Monday, February 16, 2009

DESTRUIR AL MUNDO



“No emotions to swallow, look at the Black sky and cut your throat for me”

He llegado a la triste, pero esperada conclusión de que todo lo exterior es una farsa. Mi devoción por lo auténtico, por lo inédito ha tocado el fondo y es hora de salir a la superficie. Me siento agotado, agobiado… con ganas de irme lejos de mi y de todos. Arqueólogo que regresa de un desierto hostil.

Lo único que he encontrado a mi alrededor es la simulación de una no-vida, de una existencia fútil y engañosa, inmisericorde en su pretenciosa y presumida gana de incluirnos en un mundo que no nos quiere, que nos rechaza, que lucha por abortarnos.

Supongo que he vivido mi vida bien. Ha sido dulce, intensa, llena de cosas vivas que me han estremecido, que me han tocado en la fibra más sensible de mi fragilidad. Por eso es que pienso en este viaje, en esta huída de mi, en la posibilidad de no volver a ver mi rostro, inmerso en la angustia de la apariencia. Es el inicio de un despertar.

Pero a pesar de mis palabras cataclísmicas, solo puedo afirmar que hasta el día de hoy he vivido cosas que me han regresado al mundo de otra forma, transformado, adaptado a sus adversidades con la protección extra del conocimiento.

La ciencia hizo evidente, que en el ambiente adverso del metano, crecen unos gusanillos que en su ciclo bacteriológico, han encontrado la manera de convertir al elemento venenoso en una toxicidad vital que les mantiene y les procura la existencia segura en un lugar sin luz, sin cielo, solo líquido ponzoñoso que su ADN ha transformado en su perfecto hogar. Arrullo en los misterios de la evolución, adaptabilidad de la vida. Silencio cósmico...

Soy un bicho, una cécula que de cierta forma se gesta en el veneno. Mi plasma es ese que sabe ácido y que como sudor no puede evitarse a las altas temperaturas del alma.

Soy aquel que no tiene historia, aquel que desaparece y regresa como fantasma en esta urbe que se corrompe, en esta sociedad inmunda que no merece la perpetuidad, sino su fulminación inmediata.

El homo eroticus ha muerto en latitudes públicas. Se le ha encontrado desgarrado, sin piel, sin miembros; como un guiñapo harapiento, mugroso y difuminado entre la suciedad y la inmundicia.

Soy el que lame heridas y las abre solo para gozar su agonía. Soy el que abre los ojos dentro de océanos de sangre, en ríos de saliva, en esperma que se diluye en mis hemisferios cerebrales como continentes helados, amenazados por luz intensa de las estrellas.

Quiero destruir el mundo, hacerlo pedazos y reconstruirlo, re-hacerlo para que sea otro, no el mismo. Un mundo sin la orientación de la moral, sin la ética, caos en esencia: infierno para unos, paraíso para otros.

El dilema es:
-¿qué más puede suceder después de la orgía?-

¡Quiero mi inocencia de vuelta!
pero antes: ¡Quiero destruir al mundo!

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