrido del tiempo es lo que queda.
Entre mis manos sujeto muerta la carne que en otros días ha estado rígida en tu presencia, incontinente en su deseo, babeante, venosa, enajenante...
Y es que tus ojos me retiran lejos de mi cotidiana viscosidad; limpian la neblina que empaña a mi interior de ansia. Eres tú, aterciopelada llanura de piel, la dama dulce que tiene a mi espíritu preso: lo domina y lo consuela, lo castiga y lo glorifica.
Me quedo mudo, sin palabras para describir lo cruel del deceso y la partida inevitable de mi alegría, a cambio de una grasienta permanencia en el tedio que porto a diario como cicatriz que me define, que me vomita hasta que caigo en el mundo.

Me he impactado contra tu alma y muero feliz gozando el accidente. 

Eres rotura, fisura por la cual se cuela la dicha que inunda mi vacío. Soy negro sin ti, amargo, sobrio, cenizo… polvo esparcido en el campo santo de estos cansados anhelos.

Suspiras al no verme...

Se que me he vuelto fantasma, aparición horrenda en la ambigüedad del existir siempre sediento de más, un más eternamente insaciable por nuestros cuerpos fundidos, tendidos, desparramados en el amanecer de un día imposible.