Tuesday, December 30, 2008

DESPEDIDA

Regularmente, bebo del veneno de la cotidianidad y me pongo ebrio con sus jugarretas abusivas, que me aromatizan con bálsamo rancio, como orines viejos destilados en la esquina mugrosa de alguna calle perdida de esta inmisericorde ciudad.

Los últimos días del año se han marchitado pronto, y me alegra que tengan ese buqué a muerto, a cadáver que se encuentra tieso en el frío grisáceo y grotesco de estas fiestas vanas de felicidad simulada.

Me cubro de colores inútilmente, pero cooperando con el simulacro de sentirse a gusto en esta vida llena de desdichas, de sinsabores que son exquisitos y que disfruto malignamente con deseos de que se arrojen sobre los demás y los maten con una trágica avalancha de mordidas. Que les despojen violentamente de su piel.

Por la mañanas veo como mis hijos se deshacen en las llamas, mis hermanos en las ruinas que presagian al futuro, que nos mira directo con ojos amarillos y redondos, con las pupilas dilatadas hambrientas de sangre y excrecencias, arrojadas al piso como esas, que salen del los ahorcados justo en el momento en el que la soga les aprieta el cuello, estrangulando junto con la carne toda esperanza, violada, ultrajada.

Estos días deambulo con el humor desgarrado en las aceras, arrastro mi imagen como no queriendo, con trabajo, es pesada y se desparrama al primer descuido.

Soy ese que se adorna con tiras de entrañas y las contempla mientras las devora. Soy ese que se fragmenta en trozos pequeños de grasa y que vaga por el mundo con la faringe expuesta, abierta como las puertas purulentas del mismo infierno.

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