
En un extraño momento, me confundí entre las sábanas con ella. Sentí sus piernas sobre mis hombros, sus tobillos delgados, sus pies de pocelana… chupaba cada uno de sus dedos como si tratara de extraer el néctar de una rosa, con mis manos recorría sus largas pernas hasta su cadera, mientras sus labios revoloteaban en mis pezones, rosados, erectos, mirando hacia el frente con el orgullo de mi encanto... Me sé hermosa.
-Era el calamar mojado en excreciones, era el aborto de mis tiempos gloriosos a lado del Creador. ¡¿Cuántas hazañas juntos vivimos?! Y ahora me derrumba en el oscuro rincón de su olvido.-
Luego de amarla, me levanté y sobre su rostro traté de penetrar con mis dedos en su boca, primero un pie, luego un brazo, la cabeza… una vez dentro me envolví en su lengua, la mordía, me batía en su pegajosa baba, sabía a sal, sabía a semen que resbalaba en las paredes de la caverna. Me tragó, me trituró, me defecó.
-Mi general, el Señor de mis plegarias. ¡Oh dulce y hermoso Emperador! Ves mis lágrimas y de inmediato me das la espalda. Me tiras en el salón de espejos para que no tenga oportunidad de evadir mi triste imagen. Solo ante la luna, en una lamento ahogado de nuestras victorias, de nuestros desbordados deseos!-
Luego en el piso me arrastré hacia la coladera, me escondí de ahí de ella. Esperé unas horas para que el olor a mierda se difuminara entre el aroma de las flores, flores verdes y negras que se enredaban en mi piel: eran hongos, musgo negro. Luego me marché y caminé hacia el crepúsculo, sentí la humedad en mi sexo, se derramaba completo sobre el algodón de mi panty. Rosa, rojo, morado… crema, gusanos.
-Yo no te miro porque has dejado de adorarme como Único, como El que Es. Mis tres rostros ya no pueden ocuparse en admirar tu belleza. Camaleón, pantera, alacrán, gusano. Bella Luz, no llores más y álzate, erige tu reino en los intestinos del tiempo, en el misterio oculto para esos que bauticé “hombres”-
Llegué a casa, me bañe y tome un café. Cuidé a los míos, no pensé mas en ella.
-¡¡Creador, Creador!! Tus corceles se precipitan hacia mis ejércitos. Negros contra blancos angelicales. Te detesto Creador, misericordioso, todo amor, ¡toda venganza! Viviré aquí, esperando por tus ángeles, aguardando a que los días de lluvia y tornados, caigan sobre esos que a tu imagen amas sobre mi. ¡me vengaré, me cagaré sobre ti!!-
En la mañana los beso, les alimento. Se marchan diciéndome que me adoran, que me quieren. Soy su madre, les respondo igual a mis hijos. Comienzo a pensar en ella otra vez…
ARRIBA: Desbordate sobre mi. Acrílico 60 x 40 cm 2009, Mauricio Zárate
-Era el calamar mojado en excreciones, era el aborto de mis tiempos gloriosos a lado del Creador. ¡¿Cuántas hazañas juntos vivimos?! Y ahora me derrumba en el oscuro rincón de su olvido.-
Luego de amarla, me levanté y sobre su rostro traté de penetrar con mis dedos en su boca, primero un pie, luego un brazo, la cabeza… una vez dentro me envolví en su lengua, la mordía, me batía en su pegajosa baba, sabía a sal, sabía a semen que resbalaba en las paredes de la caverna. Me tragó, me trituró, me defecó.
-Mi general, el Señor de mis plegarias. ¡Oh dulce y hermoso Emperador! Ves mis lágrimas y de inmediato me das la espalda. Me tiras en el salón de espejos para que no tenga oportunidad de evadir mi triste imagen. Solo ante la luna, en una lamento ahogado de nuestras victorias, de nuestros desbordados deseos!-
Luego en el piso me arrastré hacia la coladera, me escondí de ahí de ella. Esperé unas horas para que el olor a mierda se difuminara entre el aroma de las flores, flores verdes y negras que se enredaban en mi piel: eran hongos, musgo negro. Luego me marché y caminé hacia el crepúsculo, sentí la humedad en mi sexo, se derramaba completo sobre el algodón de mi panty. Rosa, rojo, morado… crema, gusanos.
-Yo no te miro porque has dejado de adorarme como Único, como El que Es. Mis tres rostros ya no pueden ocuparse en admirar tu belleza. Camaleón, pantera, alacrán, gusano. Bella Luz, no llores más y álzate, erige tu reino en los intestinos del tiempo, en el misterio oculto para esos que bauticé “hombres”-
Llegué a casa, me bañe y tome un café. Cuidé a los míos, no pensé mas en ella.
-¡¡Creador, Creador!! Tus corceles se precipitan hacia mis ejércitos. Negros contra blancos angelicales. Te detesto Creador, misericordioso, todo amor, ¡toda venganza! Viviré aquí, esperando por tus ángeles, aguardando a que los días de lluvia y tornados, caigan sobre esos que a tu imagen amas sobre mi. ¡me vengaré, me cagaré sobre ti!!-
En la mañana los beso, les alimento. Se marchan diciéndome que me adoran, que me quieren. Soy su madre, les respondo igual a mis hijos. Comienzo a pensar en ella otra vez…
ARRIBA: Desbordate sobre mi. Acrílico 60 x 40 cm 2009, Mauricio Zárate
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