Sunday, February 05, 2012

FENIX: el Verbo

Hace un par de días decidí regresar al espacio de los blogs. Una difícil decision, pues me había concentrado en algunas crisis personales que de pronto me dejaron varado frente a un gran páramo. En fin. Hoy regreso con un texto reciente, incluido en mi tesis de grado como parte de mi producción creativa.

El texto se llama El Verbo. Y dice...

Durante los primeros segundos no era capaz de clarificar el acontecimiento. Mi cuerpo temblaba en la delicada fragilidad de lo prohibido, rozando tímida, pero insistentemente, el origen mismo de lo que algunos llaman pecado.

Pero en esos instantes, no existía en mi la idea, ni el concepto de culpabilidad. Lo que estábamos haciendo era producto de un impulso, de una voluntad ajena a cualquier principio ético. Nuestro proceder era la revelación más fina de la transgresión, una nueva configuración de la carne en servicio de un espíritu callado, silente en su más tremenda lascivia.

Se ha dicho que al principio del universo, la nada sufría el proceso de convertirse en "algo”. Nacer duele… El nacimiento es sin duda alguna, la primera demostración de que la iluminación de la vida hiere, en su terquedad por congregar, reunir, juntar, huir de lo informe y la desesperante fragmentación.

En el principio, la oscuridad precedía al caos, no existía ninguna noción de orden, pues este vino hasta que el hombre y sus invenciones divinas se depositaron en la consciencia humana para delimitar sus acciones, ponerles un cerco donde ya enjauladas, los más bajos instintos, las más viles pasiones naturales de la Bestia quedaría de una vez por todas, confinadas al destierro y a la fría condena de la razón.

Yo miraba su pequeño cuerpo femenino cubierto de blancura, su piel húmeda y nerviosa dispuesta al antojo de mis manos. No dejaba de tocarla nunca. Esa sensación fue seguramente la que en su juventud experimentara el Demonio, cuando sus pasos le guiaron al templo sagrado de su Padre Celestial y ya dentro, intentó tocar apenas su sagrada estructura. Seguramente, el Demonio miraba a su Creador con la mirada perdida en la locura de la amenaza al Padre, así el Demonio amagó con tocar lo puro, hacerlo negro. Pero el Demonio nunca llegó a tocar los muros en los que moraba su Creador. Lo intentó. Su forma en apariencia malvada no pudo traspasar las líneas de lo permisible, su misma identidad, su forma concreta de maldad no superó el reto.

En cambio, mis manos si tocaban, apretaban, magullaban la carne de la pequeña ninfa, esa criatura que era el mismísimo templo sagrado de la inocencia y la pulcritud. Soy Hombre, soy un monstruo capaz de cruzar las fronteras, de inventarlas a su libre antojo, pues mi identidad es el reflejo de aquello que no llega ni siquiera a ser noción. En ese aspecto, superé al Demonio...

El tiempo siguió su imparable curso, de la misma forma en que mi pene se hinchaba, venoso, moreno; definiendo la trayectoria que tendría el chorro de semen naciente en la perfidia; corrupción incestuosa pero dulce, experiencia cercana a la primera idea del mundo, a la angustia de la nada y el dolor de su parto.

Así nació el culto recíproco por nuestros excesos…

Mi ninfa, hija única de mi único matrimonio, se resistía a depositar sus labios sobre mis pezones, los besaba y los lamía mirando esporádicamente mi rostro, como para constatar, de que yo era el mismo hombre que la había creado. Su piel exhalaba excitación, le urgía degustar el sabor de mi piel, la dulzura pegajosa de mi semen brotando explosivo, a sabiendas de que nuestro éxtasis se alimentaba como vampiro de una doliente interdicción.

Y así, conjuré al Demonio, mientras yo cerraba mis ojos, aunque esporádicamente me volvía para verla, para contemplarla succionando mi pecho, al tiempo que con sus finas manos apretaba la base de mi miembro, rígido, colorado, decidido. Los dos, unidos por las piernas, anudadas las suyas sobre las mías. Esporádicamente, a ratos, sentía como ella deslizaba sus dedos hacia mi ano, sumía allí sus dedos, los llevaba a ratos a su boca para ensalivar el signo de la rotura; ya no estábamos separados, sin embargo escindidos.

Hay veces que no experimentamos el tiempo, éste transcurre, fluye, sucede. Quizá sea esta, la aproximación nítida de nuestro "no estar", de nuestra "abstracción", de nuestra "ausencia".

Para asirme a la realidad, con mi mano izquierda apretaba su cuerpo, le tocaba también el ano, su empapada vulva. De su vagina escurrían hilos de líquido con sabor a mar, que olían a su sudor adolescente, nuevo en la experiencia del vivir, pero ávido por corromper su propio cuerpo, de salirse de su santidad para volverse pensamiento, idea impura; maleficio y prefacio a la narración del mal.

Para cuando no resistí más la emoción de lo prohibido, en mi mente se clavaban los ojos de el Demonio que reía, que veía a su Creador señalándonos, pues éramos la demostración a su más simple hipótesis: el hombre es imagen y semejanza de esa cuestión que se resiste al desorden, que lucha constantemente por mantenerse reunido, íntegro, Uno.

El Creador lloraba, mi pene convulsionaba y se preparaba para la expulsión de galaxias, nebulosas que iluminan la infinita oscuridad del universo.

Mi ninfa gemía tenuemente, fijó su mirada en mi brilloso glande, respiró profundo y procedió a devorar mi semen, a recibirlo en su lengua, jugueteando con el entre sus labios; lo sorbía, lo lamía mientras su joven piel ardía en llamaradas solares, era una Supernova, constelación naciente que se erige a partir de la destrucción.

Así transcurrieron los primeros instantes, los primeros segundos, el estallido de la creación, el ordenamiento del mundo: todo se hizo verbo.


Sunday, February 13, 2011

INTERDICCIÓN: lamento, herida

Describir con palabras las diminutas fracturas que mi tacto sufre en ese "no-tocarte" que padece mi deseo; es tarea compleja, enrredada en las desoladas estructuras de mi alma, espíritu roto que se marchita a la velocidad de tu transformación de niña a mujer.

Sabes que mis ojos se posan en tu tierno cuerpo de nínfa, temblorosos como el aleteo frágil de flores voladoras, de pétalos vivos contenidos en bellas mariposas; sabes que mis labios se queman en el incendio cruel de esta sequía, que como padre tuyo me abandona moribundo en el trágico acontecer del desearte...

Vivo embalsamado en la enfermedad infinita del amor dividido. Una parte es el amor protector, tierno, dulce y paternal; la otra parte es la penunmbra, la tiniebla de un ogasmo prohibído, de un latir entre mis piernas que me arranca el corazón: sexo que al imaginarte se mutila así mismo.

En efecto, no temo decir que te adoro, que idolatro cada partícula de tu ser, confinado por siempre a la marca, al estigma de la herencia.., la sangre que no miente, que me recuerda que eres mia pero sólo en mi terríble e indolente fantasía; mostruosidad deleitante que empapa mis órganos, que los destruye, que los destroza.

Huelo tu aroma, la fragancia de tu juventud urgida de ese mismo deseo que me asecha; pero No te atreves -rechinan mis dientes-; te niegas -se clavan las uñas en la coraza de mi marchito cuerpo-.

Eres sueño mojado inmutable, tatuado en la carne misma de mis ideas y mis pensamientos. Es cierto que daría mi vida para salvar la tuya, y que soportaría el desmiembramiento de mi cuerpo a cambio de que el tuyo, sea por siempre inmune al sufrimiento del mundo. Pero también daría mi vida por hacer de tu cuerpo la capital palpitante de un placer indescriptible, chupar delicadamente tus pezones, cantarles en códigos secretos las mitologías prohibidas que de tu boca a tu sexo se cuentan, como historias descabelladas disueltas en la transparente saliva.

Haría de tu virginal cuerpo la representación misma de la lascivia, como aquella que por las noches me arrebata el descanso nocturno pensando en ti, entre mis brazos, cubriendo con tu sexo el mio, rígido, erecto; rojo e hinchado que estallará en ríos de semen, tibio, alucinante, escurridizo en tus labios, en tu fino rostro de promesa que gimiendo reclama por más, más de esa miel maldita de un padre abyecto y moribundo.

Friday, December 31, 2010

LAMENTO

Este, es el camino que conduce hacia lo inaudito.
¡Extraño tu cuerpo, tus besos, tus caricias!
El sendero que ves y que ilumina tus ojos en la pantalla del ordenador es la visión, el espectro decadente del extrañamiento, ese sumirse en el anhelo de verte, de tocarte por dentro.
Con esto no me despido, al contrario; llego a ti, me acerco a ti.
Mis manos tiemblan en la penumbra, logrando armonía entre mis labios deletreando tu olor, tu sabor en mis venas, tu calor en mi pecho y mis deseos más cálidos cuando recuerdo tu vientre, tus entrañas abrazando mi sexo; succionándole toda vida que siendo mía, decidí dártela.
Sigo caminando por este sendero. ¿Quieres correr de nuevo a mi encuentro?

Wednesday, December 29, 2010

SOMA


Mi cuerpo es un enlace con el mundo, es lo que me permite sentirlo, percibirlo tangible. La realidad se trasmite por cada milímetro de mi piel hacia mi interior, es entonces cuando me percato de su esencia, de su más puro espíritu. Mis sentidos se apegan a mi razón y mi cerebro hace lo suyo al procesar, al ordenar lo que llega mi cabeza y así reaccionar ante el exterior: es un signo cósmico que se desparrama en el tiempo, es el poder del hombre sobre los objetos y los eventos del mundo.

De esa forma aprecio mi existir, que a veces se agudiza de tal forma que se reducen todas mis definiciones hasta ser partículas ilegibles, reacias a la reunión que convoca mi juicio. Es ese momento particular, el instante preciso en que me encuentro al borde del precipicio, intentando no caer a pesar de mis intensas ganas de lanzarme. A veces uno pierde la noción del todo, y se queda uno desnudo en el ocaso eterno de la nada, un prometer que no se consuma, que no se realiza.

Mi cuerpo es también torpe en cuanto a sí mismo. Hay cosas que no puedo ver de él, que a penas puedo rozar y tener una idea vaga, gracias –quizá-, a la potencia incontenible de una imaginación cimentada en los recuerdos del cuerpo ajeno. Este suceso es el detonador de mis búsquedas amorosas, de mis inquietudes sexuales que alumbran el misterio de una soledad cuajada, aletargada en la autosatisfacción que día a día, se vuelve en un espectro insostenible, péndulo que oscila entre la locura y la razón.

El espacio en el que me muevo hace de repente la emulación de una atmósfera líquida, sustancia viva que respira y que refleja todo lo que mis sentidos han confirmado como hechos reales.

Para ser un buen amante, debe uno ser consciente del otro, que es fenómeno y metáfora del sí mismo.

Cuando mi cuerpo acaricia una mujer es como la siento, es lo real pues es la certeza, la prueba máxima de estar en el mundo, de saber que mi cuerpo puede extenderse al grado de acoplamiento. Penetrar a una mujer sería entonces el acto carnal por excelencia, imposible en la imaginación, más solo posible en el terreno de lo evidente. Mi cuerpo se da cuenta, yo me doy cuenta, que el amar a una mujer entre mis dedos, es el misterio mismo de la reencarnación del verbo: es cuando la imagen, se vuelve representable.

Si mi sexo entra en el femenino, siento que la vida transcurre lenta, como si quisiera parte de mi voluntad acercarme a una efímera figura de lo eterno. Desde que el hombre fue capaz de nombrar al fuego por su nombre, adquirió –como he dicho antes-, el poder supremo sobre las cosas; de la misma forma y en este caso, nombro las partes del cuerpo que me excitan, con plena consciencia de su posición, de sus coordenadas en la topografía interminable del organismo femenino. Así es como tengo poder sobre la mujer, como también sobre las mismas partes de mi cuerpo, que son en el momento amatorio como una zona en conflicto. La mujer me posee al llamarme por mi nombre, me hace esclavo suyo y respondo con la debida docilidad.

El cuerpo femenino y el mío, son reafirmaciones de sí mismos, son el hecho auténtico de la fundición, del percatarse que uno tiene al otro y más aún, que uno es el otro y el otro uno mismo. El egoísmo del amante es mi credo, pues sin éste punto de fuga sería imposible amar y entregarse. En el plano de mi cuerpo que se extiende como piel en los volúmenes y en las formas, se pretende llegar a configurar al otro cuerpo, sentirlo real, aquí y ahora. Ese egoísmo es el que nos orilla a la necesidad de pertenecer, de confirmarse como si se tratara del juramento que demanda la fidelidad al credo religioso, como si se tratase de un edicto místico en el que la intensa pasión de la hembra y el macho se vuelva mito.

Así vivimos nuestro cuerpo, nombrando, sujetando por medio de esas palabras que atrapan el sentido y la esencia del objeto amado; se vuelven sujeto, ya no cosa ni vestigio, sujeto armado, cuerpo que nos mira y nos hace suyos de la misma forma: es lo más cercano a un espejo, tú ahí, mientras yo ahí.

La boca que abrimos y cerramos al hablar, se mueve lentamente, disuelta en el sueño real como si estuviera prisionera en un velo, las palabras fluyen, las lenguas se tocan, los labios de muerden y se consuelan de inmediato con la saña tierna de las promesas. “Mi cuerpo es, cuando el tuyo es mío”. Lo mismo intento transferir a la carne femenina, a sus senos, a su vientre. La explosión que culmina en un reguero de semen no es la cúspide de la lujuria así, nada más desnuda; es un escalón que me eleva en su viscosidad a la idea, a la lejana noción de fundirme en el otro cuerpo. Al segundo, toda esa victoria se fulmina y me percato de mi desprendimiento.

Los testículos quedan inertes como esferas vacías, siento un agujero en mi sexo, representación invertida de mi miembro que fallece, que lentamente pierde su venosa firmeza despidiendo el ritual de acoplamiento. Me vuelvo triste figura del desencanto, pues con la expulsión del líquido vital se confirma que mujer y hombre dejan de ser uno, ese ente de cuatro piernas y cuatro brazos, bicéfalo, pero poseedor de un único corazón, una sola mentalidad atenta al desearse sin parámetros.

Amada mía: pude ver tus ojos entreabiertos cuando sentíamos que la única definición de nuestro estado era la de los mellizos, unidos, fundidos, originados en una sola metástasis. Te miré con furia, gemí hasta que de mi pecho, grave y sin escrúpulo alguno se escapaba el gruñido bestial de mi sensualidad enjaulada. Apreté tus senos contra mí, abracé tus piernas y con mis dedos solo podía configurar mi realidad, esa realidad que sólo puede transmitirse, sentirse, hablarse, entenderse… a través del cuerpo.

Friday, December 24, 2010

DEMOLICIONES


Escribir sobre las sombras, sobre la tela que se desgarra lentamente… tejido sensible que erosiona el tiempo, la impotencia de mi ser por no sentirse parte tuya.

El descalabro que provoca nuestro mutuo apego, nos desangra hasta no tener palabras: carecer de ellas en una mudez insostenible. Al estar contigo pienso en tu soledad y en la mía. Ambas se acompañan sin saberlo y separadas, se lamentan, sufren con la idea punzante del recuerdo.

La memoria es un filo, rebana poco a poco el alma hasta que la doblega, la somete a su antojo. Posesión infalible sobre el espíritu, lo rompe. Tu y yo vivimos con ese martirio cada día, desde el amanecer hasta el ocaso, hasta que el gran silencio del negro vacío nos marca, nos señala como un par de amantes deambulando en la más amarga infamia.

Llevo días sin sentir mi sexo, todo a mi alrededor me abruma y es lo mismo, episodio tras episodio me canso cada vez más de la vida y me abandono al destierro, un retirarse lejos a donde los surcos de la mente no concluyan en el epicentro de tu cuerpo, ni en tu sudor, ni en tus gemidos, ni en tus convulsas pausas cuando me miras tiernamente. Me ves como al espejismo que se retira conforme te acercas, paradoja que somatiza la metáfora intangible de lo nuestro.

Siento dolor, es claro después de escribir tanta amargura; es un dolor lechoso y espeso como la baba de un sediento, como la flema que se niega a salir de la garganta y que nos ahoga, nos aprieta y nos degüella inmersos en la sensación punzante de la sofocación.

Temo que el marcharse, el partir son verbos infinitivos; mierda existencial a la que estamos condenados.

Tu eres la nave que naufraga, yo la tripulación que se hunde.

Friday, December 17, 2010

(...)



Mi pensamiento es una inmovilidad en el aire y se detiene ante el asombro de la nada. Ayer te tuve y hoy no más, sólo el intenso chirrido del tiempo es lo que queda.
Entre mis manos sujeto muerta la carne que en otros días ha estado rígida en tu presencia, incontinente en su deseo, babeante, venosa, enajenante...
Y es que tus ojos me retiran lejos de mi cotidiana viscosidad; limpian la neblina que empaña a mi interior de ansia. Eres tú, aterciopelada llanura de piel, la dama dulce que tiene a mi espíritu preso: lo domina y lo consuela, lo castiga y lo glorifica.
Me quedo mudo, sin palabras para describir lo cruel del deceso y la partida inevitable de mi alegría, a cambio de una grasienta permanencia en el tedio que porto a diario como cicatriz que me define, que me vomita hasta que caigo en el mundo.

Me he impactado contra tu alma y muero feliz gozando el accidente. 

Eres rotura, fisura por la cual se cuela la dicha que inunda mi vacío. Soy negro sin ti, amargo, sobrio, cenizo… polvo esparcido en el campo santo de estos cansados anhelos.

Suspiras al no verme...

Se que me he vuelto fantasma, aparición horrenda en la ambigüedad del existir siempre sediento de más, un más eternamente insaciable por nuestros cuerpos fundidos, tendidos, desparramados en el amanecer de un día imposible.

Thursday, August 26, 2010

DISOLVENCIA-INMANENCIA-TRASCENDENCIA


DISOLVENCIA

Has sucedido en mi pensamiento de tal forma que me disuelvo. Eres el medio intangible que vuela etéreo sobre mi imaginación, perturbada por la sed de ti, por la insaciabilidad de mis sentidos impactados contra tu materia.

Me disuelvo en las horas, en los días, en las semanas. El tiempo pasa sobre mí, atropellando toda noción de consciencia, sumergiendo mi carne en el diluvio interno... Sólo puedo salvar aquellos altares, donde tu imagen es la inmaculada concepción de mi lujuria. Me pierdo en el pecado contigo, libre de culpa porque finalmente se, que a pesar de todos mis esfuerzos permaneceré en este infierno de no tenerte ¡aquí! ¡ahora!

INMANENCIA

Como los objetos del mundo me mimetizo en la cosificación del tedio eterno. Nuestra existencia atada a las cadenas de la sagrada imagen de una amante, a la que no puedes tocar, a la que la contemplas dolorosa mirando al cielo, con las pupilas dilatadas que miran al Creador diciendo: "¡hazme carne! ¡que besen mis labios y los abran hasta que mi interior se desparrame en mi amor, que vive dentro, que me consume, que me devora!"

Mi interior es para mí. sufro y me deleito en mi percepción, en mi propia imagen que se condena a mi interior. Eres mi amante, porque te llevo dentro. Eres glándula, eres sangre, eres saliva.

TRASCENDENCIA

Desde el piso, como gusano mi cuerpo se revuelca sobre sus excrescencias. Me pisan, me muelen contra el piso exprimiendo mis entrañas contra el concreto, las embarran y vuelvo a nacer. Castigo eterno del Divino, que me somete al pecado capital de la lujuria. Estaré eternamente perdido en pensamientos, las cosas dejarán de existir, el mundo terminará, el polvo será recuerdo y solo, en el vacío infinito seguiré llorando por tu amor, trasformado en odio, amasijos y repulsión.

Trasciende nuestro amor en la más pura luz de las constelaciones. Viajamos hasta perder la materia y nos volvemos mito. Otros vendrán a nuestro encuentro, y cuando sus ojos se posen justo en los turbulentos cielos exclamarán: "ahí están los amantes, imposiblemente juntos, llorando su inmaterialidad."

¡Qué tortura más cruel! ¡desear la caricia, el tacto... y existir como un fantasma!

Sunday, July 25, 2010

INVOCACIÓN A LA FRAGILIDAD



Acordamos la hora y el lugar en una premeditada furia de ansias por sentir los tactos y las caricias arrolladoras: necesitábamos ser atropellados por nuestros propios sentidos, arrojados al mundo de lo oculto y lo secreto en una tarde de lujuria y sentimientos.

Llegaste a mi vida sin aviso. Llegaste descalza, desnuda con tu esbelta figura envuelta en un misterio de piel morena, de ojos grandes que me miran cuando te hablo al oído, cuando suspiro cerca de tu vientre buscando refugio de mi realidad, esconderme de ella.

Besé tus labios y succionaste mi alma completa que ahora es tuya. Me entregué a ti como un niño que en su inocencia se deja acariciar por la malicia que le sabe dulce, que es como nadar en joyas, en perlas brillantes que se ríen al contacto con mi placer. Eres una joven extraordinaria, belleza que se sublima y se tiende ante mi, abierta, como yo ante ti, despojado de todo ego, desnudo de cuerpo y de espíritu para que me tomes y me reinventes desarmándome.

Los días oscuros desaparecen con tu presencia. Las horas se desdibujan rápidamente en tu compañía y se retuercen calladas en el reloj que no para de contar nuestros besos y las caricias. Eres complaciente conmigo, me escuchas, me procuras caricias y me ofreces tu cuerpo. Te recibo en mi vida como un parpadeo entre nubes, como un roce en la espalda cuando las frías manos tocan los sexos, sexos que gotean, que escurren, que se desparraman enteros para el deleite nuestro.

Ambos nos alimentamos de nuestros suspiros, de nuestros labios succionando vida de nuestros cuerpos. Mujer morena, de pezones pequeños, de pelo largo y que se enreda con sus rizos en mi petrificada memoria. Te tengo a ti ahora y me tienes a mi, mi sexo es tuyo, que se muestra ante ti tímido y respetuoso: soy un hombre expuesto, un sacrificio que muere invocando a la fragilidad.

Thursday, March 25, 2010

CARTA DE AMOR



Dentro de mi cabeza, sigiloso y profundo era el grito mojados de su garganta; como gatos agonizantes sobre los destrozados techos de las ruinas; angustiosas moradas que mecieron mi encuentro contigo.

Ahora que lo recuerdo, se agita en mi interior una melancolía gris, ceniza que se arrastra por debajo de mi memoria.

"La lluvia lava todo" -respondiste a mi obstinada preocupación.

Últimamente el mundo es la lluvia. Torrentes de agua que se desploman sobre las bellas estructuras humanas que yacen por montones al centro del patio: desnudas y angulares; pálidas por la llovizna que las orienta lentamente y en silencio hacia la desaparición, hacia la entraña misma de la tierra.

"La lluvia lava todo" -no lo olvido.

Ayer me dejé envolver por la belleza profunda de tus ojos; esos ojos tuyos que fijos que miraban mientras disfrutamos de nuestra flor, esa flácida muñeca tendida a nuestro antojo en una piscina de sangre. Recuerdo tus piernas abiertas, orgullosas de tu rojo sexo, empapado por los jugos purpúreos derramados por la piel desollada de nuestra adorada víctima, inocente y dócil; ahogada entre nuestros cuerpos enamorados.

A tu partida me quedé solo, me sentí abandonado a la suerte del tiempo, penetrando con mi vista la tersa transparencia de la ventana, la cual a menudo y obstinadamente, era empañada por mi aliento, para intentar dibujar tu rostro: fantasma erógeno de mis agudas pasiones. La lluvia no cesaba y púrpura aún permanecía en mis manos, como si éste quisiera fijarse en mi piel, teñir mis adentros, marcarlos con el delirio de la furia. Te marchaste y ya comenzaba a extrañarte.

Sólo contigo puedo amar la vida a través de lo muerto: bellas flores son estas mujeres que atrapo por ti, que seduzco por ti, que son para ti.

He aprendido a adorarte por medio del sacrificio. Por medio del sacrilegio que se vuelve divino en su pecado, que me bautiza con la mancha original de lo impuro, con la sangre bendita de inocentes vírgenes... vacías y rancias.

A la flor de ayer la encontré agazapada en los arbustos, apresurada en la lluvia dispuesta a robar nuestros jugosos frutos, todos ellos batidos en lodo. Se mueren de hambre y por eso les resulta irresistible el alimento, aunque sean sobras o viles migajas cubiertas de mierda. Cazar a esas bellas creaturas es relativamente fácil, pues de un certero golpe en la nuca las derribo, para después besarlas en la frente sin arrepentimiento alguno, como pidiendo perdón a un Dios al que por dentro arrastras en la suciedad de tu odio.

En mi mente la aparición de tu rostro, apretando los labios contra tus dientes, ansiosa por el antojo, por el deseo, me enloquecía arrebatando de mi toda inservible moral de mi consciencia: la desmayé para ti, la secuestré para ti.

Ahora, que desde la ventana contemplo a lo que sobra de esa flor; sus restos en la lluvia me recuerdan a los frutos que ella recogía, su olor a tierra mojada, su sexo tierno cubierto de un vello menudo que a veces semejaba el suave musgo que crece entre las hojas de las orquídeas.

"Eres la doncella dulce de estos bosques oscuros, mudos centinelas de nuestros atroces y distinguidos vicios" -le susurrabas al oído, mientras ella se resistía a mis obstinadas mordidas.

La blanca piel de esta flor ahora yace en el patio blanda, la lluvia había hecho lo suyo sobre su cuerpo. El agua recorre cada uno de los cortes que le hiciste. Fueron precisos, limpios. Eres certera como el cirujano, fría como continente helado; vacía por dentro, ¡tan insaciable que me atrapas! Me diste de su carne, le hacía el amor mientras sus ojos se transformaban en perlas blancas, a punto de saltar de sus hundidas cuencas, hinchadas de llanto y dolor idescriptible.

"Nada como un amo puntual y asertivo" -dijiste y con su blanca piel de inmediato te vestiste.

Continuamos haciendo el amor a lado de la fogata, que en su ostentoso incendio resguardaba nuestra pasión. Recuerdo la silueta de tu cuerpo cubierto con la piel de aquella flor, el sabor de su sangre que aún no logro deshacer en mi saliva... Todo me hace hace frágil ahora que te has ido.

Mis lágrimas no son más que gotas que se ocultan en la lluvia, esa lluvia que "lo lava todo" y que se desploma sobre los cuerpos inertes de esas bellas flores, que se limpian y se desangran el patio de nuestro castillo.

Te escribo desde mi despiadada melancolía, pues me urge que regreses amada mía para amarnos más a través del sacrificio, del dolor y las penetrables heridas de nuestras mudas amantes. Nosotros las llamamos flores tiernamente; para los demás son tan solo muertas, viseras y cadáver.

Sigue lloviendo, últimamente el mundo es sólo la lluvia: "lluvia que lava todo".

Sunday, December 27, 2009

PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

-no competir, pues no me hace falta, ya estoy arriba de los demás

-no seguir comiendo tanto, pues de alguna manera debo controlar mi ansiedad sexual de otra forma menos nociva para mi hígado

-no seguir mirando a los demás como extraños, sino asumir que son extraños

-no volver a mentir sin que tenga consecuencias interesantes

-decir la verdad a toda costa sobre el propósito anterior

-estar más junto a los míos, pues sino, se vuelven de “otros”

-tratar en medida de lo posible de tener más enemigos, pues de ellos se aprende más por su falta de complacencia y te obligan a generar un autentico propósito: hacerlos rabiar

-tener unos sentimientos más finos, para saber a quien puedo abordar sin que se de cuenta y suelte toda la sopa

-pintar lo menos posible, para juntar y almacenar una cantidad suficiente de odio y resentimiento hacia el tiempo (lo dudo mucho)

-no pensar, es muy doloroso

-querer a todos tanto, que me alucinen y me prefieran lejos para que pueda dedicarme a mi vida

-sobre todo, me propongo a bajar de peso no mas por joder a los que no pueden

-ejercitarme con la misma intención

-tener más sexo y si es posible, lo más dirty, posible, sin “impermeable” y batido en aceites de sabores

-mandar al carajo los propósitos!!!

PD: ah!! Estar más cerca de mi perro, pues es el único que me sigue a todos lados sin condiciones, confía en mi, me mima y además, me respeta. jejeje;

LOS POSTEOS DEL PROX AÑO ESTAR SUUUUAVES!!! STAY TUNED!!!

Monday, November 02, 2009

BREVE ENSAYO SOBRE EL CUERPO ABYECTO



"Entonces su lengua se introduce en el encantador agujero, en cuanto que yo, por orden suya, con una mano le arranco el vello del coño a esta bella muchacha y con la otra le pellizco con fuerza el pecho naciente."

Marqués de Sade., Juliette o Las prosperidades del vicio.

Somos un cuerpo, y el cuerpo es lo que somos. Una suerte de contenedor de otros cuerpos que pueden desparramarse: viseras, órganos, fluidos, excreciones. El horror nace en cuanto ese contenedor tiende a su agrietamiento, a su rotura.[1] El cuerpo puede romperse, es un sólido poroso que excreta, que suda, que puede derramarse a la menor provocación de un atrevimiento. Los atrevimientos son de varios tipos, clases de heridas que se infringen sobre materia tersa, velluda: cortadura. Se abren en la coraza de la piel labios sangrientos en cualquiera de sus geografías, mudos en su mancillamiento, entreabiertos para dejar que se escape por ahí un poco de alma.[2] Rojez que duele, que se registra como la escisión que nos divide; un tú y un yo.
Abrir la boca es un acto de abyección.[3] Es un ofrecimiento, o quizá una amenaza. El otro que amenaza; un yo sediento de un tú. De la boca pueden provenir vituperios biológicos, un sonido leve de estrangulamiento, de incapacidad para el grito que se tuerce dentro, anima que huele agrio y seco: el aliento. Somos un cuerpo que deglute, ingiere, que también vomita y escupe: un dentro y afuera que ocurren simultáneos. [4]
Es el cuerpo, uno de los principios materiales básicos para la comprensión de lo abyecto. Nuestro cuerpo como capullo, dentro está la gestación de algo vivo, de órganos silentes que digieren, bombean, trituran, amalgaman, nutren, lubrican. Somos un cuerpo que mientras se mantiene en conjunto, se disfruta, se goza; que si se fisura, se corrompe, camina hacia lo impuro, hacia la posibilidad de contaminarse con un exterior invisible. Nos aterra su “apertura”, nos alarma esa disposición a la salida abrupta, incontenible. Su exteriorización accidentada o premeditada nos causa abyección.
Somos un cuerpo vivo, que en su conciencia como entidad biológica en desarrollo continuo, nos recuerda al instante y de manera autónoma, el peligroso acercamiento a la descomposición: manifestación casi intangible es ese momento cuando «lo muerto captura lo vivo».[5]
Materia, conjunto de conjuntos.[6] El cuerpo es una cápsula que se disuelve en el tiempo. Es un yo que poco a poco en su transformación deja de ser el yo y se pierde. Somos de un cuerpo con una conciencia maleable por las técnicas naturales que atentan contra la perpetuidad: somos cuerpo que muere, somos inevitabilidad encarnada.
En el transcurso de la vida, el cuerpo, cual “caparazón”[7] nos protege de un entorno erosionante. Decían los dualistas que el cuerpo guarda al alma y la mantiene cautiva: la psique es también un otro. Luego los monistas dicen que somos una sola entidad, que mente y soma con-viven, que son sin tiempos ni espacios aparte: ya no hay alma. Yo, como artista pintor digo, que cuando pinto compruebo el dualismo, que mi alma se desprende de mi cuerpo y se vuelve pensamiento, conciencia que contempla la terrible imagen del pintor diluido en pigmentos, carente de lógica, desbaratado. Yo, como artista hombre digo, que cuando pienso sobre lo que pinto compruebo al monismo, pues soy simultáneo con todo: acción del pintar y reflexión de la pintura a través de las letras aconteciendo al mismo tiempo: no hay alma. 
El cuerpo es también un sistema, un periférico de conductos, de vías. En ellas se transporta lo que dentro de nosotros se mueve en busca de la renovación. También se transportan las sustancias externas y se digieren, se fraccionan y se distribuyen para ganar nutrientes; los que no son asimilados por el cuerpo, se desechan, se tiran lejos. Se tiran lejos, aparte. Nos separamos.
Para Bataille las cosas abyectas pueden ser definidas como «objetos del acto imperativo de exclusión».[8] Son justo esos elementos que en su estado negativo de putrefacción se busca, ante todo, su eliminación. Lo abyecto se define ante los sentidos por las sustancias que se escapan tanto voluntaria, como involuntariamente. Somos testigos de como nos fraccionamos, nuestra fragilidad evidente.
En un contenedor de cristal pueden observarse sus implícitos. Las características físicas del cristal dan la ilusión de pureza, analogía imprescindible será el baño diario, la limpieza del caparazón. Pero el cristal en su materialidad nos permite ver el interior. No nos asusta, no nos sorprende. Nuestro cuerpo no permite la transparencia, más tratamos por medio de lo higiénico mantener la cercanía más estrecha con la transparencia. La abyección son esos licuados que se desbordan de un contenedor impermeable. Somos cuerpo con una piel, la transparencia imposible carnalizada en la obviedad biológica. Tu no puedes verme, yo no puedo verte; por eso eres otro.
Los cuerpos se corresponden, se buscan uno al otro. Pero su fracaso es cada vez más evidente. Pues en sus acercamientos, se percibe la otredad y sabemos que no podemos consumirla, hacerla nuestra. Si los flujos y excreciones de lo nuestro obedecen a nuestros ascos y repulsiones, en el otro son casi insoportables. Vemos que otro cuerpo se desparrama, se convulsiona al caminar en una repetida existencia hacia un destino que os es común: lo que perdura es ese estado de envejecimiento, rutina diaria por la descomposición. El otro lo rememora en nuestros adentros gelatinosos. Lo evitamos.
Hay unos cuerpos que gustan de otros cuerpos a manera de fragmentos. Los destazan y los abren, hasta los consumen y digieren. «Un cuerpo es una colección de piezas, de pedazos, de miembros, de zonas, de estados, de funciones.»[9] el cuerpo fuera de sí, de su constitución y de su acomodamiento original. Nos desfasa, nos mueve hacia lo terrible, nos sorprendemos de un cuerpo que se puede re-constituir por medio de unos cuantos cortes. Puede transformarse en materia abyecta por aspectos de animalidad, bestialidad infringida contra la carne.
En Bacon observamos un “bulto” de carne: se retuerce en las sábanas, camas que rechinan con el peso y gravedad de un cuerpo que se derrite como la cera de una vela rancia. Bacon comprendía al cuerpo como secciones, como retazos de una transfiguración de hombre a animal. Bacon destazó la forma y la muestra al revés. Somos un cuerpo que se contiene, que es un envase no hermético. Somos un cuerpo que se constituye en un orden, una natura. Partes de un rompecabezas que nos impacta cuando pierde esa noción de orden. El caos nos empuja a la bestialidad, desbarata nuestra humanidad. Se vuelve abyecta.
Cuando un yo se antepone a un tu, se confronta la piel contra la piel. Ambas “corazas” impenetrables que en el acto sexual se buscan, intuyen su acoplamiento. Somos parte del mundo, somos el mundo, el mundo es nosotros y nos causa abyección el de no poder configurarlo como un conjunto autocontenido, reunido en la sana imaginación. Se requiere entonces de cierta perversión. La carne necesita en nuestra fantasía ser una, no separada, íntegra.
Nuestro cuerpo en la excitación produce zumos y fluidos que pueden lamerse, saborearse, deglutirse. Ilusión de que el otro nos pertenece ahora, que somos parte de ese ajeno. Neciamente insistimos en ser uno, amándonos en la terrible canibalización de las excreciones. Flujos no prohibidos, posiblemente contaminados. Su patología podría invadirnos, volvernos frágiles. Somos un cuerpo ante el abismo, que depende de una consciencia que le permita depositarse sobre la base del mundo. Las bocas y los agujeros del cuerpo nos invitan a cruzarlos, a penetrarlos, nos invitan a la ilusión de estar dentro del otro.
La abyección es lo contrario a esa certeza. La abyección nos afronta con lo que podría salpicarnos, mojarnos, batirnos, ensuciarnos, expulsarnos. Lo más terrible de la abyección en el cuerpo, en nuestro cuerpo, es la sensación infame de que nuestro propio “caparazón”, se torna extraño, se vuelve la indiscutible imagen de El Otro.



[1] Douglas. Mary., Pureza y Peligro: un análisis de los conceptos de contaminación y tabú, Buenos Aires, Nueva Visión, 2007. p.10
[2] “El cuerpo es también una prisión para el alma. Allí purga una pena cuya naturaleza no es fácil de discernir, pero que fue muy grave. Por eso el cuerpo es tan pesado y tan penoso para el alma.” Nancy, Jean-Luc., 58 indicios sobre el cuerpo: extensión del alma, Buenos Aires, La cebra, 2007. p. 5
[3] manero brito, Roberto., Cuerpo, terror, abyección, México, CONCYTEG (Año 3, Núm. 36, 5 de junio de 2008) p.57
[4] “La exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan hasta lo insoportable: la deyección, el desperdicio, el innoble desecho que todavía forma parte de él, que todavía es de su sustancia y sobre todo de su actividad; es necesario que lo expulse y éste no es de sus menores oficios.” Nancy, Jean-Luc., Op. Cit p.28
[5] Medina, Cuauhtémoc., Teresa Margolles ¿De qué otra cosa podríamos hablar?-Espectralidad Materialista: fenomenología de lo muerto, Madrid, Editorial RM, 2009. p. 16
[6] “El cuerpo es un conjunto, se articula y se compone, se organiza.” Nancy, Jean-Luc., Ibid. p.18
[7] “La relación del hombre y su espacio circundante (...)se articula en una serie de caparazones sucesivos, (...)El más próximo al individuo, institucionalizado como centro, será su propia piel, (...).” TORRIJOS, FERNANDO., Arte efímero y espacio estético-Sobre el uso estético del espacio, Barcelona, Anthropos, 1988. p. 24
[8] BATAILLE, GEORGES., Obras escogidas. La abyección y las cosas miserables- § 14. Las cosas abyectas. México, Fontamara, 2006. p. 327
[9] Nancy, Jean-Luc., Ibid. p.23

Sunday, October 25, 2009

ESPERA


Siempre llego a casa con la premura de tocarme, de sentirte cerca a través de mis caricias, en la intimidad de mis convulsas ganas de tenerte para purificarte en un baño de saliva. Te alucino con el vestido rojo que contrasta con tu blanca piel, dejando ver la piernas que me rodean los hombros, tus lunares como placas negativas de astrónomos incansables, mis dedos que te miran y que aprietan tus tetas contra la deriva de mi perdición. Eres fuego distante que se resiste a quemarme, que no se mueve dentro de mi imaginación: se quedó inmóvil, perpetuo.

Me urge una cicatriz de tus llamas, una mordida en mis rodillas y acceder al martirio de tu ausencia. Negros ojos que se pierden difuminados en mi turbada memoria, cueva y caverna donde el fuego ya no proyecta sombras, que es negrura, infamia, invitación a cogerte por cada orificio.

Ahora andas lejos, respirando diferentes atmósferas en tierras lejanas. Por eso te pienso más, con la intensidad de lo prohibido, con la ternura del canario muerto que deja de cantar para morir en la eternidad de la nada, asfixiado en el aliento del tiempo. Soy así, masturbador compulsivo de mis órganos, de mis vísceras que palpo a diario desde dentro con una sola cosa en mente: tus labios entreabiertos esperando el fluir de mi masculinidad.

Me retuerzo en el piso, en las alfombras, en los sillones... me envuelvo en las sábanas pensando en tus manos que aprietan mis nalgas contra tu intensa forma de mujer, esa figura que no se borra por más que me drogo en los ambientes hostiles de mi furia, de mi rabia: miembros viriles que erectos se sacuden en mi rostro, que se sienten pequeños y diminutos trasladándose bajo mi piel, como hormigas salvajes, como larvas que te buscan para invadirte: soy tu parásito, habito en tu cueva de anillos intestinales... tu olvido.

Es la noche, la negra noche que es hermana caridad de tu cabellera, de tus manos que imagino apretando mi sexo rojo, hinchado a punto de estallar en tu rostro: luz solar, estremecimiento electrostático de fluidos corporales.

PD: Permanezco inmóvil, en blanco y negro que es mi vida en un presente que se siente pasado tan pronto.

Monday, August 31, 2009

GRADO CERO

Quiero irme a la chingada!

Wednesday, August 19, 2009

VIENTRE


Comenzaré por hablarle a tu vientre, ese vientre en el que se depositan mis ideas y pensamientos sonrojados. Vuelo sobre tu ombligo como mirlo que piensa en aventarse a su vacío, hundirse en él para ahogarse en su aire, en su espacio estrecho que me aprieta en la idea de tenerlo, para mí, ¡todo!

Si con la redondez de tu vientre puedo trazar huellas en las arenas de mis pérfidas galaxias, quisiera entonces tenerlo ya entre mis labios y a mordiscos llevarlo poco a poco a los terribles claustros de mi enmarañada memoria. Volverlo universo.

Es en tu vientre donde me pierdo, donde trazo círculos de invocación demoníaca, esquizoide en los parajes alucinógenos de tu estado mental lejano, perdido en los paradigmas de la conciencia. En tu vientre veo el epicentro de mi torrente interior, las venas, los flujos de sangre que se precipitan y hacen tumultos hermosos en mi sexo. Éste, lleno de venas hinchadas que orgullosas se revelan para mostrarte su adoración, adoración por tus colinas de piel, abultadas en toda la superficie de tu cuerpo.

Tu blancura es arena, tu vientre duna que se levanta, que se clava en mis ojos como pajas afiladas, sustrayendo toda inocencia de mis pupilas… arrojándola lejos.

Duermes con tus gatos –me los has dicho-. Envidio su pelaje que se mece en el escenario tranquilo de tu habitación. Contenedor de mundos psicodélicos abrochados en mi constante deseo de tenerte sedosa, echada en mi pecho, murmurado gemidos de placeres microscópicos diluidos entre los poros del tiempo.

Tu vientre, es Génesis de mi caricia, es Apocalipsis que me somete a la inmundicia, esa sucia sustancia que se llama lejanía, imposible despertar.

Sunday, June 07, 2009

PERINEO


En un extraño momento, me confundí entre las sábanas con ella. Sentí sus piernas sobre mis hombros, sus tobillos delgados, sus pies de pocelana… chupaba cada uno de sus dedos como si tratara de extraer el néctar de una rosa, con mis manos recorría sus largas pernas hasta su cadera, mientras sus labios revoloteaban en mis pezones, rosados, erectos, mirando hacia el frente con el orgullo de mi encanto... Me sé hermosa.

-Era el calamar mojado en excreciones, era el aborto de mis tiempos gloriosos a lado del Creador. ¡¿Cuántas hazañas juntos vivimos?! Y ahora me derrumba en el oscuro rincón de su olvido.-

Luego de amarla, me levanté y sobre su rostro traté de penetrar con mis dedos en su boca, primero un pie, luego un brazo, la cabeza… una vez dentro me envolví en su lengua, la mordía, me batía en su pegajosa baba, sabía a sal, sabía a semen que resbalaba en las paredes de la caverna. Me tragó, me trituró, me defecó.

-Mi general, el Señor de mis plegarias. ¡Oh dulce y hermoso Emperador! Ves mis lágrimas y de inmediato me das la espalda. Me tiras en el salón de espejos para que no tenga oportunidad de evadir mi triste imagen. Solo ante la luna, en una lamento ahogado de nuestras victorias, de nuestros desbordados deseos!-

Luego en el piso me arrastré hacia la coladera, me escondí de ahí de ella. Esperé unas horas para que el olor a mierda se difuminara entre el aroma de las flores, flores verdes y negras que se enredaban en mi piel: eran hongos, musgo negro. Luego me marché y caminé hacia el crepúsculo, sentí la humedad en mi sexo, se derramaba completo sobre el algodón de mi panty. Rosa, rojo, morado… crema, gusanos.

-Yo no te miro porque has dejado de adorarme como Único, como El que Es. Mis tres rostros ya no pueden ocuparse en admirar tu belleza. Camaleón, pantera, alacrán, gusano. Bella Luz, no llores más y álzate, erige tu reino en los intestinos del tiempo, en el misterio oculto para esos que bauticé “hombres”-

Llegué a casa, me bañe y tome un café. Cuidé a los míos, no pensé mas en ella.

-¡¡Creador, Creador!! Tus corceles se precipitan hacia mis ejércitos. Negros contra blancos angelicales. Te detesto Creador, misericordioso, todo amor, ¡toda venganza! Viviré aquí, esperando por tus ángeles, aguardando a que los días de lluvia y tornados, caigan sobre esos que a tu imagen amas sobre mi. ¡me vengaré, me cagaré sobre ti!!-

En la mañana los beso, les alimento. Se marchan diciéndome que me adoran, que me quieren. Soy su madre, les respondo igual a mis hijos. Comienzo a pensar en ella otra vez…

ARRIBA: Desbordate sobre mi. Acrílico 60 x 40 cm 2009, Mauricio Zárate

Wednesday, May 06, 2009

ONTOLOGÍA DE LAS ENTRAÑAS: signos-


Nada mas denso que la lenta flema que me recorre abstraída y pegajosa por el túnel rojizo de la faringe. La herida del cuello se abre despacio mientras la cabeza cae... reclinada, cansada hacia atrás para tenderse en el imaginario del espanto.

Yo solo puedo contemplar la obra de esa sublime maldad vestida de rosas, de flores blancas que se adhieren a mi piel como sanguijuelas, sedientas no de sangre, sino de la mucosidad tibia de mis infectos pulmones: látex relleno de cristalino semen.

Agujeros en los párpados, ámpulas traslúcidas que permiten ver el tránsito agitado de las larvas, criaturas pequeñas y mínimas en el espacio, pero enormes en el asco; proporción distorsionada de mi realidad como ser, como el que soy.

Dices que mi aliento no soporta más su propio hedor, que se pierde en la pestilencia de nuestros besos, de los remolinos que trazan trayectorias de infinitas perfidias: soy el reflejo protervo.

No basta con meter los dedos en los agujeros que tiene en la piel, en todo el cuerpo. Cada uno vacío, dilatado… ¡cientos de ellos! Pequeñitos, absorbentes, poros de insatisfacción y vómito fingido.

Ese es el diagnóstico de nuestro amor que se lacera y se cubre de ese gris verdoso, como el del cadáver de anoche, nuestro festín de sexo en la necrología de nuestros adentros. Humanos todos, sedientos, sangrantes, que gritan, se tuercen y se incuban ¡dentro de sus propios mocos!

El niño sonrrie, no, espera... su rostro esta dividido a destajo!!

Friday, April 10, 2009

GUSANOS


Estoy envuelto por el colon del tedio, estático, paralítico… desgarrado. Miro dentro y soy ese que se arrastra y se contorsiona con sonidos pervertidos, gemidos que erizan la piel, que devuelven a mi falo rigidez y encanto. Soy presa de mi propia miseria transformada en la negrura de mi colapso, paseando en las viseras de mi armonía desangrada ante la luna: ojo que impávido contempla mi homicidio.

De pequeño me encerraban en lo mas recóndito de las calderas, me dejaban arder con el fuego de mi infierno y como monstruo me arañaba el alma inconsolable. Me pierdo. Me miro lejano dentro de mi propio espacio, engullido en la suave humedad de este colon que se contractura y me aprieta, hasta que de mí solo resta pus y sangre, lágrimas de piel que se absorben en la grandiosa melancolía.

Babeo, eyaculo en la escisión de la carne. Agujeros que se dilatan y me invitan a visitarlos dentro, a llenarlos con mis restos. Son anos de rapiña, que devoran con dientes finos moliendo toda noción de mi humana posibilidad, de transgredir el límite del paraíso y fusionarlo amorosamente con el averno.

Mi propio culo se exprime y de sus jugos nacen amantes líquidos que juegan con tu lengua, reproducida miles de veces en las paredes intestinales de nuestro encuentro. Somos uno que se divide y multiplica; diablos que juegan a ser ángeles derrotados en las sábanas, atados a dildos que perforan el núcleo mismo de la tierra y la invierten: lo que estuvo dentro, ahora esta afuera.

Recorrido interno con piel de semen y sustancias lubricantes que brillan reflejando tus ojos. Así me paseo por tu infamia, por tu arrogancia; así mi fusiono tiernamente con tu crimen y tu castigo. Eres la hermana y la madre de mis lujurias, de mis necesidades insatisfechas, ¡de esas ansias que nunca se alejan!

Madera oxidada con las salivas y los espasmos, sábanas sedientas de tu líquidos desparramados, de mi escroto flácido, suspendido en la atmósfera como ídolo pagano, como monumento al ahogamiento, recuerdo imborrable del colon que me come y que me traga.

Mi esfínter chupa delicadamente cada dedo tuyo, con la misma delicadeza que usa la trucha cuando succiona tus pulgares y masajea tus pies con su resbalosa corporeidad. Estamos existiendo repulsivos en el epicentro de nuestros engaños, de las traiciones. Cogiéndonos con el encanto de un paisaje encerrado, cumpliendo la cadena perpetua de mi encierro, en el colon del tedio.


Sunday, March 29, 2009

SOBRE LAS FANTASIAS -PARTE II-


La fantasía sexual es un acontecimiento que se desenvuelve en la mente de manera especial. Aparte de los acontecimientos en el cerebro, que le presenten como una actividad neuronal específica de la consciencia, no deja de ser una manifestación clara y evidentemente subjetiva, por no decir psicológica, y que incluye a lo corpóreo como uno de sus fines, pero como veremos, solo en apariencia.

Su subjetividad consiste en los “condimentos” que le agregamos y que la hacen particular y puntualmente nuestra. Es un platillo carente de receta previa, pero que simplemente es, como parte de una interioridad individual y con un persistente matiz egoísta. No son las fantasías sexuales de ninguna manera comunes, es decir, compartidas en la colectividad. Cuando encontramos a alguien que dice tener una fantasía igual a la nuestra, éste miente, aunque sin mala intensión y probablemente, impulsado por la misma trayectoria sin freno de su propia fantasía: la fantasía de que ha encontrado a alguien con esa misma quimera, es sólo una conformación virtual y engañosa de la misma fantasía, que se pretende experimentada colectivamente.

Me remito a la analogía expuesta en la primera parte, donde sostengo que los sueños son esas imágenes mentales que son sólo nuestras. Lo mismo ocurre con las fantasías, y es por ello que no pueden ser compartidas o representadas de la misma manera por cada individuo, o expuesto de otra manera, no es posible que la misma representación mental de una fantasía, se conforme igual en la mente de individuos distintos. Cada uno tiene su particularidad, aunque dicha aseveración parezca redundante y hasta absurda por su obviedad.

Pero este asunto de lo particular no es un concepto ligero. Thomas Nagel lo ha expuesto en sus ensayos. Para Nagel uno es esencialmente su cerebro. Eso que es nuestro cerebro es lo que nos conforma como un ente diferente e impredecible entre los demás. Si todo proceso mental se sintetizara a un entendimiento y procedimiento razonado de todos los mecanismos que me hacen tener una representación mental (cualquiera), entonces sería posible duplicar esas representaciones de la misma manera, por ejemplo, en un sistema cibernético.

Pero ese cuestionamiento de Nagel sobre la individualidad, sobre ese self nos indica que hay un algo que nos hace ser de determinada forma. Los contenidos de esas formas singulares así mismo poseen esas características de nuestra propiedad única, imposible de duplicar.

Lo fantástico placentero que habita en nuestra mente cuando deseamos algo específico, adquiere el modelo de algo concreto, particular. Sabemos a la perfección que es lo que queremos, cómo y cuando. Su concretismo no hace a la fantasía algo objetivo. Esa nomenclatura tan solo sirve como apuntador de su forma.

En ese preciso momento, entra en el juego la individualidad. Al puntualizar la imagen de lo deseado en algo definido, nos mostramos como somos y como queremos ser. Nada tiene que ver con un alter ego, es distinto, pues ese querer ser no tiene relación con una superioridad arquetípica, tiene que ver con la posibilidad de experimentar nuestro cuerpo, a través y gracias a otro cuerpo. Pero es solo una idea que sirve de motor e impulso, inexplicable en el terreno de la voluntad. La ilusión de llevar a cabo la fantasía de uno, cobra una dimensión distinta, pues nos brinda la oportunidad de afirmarnos como cuerpo y ya no como mente. La individualidad conforma un ente que se reconoce a sí mismo gracias a las sensaciones que percibimos del otro, que se valúa no por su presencia, sino por lo que puede ayudarnos a presenciar como nuestra carne.

Todo este desarrollo teórico va haciendo de nuestras fantasías sexuales, un evento rico y complejo, pero al mismo tiempo peligroso si no se tiene consciencia de que su constitución fantástica, debe permanecer tal cual, o de lo contrario, como antes ya lo he expuesto, el individuo puede caer en la trampa de la ilusión.

Con esto no quiero decir, que tratar de aventurarnos en la realización de una imagen fantástica sea vedado y que sólo debemos conservar esa fantasía en su propio terreno abstracto, dicho de otra forma, lo prioritario será en todo momento, la claridad intelectual con la que debemos actuar respecto a nuestra ilusión; mantenerla en su contexto.

Este discurso ensaya sobre ese problema, y las hipótesis pueden ser varias. La más importante, es aquella en la que señalo que toda fantasía sexual, es un modelo mental, intelectual, que no hallará satisfacción en su transición al mundo de lo físico palpable. Quizá nos encontremos con otros problemas, como el que concierne al tipo de fantasía del que se esta hablando. Trato en esta reflexión sobre la fantasía sexual, porque percibo semejanzas con otros pensamientos humanos que no encuentran claridad en el mundo exterior, por lo menos, no igual a la que se tiene en el mundo interior, como en el caso de la creación artística.

Nuestro cerebro construye nuestra realidad, sólo nuestra; y éste es un principio fundamental para partir hacia el sustento y comprobación de una hipótesis que plantea a lo fantástico, como algo que por naturaleza propia, es insaciable por su carácter posible pero paradójicamente irrealizable.

Se sigue fantaseando porque es una necesidad de comprobar límites transparentes, transgredibles y sin consecuencias irreversibles. Las fantasía que se orienta en los terrenos sexuales eróticos, existen en la mente de los individuos que desde su amanecer en su sensualidad, las experimentan con la idea de que alguna vez podrá realizarlas, olvidando ingenuamente, que eso, no depende exclusivamente de él.

De cierto modo, esa idea de alcanzar lo inalcanzable en cuanto a los apetitos sexuales más elaborados, es una manera de mantener la atención y la audacia, al momento de afrontarnos con una situación real y concreta por ejemplo, a la hora de hacer el amor con una pareja que ignore, lo que se proyecta dentro de nuestro interior a manera de estimulante virtual, representaciones mentales erotizantes y que funcionan como un estimulante infalible contra una rutina sexual estable. 

Tuesday, March 24, 2009

SOBRE LAS FANTASIAS -PARTE I-


Si las fantasías se realizan, dejan de ser fantasías y sufren el destierro de nuestros anhelos, lejos a un infierno donde ya nunca serán, a pesar de su permanente lucha por seguir siendo.

Pero para fortuna de las fantasías, éstas siempre lo serán en una demostración terrible de inmortalidad suprema. La desgarradura de lo fantástico, de verse en situaciones imposibles aunque posibles, es su propósito, es su esencia y su jugo, su razón de ser en el terreno de la naturaleza.

El sujeto, obstinado en la realización de sus fantasías, se hunde el baúl de lo irrealizable, se vuelve cárcel de sí mismo y entre más trata de lograr su materialización, más cerca esta del fracaso y del impulso que no le permitirá parar, encontrar suspiro de alivio, es decir: satisfacción absoluta.

El que interioriza una imagen fantástica en el epicentro de su lascivia se encuentra ante el dilema de lo realizable. Encontrarse ante el hecho de que toda cosa imaginada puede adquirir forma y realidad en el mundo, es un acto comparable a la experiencia que se vive cuando se está al filo de un precipicio: se siente la gana de arrojarse, pero una moral secreta nos frena en seco, arruinando la ilusión de que podemos volar y de estallar bajo la promesa de una resurrección que asegura nuestro resguardo, no pasará nada, quedaremos intactos.

Intentar trasgredir esta frontera de lo fantástico sexual, conduce a una frustración semejante a la que lleva al artista a su taller, a seguir luchando con la materia y tratar de convertirla en esa representación interior de su mente, que lo persigue como fantasmagoría implorando la reencarnación en una pieza única y definitiva.

La fantasía sexual es un impulso parecido a los que describe la “Voluntad” de Schopenhauer, inexplicable y carente de fundamento. Es esa materia de lo impensado que con cada partícula conecta nuestros deseos y les deposita en la libido esperando pacientes a que se realicen, pero es justo en la idea de lo deseado, donde obtenemos el verdadero placer. Su realización le acerca al fraude, a lo imprevisto, a la improvisación que le arrebata su plan simétrico.

La paradoja de lo fantástico sexual es, que está condicionado a ser de esa forma y no trascender nunca al terreno de lo material. La fantasía esta condenada a ser fantasía de la misma manera en que los sueños padecen de esa misma sentencia: a ser por siempre nuestros.

Atrapadas en un ente social es algo atroz, pues en nuestra colectividad solemos compartir nuestros sueños aunque sea de manera ilusoria, pero las fantasías, además de ser tremendamente deliciosas, suelen callarse por el recato y por la sensación de que nos exponemos en lo más íntimo de una forma que tiende a lo ridículo, a la incomprensión y a la crítica. La fantasía es un espectáculo para nuestro propio deleite y neciamente, nos preocupamos por la manera en que éstas, se llevaran a cabo.

La planeación es parte de lo fantástico. Su ejecución requiere de una minuciosa destreza, todo debe salir de acuerdo a lo planeado. El proyecto es sin duda alguna, parte sustancial de lo fantástico sexual, pues le transfiere esa subliminalidad del rito, de la veneración a símbolos únicos y precisos que imaginamos de manera concreta. No aceptamos imitaciones, pues sus remedos, solo acarrean el sinsabor de una mala comedia.

En un corto del cineasta Jan Svankmajer “Food” nos fascinamos con la estructura de una narrativa continua sobre ese alimento que se prepara y no termina nunca de condimentarse, de prepararse para ser comido en algún momento, en algún lugar del espacio tiempo que se prorroga hasta el infinito.

Quizá el placer de degustar ese platillo no es el punto culminante del comensal hedonista, pues al parecer es el acto de condimentarlo y cocinarlo, lo que brinda el máximo placer en la construcción del espejismo de su ilusión. En la escena del corto de Svankmajer, el comensal obsesivo no para de aderezar su platillo: prepara su fantasía, sin freno, ni límite.

El proyecto simétrico del que antes ya he hablado, puede sufrir una descomposición en su eje y como consecuencia, perderemos interés en su consagración.

El deseo necesita de ese ingrediente fantástico que nos traslade a lugares probables o imposibles, a territorios expuestos o cerrados, pero siempre con la constante de su perfección, tal como la queremos. Lo contingente es lo imprevisto, y éste hará su parte cuando nos decidamos a probar nuestra fantasía. Cambios repentinos, movimientos distintos, ritmos opuestos, sabores y olores contrarios a los imaginados.

A manera de conclusión preliminar sobre esta reflexión de la fantasía sexual, debo decir, que otra variable en la ejecución de nuestra fantasía es si se trata de una fantasía en solitario o en compañía, pues si agregamos a la ecuación básica de la fantasía individual la variable de otro sujeto, otra psique, otra estructura de pensamiento y de deseo; como resultado obtendremos una aberración que en todo momento, irá en contra de nuestra simétrica planeación, se romperá el encanto.