I. NIÑO HERIDO (o sobre la infancia de Perseo)
Puerorum Mactus...
Desde el epicentro mismo de la infamia, he nacido.
Mi cuerpo,
batido en una rica variedad de sustancias que se prestan para la ejecución de
lo turbio. El fango este al que llaman “tiempo”, no es más que una versión compasiva del espíritu intolerante de Cronos.
Analizo con cuidado cada pliegue de mi piel y en ella encuentro la
marca de un intento.
(Dazeth calla, mira atento)
Mi cuerpo, nuestro cuerpo, nunca es el mismo.
Siempre desea, quiere ser algo más.
Mi cuerpo, nuestro cuerpo, nunca es el mismo.
Siempre desea, quiere ser algo más.
Vienen a mi mente las imágenes del delirio, de ese suspiro llamado
infancia, de ese infierno que se muestra a diario en los días que vivo: mi
condena es vivir atado al pasado atroz, a un tiempo verbal que se niega
a toda costa ser sepultado cada vez que mi sexo se yergue intentando demostrar
que es libre.
Sólo máscaras, caretas que ocultan los hechos indómitos del
autodesprecio.
Soy la deidad más querida de la tragedia, ¡el ídolo de Ciorán!
II. A FOREST
Despliego mis alas. Lado a lado puede observarse su negro plumaje
violando al espacio. Mi circunstancia es la del despegue, retiro mis garras y
me desprendo de este paraje abandonado que hasta ahora ha sido mi vida. Me
reúno con los colores más sublimes de la lujuria, indómita, sin freno, que me
orienta en las espirales más complejas de lo abyecto.
Luego... espero...
Aterrizo, me a-ras-tro...
... Repto.
Aterrizo, me a-ras-tro...
... Repto.
Fluyo con el trazo del pincel que irriga eyaculaciones por toda la
superficie del lienzo. Ahora soy el Creador de sombras, el que ríe detrás de la
imberbe porcelana de mi inocencia. Me deslizo, me contorsiono con sonido de
larva y encuentro los textos, los diarios donde hablo de Dazeth, aquel Arcángel
quien hace de la belleza retazos y suspiros. Dazeth es el emperador de esas
tierras baldías donde yace el mundo:
¡sumido en sus gritos!
«En los bosques reside el
mal. En su espesor natural se oculta el rostro verdadero de lo inexplicable, de
lo “dado”. Mundo que está ahí, aguardando a hacer trizas toda lógica-gramátical que nos salve de la locura. Dazeth fue el ángel que diseño para el Eterno a
los hombres. Les quiso, les amó… Luego el Eterno desparramó toda su clemencia y
perdón sobre esas criaturas bocetadas por Dazeth, les hizo suyos, les firmó con
sacramentos para luego ser Su dueño (...) y Dazeth caminó por milenios solo en el
bosque denso del paraíso, llorando la pérdida, lamentando su exilio.
¡Bello es en verdad el
arcángel Dazeth! Él hizo los primeros trazos que perfilaron al hombre como un ser maravilloso, capaz de asombrarse por todas las cosas hechas y configuradas
en la materialidad del mundo. Pero el Eterno se adjudicó esos diseños, le
complacieron tanto que los hizo hijos únicos de Su gloria. Dazeth reclamó lo
suyo, pero el Eterno, le negó autoría y le sometió al castigo. “Todo lo que
toques Dazeth, todo lo que amas será velado por la putrefacción y el olvido,
pues nadie te recordará como el artista que armó cada órgano de mis hijos. Cada
vez que intentes siquiera murmurar que les amas y les adoras, toda su belleza
se consumirá en el vaho fétido del derrumbe».
Limpio mis ojos de toda lágrima. Regreso a mis pinceles, considero
a los colores, armo en mi mente posibilidades de figuración. Guardo silencio…
III. FELACIÓN (o de cómo pude vaciarme completo en las cavernas de
(tu) ficción)
-UN DÍA DE FREBRERO
Llegué en punto de las seis, como lo habíamos acordado. Me detuve
unos cuántos segundos para respirar, sólo para estar seguro de que había tomado
las decisiones correctas, el atrevimiento sobre aquello que hace meses, o quizá
años, parecía imposible: que me amaras tanto como yo a ti.
-UN DÍA EN EL OLVIDO
Tomaste entre tus labios la delicada piel que se extiende a lo
largo de mi virilidad. La succionas con la gentileza de las hadas y contorneas
tus dedos sobre mis pezones: sabes que ese es el punto geográfico de mi locura.
«Dazeth regresa triste de
aquella bienvenida del hombre».
No logro concentrarme en mi orgasmo. Las imágenes que predicen
nuestra separación se atraviesan una tras otra. Son presagios que El Eterno me proyecta en la mente, me
habla, me susurra, son secretos… Sólo yo lo sé, tú no.
«-Dazeth: hermano Belial ¿Por qué procrear con los muertos si sólo
se engendran larvas?
-->
-Belial: se llama apego mi querido hermano, se llama recuerdo.»





