Monday, September 10, 2012

IMAGINANDOTE: para olvidarte



Hoy extiendo mi cuerpo hasta alcanzarte. De mi piel tomo cada milímetro para poder cubrirte del frio, del olvido… me toco pensando en tus besos: ¡no me canso de imaginarte!

Llego ante mi cuadro y me rodea la sombra: la incertidumbre de tu sabor, de tu olor. El único consuelo que me procuro es embarrar pintura sobre la tela, pensando en tus manos, en tus dedos largos, blancos, de uñas aperladas en la penumbra de mi vida. Pintando intento sanar de ti, intento distraerme, perderme en el amorío perpetuo con la pintura… pero mis recuerdos de ti, mujer, me conducen a las sábanas y me desnudo, y me imagino tu voz susurrando mi nombre.

En el oleaje de la cama alborotada te siento, puedo construirte como si fueras escultura, monumento al recuerdo que se hace carne, a la carne que se perfora y se desgarra cada vez que respiro sobre tu vulva, cada vez que lentamente la recorro con la mirada tierna de mi gusto: lengua que repta en una danza de muerte con tu piel, aquella rosada que se hincha de misterios internos.

Si venirme es la culminación de un rito amoroso, extraviado en la solitaria distancia del tiempo, entonces me resisto a terminar antes de imaginar como envuelves mi piel, como me atrapas entre tus piernas succionando mi existir para ser sólo tuyo, mi sacrificio, ofrenda para ti.

Pero la tarde cuenta los minutos y amenaza con esfumarse. Necesito luz para seguir pintando, pero sobre todo, de tu cuerpo, de tu tangible amor y tu penetrante deseo.

Mi pintura surge como el paliativo, como el remedio casero para intentar…olvidarte.

DE MIS AMANTES: la locura


Soy el ansia que devora tus uñas, soy el depósito abierto de tu negrura, el lecho tibio y tierno de tu piel cuando decides dejarte caer.

Pisando las hojas secas es como puedo recordar aquella tarde en la cual me mirabas fijo… flotamos durante horas en ese tiempo vacío, en esa, nuestra historia herida.

Mi cuerpo te reclama. Mis labios se endulzan con saliva ligera, transparente, que emana directamente de mi deseo, de ese saborearse de tu sudor, de tu llanto, de tu sonrisa. Mi cuerpo te reclama, pues me he quedado sólo, abandonado en este infierno frío, de azules crueles que lloran con matices agrios de tu adiós.

Imagino tu boca, tu aliento viviendo junto al mío, atrapado por mis párpados, bendecido por la gloriosa conclusión de un apocalipsis de sexo, de tiranía, de dolor y sobre todo, de dulzura... que no acaba. Sigue.

Petrificado. Convertido en mito, nuestro amor cobijado bajo el odio mutuo, embalsamado por las horas: así he quedado sin ti, así dejo de verme, así desaparezco… en la exquisita tortura del vómito, en la mierda que se desparrama en pequeñas plastas sobre mi vida y que me obliga a la transformación.

Imposible vivir sin esa emoción, sin ese calabozo en el cual tú y yo hicimos de nuestros cuerpos, muros, agujeros, perforaciones… salitre, óxido… nada.

Wednesday, August 29, 2012

TIRANDO DEL PUENTE: CAÍDA




Veo en tus ojos la distancia de tu partida. 

En esos plomosos recuerdos, tu mirada me dice con fuerza lo que ni siquiera la mejor de las retóricas podría expresar: me olvidas.

Los días en que tú y yo enlazamos nuestros cuerpos, ahora pertenecen a la arqueología que estudia las ruinas de lo que fuimos. 

Hoy ya somos otros. 
Separados. 
En lugares distintos, sin embargo, besamos la misma tierra.

Sudores, humedades, fluidos corporales de sabores frescos y agraciados, los extraño. Extraño tus grandes ojos viéndome... 

La manera en que los cerrabas (...) imaginando que dejabas de ser tú, y te dejabas revolcar en los fangos de mi perfidia.

Siempre te quise, sólo que hoy (...) 

                                                                      ... ya somos otros...

Sunday, February 05, 2012

FENIX: el Verbo

Hace un par de días decidí regresar al espacio de los blogs. Una difícil decision, pues me había concentrado en algunas crisis personales que de pronto me dejaron varado frente a un gran páramo. En fin. Hoy regreso con un texto reciente, incluido en mi tesis de grado como parte de mi producción creativa.

El texto se llama El Verbo. Y dice...

Durante los primeros segundos no era capaz de clarificar el acontecimiento. Mi cuerpo temblaba en la delicada fragilidad de lo prohibido, rozando tímida, pero insistentemente, el origen mismo de lo que algunos llaman pecado.

Pero en esos instantes, no existía en mi la idea, ni el concepto de culpabilidad. Lo que estábamos haciendo era producto de un impulso, de una voluntad ajena a cualquier principio ético. Nuestro proceder era la revelación más fina de la transgresión, una nueva configuración de la carne en servicio de un espíritu callado, silente en su más tremenda lascivia.

Se ha dicho que al principio del universo, la nada sufría el proceso de convertirse en "algo”. Nacer duele… El nacimiento es sin duda alguna, la primera demostración de que la iluminación de la vida hiere, en su terquedad por congregar, reunir, juntar, huir de lo informe y la desesperante fragmentación.

En el principio, la oscuridad precedía al caos, no existía ninguna noción de orden, pues este vino hasta que el hombre y sus invenciones divinas se depositaron en la consciencia humana para delimitar sus acciones, ponerles un cerco donde ya enjauladas, los más bajos instintos, las más viles pasiones naturales de la Bestia quedaría de una vez por todas, confinadas al destierro y a la fría condena de la razón.

Yo miraba su pequeño cuerpo femenino cubierto de blancura, su piel húmeda y nerviosa dispuesta al antojo de mis manos. No dejaba de tocarla nunca. Esa sensación fue seguramente la que en su juventud experimentara el Demonio, cuando sus pasos le guiaron al templo sagrado de su Padre Celestial y ya dentro, intentó tocar apenas su sagrada estructura. Seguramente, el Demonio miraba a su Creador con la mirada perdida en la locura de la amenaza al Padre, así el Demonio amagó con tocar lo puro, hacerlo negro. Pero el Demonio nunca llegó a tocar los muros en los que moraba su Creador. Lo intentó. Su forma en apariencia malvada no pudo traspasar las líneas de lo permisible, su misma identidad, su forma concreta de maldad no superó el reto.

En cambio, mis manos si tocaban, apretaban, magullaban la carne de la pequeña ninfa, esa criatura que era el mismísimo templo sagrado de la inocencia y la pulcritud. Soy Hombre, soy un monstruo capaz de cruzar las fronteras, de inventarlas a su libre antojo, pues mi identidad es el reflejo de aquello que no llega ni siquiera a ser noción. En ese aspecto, superé al Demonio...

El tiempo siguió su imparable curso, de la misma forma en que mi pene se hinchaba, venoso, moreno; definiendo la trayectoria que tendría el chorro de semen naciente en la perfidia; corrupción incestuosa pero dulce, experiencia cercana a la primera idea del mundo, a la angustia de la nada y el dolor de su parto.

Así nació el culto recíproco por nuestros excesos…

Mi ninfa, hija única de mi único matrimonio, se resistía a depositar sus labios sobre mis pezones, los besaba y los lamía mirando esporádicamente mi rostro, como para constatar, de que yo era el mismo hombre que la había creado. Su piel exhalaba excitación, le urgía degustar el sabor de mi piel, la dulzura pegajosa de mi semen brotando explosivo, a sabiendas de que nuestro éxtasis se alimentaba como vampiro de una doliente interdicción.

Y así, conjuré al Demonio, mientras yo cerraba mis ojos, aunque esporádicamente me volvía para verla, para contemplarla succionando mi pecho, al tiempo que con sus finas manos apretaba la base de mi miembro, rígido, colorado, decidido. Los dos, unidos por las piernas, anudadas las suyas sobre las mías. Esporádicamente, a ratos, sentía como ella deslizaba sus dedos hacia mi ano, sumía allí sus dedos, los llevaba a ratos a su boca para ensalivar el signo de la rotura; ya no estábamos separados, sin embargo escindidos.

Hay veces que no experimentamos el tiempo, éste transcurre, fluye, sucede. Quizá sea esta, la aproximación nítida de nuestro "no estar", de nuestra "abstracción", de nuestra "ausencia".

Para asirme a la realidad, con mi mano izquierda apretaba su cuerpo, le tocaba también el ano, su empapada vulva. De su vagina escurrían hilos de líquido con sabor a mar, que olían a su sudor adolescente, nuevo en la experiencia del vivir, pero ávido por corromper su propio cuerpo, de salirse de su santidad para volverse pensamiento, idea impura; maleficio y prefacio a la narración del mal.

Para cuando no resistí más la emoción de lo prohibido, en mi mente se clavaban los ojos de el Demonio que reía, que veía a su Creador señalándonos, pues éramos la demostración a su más simple hipótesis: el hombre es imagen y semejanza de esa cuestión que se resiste al desorden, que lucha constantemente por mantenerse reunido, íntegro, Uno.

El Creador lloraba, mi pene convulsionaba y se preparaba para la expulsión de galaxias, nebulosas que iluminan la infinita oscuridad del universo.

Mi ninfa gemía tenuemente, fijó su mirada en mi brilloso glande, respiró profundo y procedió a devorar mi semen, a recibirlo en su lengua, jugueteando con el entre sus labios; lo sorbía, lo lamía mientras su joven piel ardía en llamaradas solares, era una Supernova, constelación naciente que se erige a partir de la destrucción.

Así transcurrieron los primeros instantes, los primeros segundos, el estallido de la creación, el ordenamiento del mundo: todo se hizo verbo.


Sunday, February 13, 2011

INTERDICCIÓN: lamento, herida

Describir con palabras las diminutas fracturas que mi tacto sufre en ese "no-tocarte" que padece mi deseo; es tarea compleja, enrredada en las desoladas estructuras de mi alma, espíritu roto que se marchita a la velocidad de tu transformación de niña a mujer.

Sabes que mis ojos se posan en tu tierno cuerpo de nínfa, temblorosos como el aleteo frágil de flores voladoras, de pétalos vivos contenidos en bellas mariposas; sabes que mis labios se queman en el incendio cruel de esta sequía, que como padre tuyo me abandona moribundo en el trágico acontecer del desearte...

Vivo embalsamado en la enfermedad infinita del amor dividido. Una parte es el amor protector, tierno, dulce y paternal; la otra parte es la penunmbra, la tiniebla de un ogasmo prohibído, de un latir entre mis piernas que me arranca el corazón: sexo que al imaginarte se mutila así mismo.

En efecto, no temo decir que te adoro, que idolatro cada partícula de tu ser, confinado por siempre a la marca, al estigma de la herencia.., la sangre que no miente, que me recuerda que eres mia pero sólo en mi terríble e indolente fantasía; mostruosidad deleitante que empapa mis órganos, que los destruye, que los destroza.

Huelo tu aroma, la fragancia de tu juventud urgida de ese mismo deseo que me asecha; pero No te atreves -rechinan mis dientes-; te niegas -se clavan las uñas en la coraza de mi marchito cuerpo-.

Eres sueño mojado inmutable, tatuado en la carne misma de mis ideas y mis pensamientos. Es cierto que daría mi vida para salvar la tuya, y que soportaría el desmiembramiento de mi cuerpo a cambio de que el tuyo, sea por siempre inmune al sufrimiento del mundo. Pero también daría mi vida por hacer de tu cuerpo la capital palpitante de un placer indescriptible, chupar delicadamente tus pezones, cantarles en códigos secretos las mitologías prohibidas que de tu boca a tu sexo se cuentan, como historias descabelladas disueltas en la transparente saliva.

Haría de tu virginal cuerpo la representación misma de la lascivia, como aquella que por las noches me arrebata el descanso nocturno pensando en ti, entre mis brazos, cubriendo con tu sexo el mio, rígido, erecto; rojo e hinchado que estallará en ríos de semen, tibio, alucinante, escurridizo en tus labios, en tu fino rostro de promesa que gimiendo reclama por más, más de esa miel maldita de un padre abyecto y moribundo.

Friday, December 31, 2010

LAMENTO

Este, es el camino que conduce hacia lo inaudito.
¡Extraño tu cuerpo, tus besos, tus caricias!
El sendero que ves y que ilumina tus ojos en la pantalla del ordenador es la visión, el espectro decadente del extrañamiento, ese sumirse en el anhelo de verte, de tocarte por dentro.
Con esto no me despido, al contrario; llego a ti, me acerco a ti.
Mis manos tiemblan en la penumbra, logrando armonía entre mis labios deletreando tu olor, tu sabor en mis venas, tu calor en mi pecho y mis deseos más cálidos cuando recuerdo tu vientre, tus entrañas abrazando mi sexo; succionándole toda vida que siendo mía, decidí dártela.
Sigo caminando por este sendero. ¿Quieres correr de nuevo a mi encuentro?

Wednesday, December 29, 2010

SOMA


Mi cuerpo es un enlace con el mundo, es lo que me permite sentirlo, percibirlo tangible. La realidad se trasmite por cada milímetro de mi piel hacia mi interior, es entonces cuando me percato de su esencia, de su más puro espíritu. Mis sentidos se apegan a mi razón y mi cerebro hace lo suyo al procesar, al ordenar lo que llega mi cabeza y así reaccionar ante el exterior: es un signo cósmico que se desparrama en el tiempo, es el poder del hombre sobre los objetos y los eventos del mundo.

De esa forma aprecio mi existir, que a veces se agudiza de tal forma que se reducen todas mis definiciones hasta ser partículas ilegibles, reacias a la reunión que convoca mi juicio. Es ese momento particular, el instante preciso en que me encuentro al borde del precipicio, intentando no caer a pesar de mis intensas ganas de lanzarme. A veces uno pierde la noción del todo, y se queda uno desnudo en el ocaso eterno de la nada, un prometer que no se consuma, que no se realiza.

Mi cuerpo es también torpe en cuanto a sí mismo. Hay cosas que no puedo ver de él, que a penas puedo rozar y tener una idea vaga, gracias –quizá-, a la potencia incontenible de una imaginación cimentada en los recuerdos del cuerpo ajeno. Este suceso es el detonador de mis búsquedas amorosas, de mis inquietudes sexuales que alumbran el misterio de una soledad cuajada, aletargada en la autosatisfacción que día a día, se vuelve en un espectro insostenible, péndulo que oscila entre la locura y la razón.

El espacio en el que me muevo hace de repente la emulación de una atmósfera líquida, sustancia viva que respira y que refleja todo lo que mis sentidos han confirmado como hechos reales.

Para ser un buen amante, debe uno ser consciente del otro, que es fenómeno y metáfora del sí mismo.

Cuando mi cuerpo acaricia una mujer es como la siento, es lo real pues es la certeza, la prueba máxima de estar en el mundo, de saber que mi cuerpo puede extenderse al grado de acoplamiento. Penetrar a una mujer sería entonces el acto carnal por excelencia, imposible en la imaginación, más solo posible en el terreno de lo evidente. Mi cuerpo se da cuenta, yo me doy cuenta, que el amar a una mujer entre mis dedos, es el misterio mismo de la reencarnación del verbo: es cuando la imagen, se vuelve representable.

Si mi sexo entra en el femenino, siento que la vida transcurre lenta, como si quisiera parte de mi voluntad acercarme a una efímera figura de lo eterno. Desde que el hombre fue capaz de nombrar al fuego por su nombre, adquirió –como he dicho antes-, el poder supremo sobre las cosas; de la misma forma y en este caso, nombro las partes del cuerpo que me excitan, con plena consciencia de su posición, de sus coordenadas en la topografía interminable del organismo femenino. Así es como tengo poder sobre la mujer, como también sobre las mismas partes de mi cuerpo, que son en el momento amatorio como una zona en conflicto. La mujer me posee al llamarme por mi nombre, me hace esclavo suyo y respondo con la debida docilidad.

El cuerpo femenino y el mío, son reafirmaciones de sí mismos, son el hecho auténtico de la fundición, del percatarse que uno tiene al otro y más aún, que uno es el otro y el otro uno mismo. El egoísmo del amante es mi credo, pues sin éste punto de fuga sería imposible amar y entregarse. En el plano de mi cuerpo que se extiende como piel en los volúmenes y en las formas, se pretende llegar a configurar al otro cuerpo, sentirlo real, aquí y ahora. Ese egoísmo es el que nos orilla a la necesidad de pertenecer, de confirmarse como si se tratara del juramento que demanda la fidelidad al credo religioso, como si se tratase de un edicto místico en el que la intensa pasión de la hembra y el macho se vuelva mito.

Así vivimos nuestro cuerpo, nombrando, sujetando por medio de esas palabras que atrapan el sentido y la esencia del objeto amado; se vuelven sujeto, ya no cosa ni vestigio, sujeto armado, cuerpo que nos mira y nos hace suyos de la misma forma: es lo más cercano a un espejo, tú ahí, mientras yo ahí.

La boca que abrimos y cerramos al hablar, se mueve lentamente, disuelta en el sueño real como si estuviera prisionera en un velo, las palabras fluyen, las lenguas se tocan, los labios de muerden y se consuelan de inmediato con la saña tierna de las promesas. “Mi cuerpo es, cuando el tuyo es mío”. Lo mismo intento transferir a la carne femenina, a sus senos, a su vientre. La explosión que culmina en un reguero de semen no es la cúspide de la lujuria así, nada más desnuda; es un escalón que me eleva en su viscosidad a la idea, a la lejana noción de fundirme en el otro cuerpo. Al segundo, toda esa victoria se fulmina y me percato de mi desprendimiento.

Los testículos quedan inertes como esferas vacías, siento un agujero en mi sexo, representación invertida de mi miembro que fallece, que lentamente pierde su venosa firmeza despidiendo el ritual de acoplamiento. Me vuelvo triste figura del desencanto, pues con la expulsión del líquido vital se confirma que mujer y hombre dejan de ser uno, ese ente de cuatro piernas y cuatro brazos, bicéfalo, pero poseedor de un único corazón, una sola mentalidad atenta al desearse sin parámetros.

Amada mía: pude ver tus ojos entreabiertos cuando sentíamos que la única definición de nuestro estado era la de los mellizos, unidos, fundidos, originados en una sola metástasis. Te miré con furia, gemí hasta que de mi pecho, grave y sin escrúpulo alguno se escapaba el gruñido bestial de mi sensualidad enjaulada. Apreté tus senos contra mí, abracé tus piernas y con mis dedos solo podía configurar mi realidad, esa realidad que sólo puede transmitirse, sentirse, hablarse, entenderse… a través del cuerpo.

Friday, December 24, 2010

DEMOLICIONES


Escribir sobre las sombras, sobre la tela que se desgarra lentamente… tejido sensible que erosiona el tiempo, la impotencia de mi ser por no sentirse parte tuya.

El descalabro que provoca nuestro mutuo apego, nos desangra hasta no tener palabras: carecer de ellas en una mudez insostenible. Al estar contigo pienso en tu soledad y en la mía. Ambas se acompañan sin saberlo y separadas, se lamentan, sufren con la idea punzante del recuerdo.

La memoria es un filo, rebana poco a poco el alma hasta que la doblega, la somete a su antojo. Posesión infalible sobre el espíritu, lo rompe. Tu y yo vivimos con ese martirio cada día, desde el amanecer hasta el ocaso, hasta que el gran silencio del negro vacío nos marca, nos señala como un par de amantes deambulando en la más amarga infamia.

Llevo días sin sentir mi sexo, todo a mi alrededor me abruma y es lo mismo, episodio tras episodio me canso cada vez más de la vida y me abandono al destierro, un retirarse lejos a donde los surcos de la mente no concluyan en el epicentro de tu cuerpo, ni en tu sudor, ni en tus gemidos, ni en tus convulsas pausas cuando me miras tiernamente. Me ves como al espejismo que se retira conforme te acercas, paradoja que somatiza la metáfora intangible de lo nuestro.

Siento dolor, es claro después de escribir tanta amargura; es un dolor lechoso y espeso como la baba de un sediento, como la flema que se niega a salir de la garganta y que nos ahoga, nos aprieta y nos degüella inmersos en la sensación punzante de la sofocación.

Temo que el marcharse, el partir son verbos infinitivos; mierda existencial a la que estamos condenados.

Tu eres la nave que naufraga, yo la tripulación que se hunde.

Friday, December 17, 2010

(...)



Mi pensamiento es una inmovilidad en el aire y se detiene ante el asombro de la nada. Ayer te tuve y hoy no más, sólo el intenso chirrido del tiempo es lo que queda.
Entre mis manos sujeto muerta la carne que en otros días ha estado rígida en tu presencia, incontinente en su deseo, babeante, venosa, enajenante...
Y es que tus ojos me retiran lejos de mi cotidiana viscosidad; limpian la neblina que empaña a mi interior de ansia. Eres tú, aterciopelada llanura de piel, la dama dulce que tiene a mi espíritu preso: lo domina y lo consuela, lo castiga y lo glorifica.
Me quedo mudo, sin palabras para describir lo cruel del deceso y la partida inevitable de mi alegría, a cambio de una grasienta permanencia en el tedio que porto a diario como cicatriz que me define, que me vomita hasta que caigo en el mundo.

Me he impactado contra tu alma y muero feliz gozando el accidente. 

Eres rotura, fisura por la cual se cuela la dicha que inunda mi vacío. Soy negro sin ti, amargo, sobrio, cenizo… polvo esparcido en el campo santo de estos cansados anhelos.

Suspiras al no verme...

Se que me he vuelto fantasma, aparición horrenda en la ambigüedad del existir siempre sediento de más, un más eternamente insaciable por nuestros cuerpos fundidos, tendidos, desparramados en el amanecer de un día imposible.

Thursday, August 26, 2010

DISOLVENCIA-INMANENCIA-TRASCENDENCIA


DISOLVENCIA

Has sucedido en mi pensamiento de tal forma que me disuelvo. Eres el medio intangible que vuela etéreo sobre mi imaginación, perturbada por la sed de ti, por la insaciabilidad de mis sentidos impactados contra tu materia.

Me disuelvo en las horas, en los días, en las semanas. El tiempo pasa sobre mí, atropellando toda noción de consciencia, sumergiendo mi carne en el diluvio interno... Sólo puedo salvar aquellos altares, donde tu imagen es la inmaculada concepción de mi lujuria. Me pierdo en el pecado contigo, libre de culpa porque finalmente se, que a pesar de todos mis esfuerzos permaneceré en este infierno de no tenerte ¡aquí! ¡ahora!

INMANENCIA

Como los objetos del mundo me mimetizo en la cosificación del tedio eterno. Nuestra existencia atada a las cadenas de la sagrada imagen de una amante, a la que no puedes tocar, a la que la contemplas dolorosa mirando al cielo, con las pupilas dilatadas que miran al Creador diciendo: "¡hazme carne! ¡que besen mis labios y los abran hasta que mi interior se desparrame en mi amor, que vive dentro, que me consume, que me devora!"

Mi interior es para mí. sufro y me deleito en mi percepción, en mi propia imagen que se condena a mi interior. Eres mi amante, porque te llevo dentro. Eres glándula, eres sangre, eres saliva.

TRASCENDENCIA

Desde el piso, como gusano mi cuerpo se revuelca sobre sus excrescencias. Me pisan, me muelen contra el piso exprimiendo mis entrañas contra el concreto, las embarran y vuelvo a nacer. Castigo eterno del Divino, que me somete al pecado capital de la lujuria. Estaré eternamente perdido en pensamientos, las cosas dejarán de existir, el mundo terminará, el polvo será recuerdo y solo, en el vacío infinito seguiré llorando por tu amor, trasformado en odio, amasijos y repulsión.

Trasciende nuestro amor en la más pura luz de las constelaciones. Viajamos hasta perder la materia y nos volvemos mito. Otros vendrán a nuestro encuentro, y cuando sus ojos se posen justo en los turbulentos cielos exclamarán: "ahí están los amantes, imposiblemente juntos, llorando su inmaterialidad."

¡Qué tortura más cruel! ¡desear la caricia, el tacto... y existir como un fantasma!

Sunday, July 25, 2010

INVOCACIÓN A LA FRAGILIDAD



Acordamos la hora y el lugar en una premeditada furia de ansias por sentir los tactos y las caricias arrolladoras: necesitábamos ser atropellados por nuestros propios sentidos, arrojados al mundo de lo oculto y lo secreto en una tarde de lujuria y sentimientos.

Llegaste a mi vida sin aviso. Llegaste descalza, desnuda con tu esbelta figura envuelta en un misterio de piel morena, de ojos grandes que me miran cuando te hablo al oído, cuando suspiro cerca de tu vientre buscando refugio de mi realidad, esconderme de ella.

Besé tus labios y succionaste mi alma completa que ahora es tuya. Me entregué a ti como un niño que en su inocencia se deja acariciar por la malicia que le sabe dulce, que es como nadar en joyas, en perlas brillantes que se ríen al contacto con mi placer. Eres una joven extraordinaria, belleza que se sublima y se tiende ante mi, abierta, como yo ante ti, despojado de todo ego, desnudo de cuerpo y de espíritu para que me tomes y me reinventes desarmándome.

Los días oscuros desaparecen con tu presencia. Las horas se desdibujan rápidamente en tu compañía y se retuercen calladas en el reloj que no para de contar nuestros besos y las caricias. Eres complaciente conmigo, me escuchas, me procuras caricias y me ofreces tu cuerpo. Te recibo en mi vida como un parpadeo entre nubes, como un roce en la espalda cuando las frías manos tocan los sexos, sexos que gotean, que escurren, que se desparraman enteros para el deleite nuestro.

Ambos nos alimentamos de nuestros suspiros, de nuestros labios succionando vida de nuestros cuerpos. Mujer morena, de pezones pequeños, de pelo largo y que se enreda con sus rizos en mi petrificada memoria. Te tengo a ti ahora y me tienes a mi, mi sexo es tuyo, que se muestra ante ti tímido y respetuoso: soy un hombre expuesto, un sacrificio que muere invocando a la fragilidad.

Thursday, March 25, 2010

CARTA DE AMOR



Dentro de mi cabeza, sigiloso y profundo era el grito mojados de su garganta; como gatos agonizantes sobre los destrozados techos de las ruinas; angustiosas moradas que mecieron mi encuentro contigo.

Ahora que lo recuerdo, se agita en mi interior una melancolía gris, ceniza que se arrastra por debajo de mi memoria.

"La lluvia lava todo" -respondiste a mi obstinada preocupación.

Últimamente el mundo es la lluvia. Torrentes de agua que se desploman sobre las bellas estructuras humanas que yacen por montones al centro del patio: desnudas y angulares; pálidas por la llovizna que las orienta lentamente y en silencio hacia la desaparición, hacia la entraña misma de la tierra.

"La lluvia lava todo" -no lo olvido.

Ayer me dejé envolver por la belleza profunda de tus ojos; esos ojos tuyos que fijos que miraban mientras disfrutamos de nuestra flor, esa flácida muñeca tendida a nuestro antojo en una piscina de sangre. Recuerdo tus piernas abiertas, orgullosas de tu rojo sexo, empapado por los jugos purpúreos derramados por la piel desollada de nuestra adorada víctima, inocente y dócil; ahogada entre nuestros cuerpos enamorados.

A tu partida me quedé solo, me sentí abandonado a la suerte del tiempo, penetrando con mi vista la tersa transparencia de la ventana, la cual a menudo y obstinadamente, era empañada por mi aliento, para intentar dibujar tu rostro: fantasma erógeno de mis agudas pasiones. La lluvia no cesaba y púrpura aún permanecía en mis manos, como si éste quisiera fijarse en mi piel, teñir mis adentros, marcarlos con el delirio de la furia. Te marchaste y ya comenzaba a extrañarte.

Sólo contigo puedo amar la vida a través de lo muerto: bellas flores son estas mujeres que atrapo por ti, que seduzco por ti, que son para ti.

He aprendido a adorarte por medio del sacrificio. Por medio del sacrilegio que se vuelve divino en su pecado, que me bautiza con la mancha original de lo impuro, con la sangre bendita de inocentes vírgenes... vacías y rancias.

A la flor de ayer la encontré agazapada en los arbustos, apresurada en la lluvia dispuesta a robar nuestros jugosos frutos, todos ellos batidos en lodo. Se mueren de hambre y por eso les resulta irresistible el alimento, aunque sean sobras o viles migajas cubiertas de mierda. Cazar a esas bellas creaturas es relativamente fácil, pues de un certero golpe en la nuca las derribo, para después besarlas en la frente sin arrepentimiento alguno, como pidiendo perdón a un Dios al que por dentro arrastras en la suciedad de tu odio.

En mi mente la aparición de tu rostro, apretando los labios contra tus dientes, ansiosa por el antojo, por el deseo, me enloquecía arrebatando de mi toda inservible moral de mi consciencia: la desmayé para ti, la secuestré para ti.

Ahora, que desde la ventana contemplo a lo que sobra de esa flor; sus restos en la lluvia me recuerdan a los frutos que ella recogía, su olor a tierra mojada, su sexo tierno cubierto de un vello menudo que a veces semejaba el suave musgo que crece entre las hojas de las orquídeas.

"Eres la doncella dulce de estos bosques oscuros, mudos centinelas de nuestros atroces y distinguidos vicios" -le susurrabas al oído, mientras ella se resistía a mis obstinadas mordidas.

La blanca piel de esta flor ahora yace en el patio blanda, la lluvia había hecho lo suyo sobre su cuerpo. El agua recorre cada uno de los cortes que le hiciste. Fueron precisos, limpios. Eres certera como el cirujano, fría como continente helado; vacía por dentro, ¡tan insaciable que me atrapas! Me diste de su carne, le hacía el amor mientras sus ojos se transformaban en perlas blancas, a punto de saltar de sus hundidas cuencas, hinchadas de llanto y dolor idescriptible.

"Nada como un amo puntual y asertivo" -dijiste y con su blanca piel de inmediato te vestiste.

Continuamos haciendo el amor a lado de la fogata, que en su ostentoso incendio resguardaba nuestra pasión. Recuerdo la silueta de tu cuerpo cubierto con la piel de aquella flor, el sabor de su sangre que aún no logro deshacer en mi saliva... Todo me hace hace frágil ahora que te has ido.

Mis lágrimas no son más que gotas que se ocultan en la lluvia, esa lluvia que "lo lava todo" y que se desploma sobre los cuerpos inertes de esas bellas flores, que se limpian y se desangran el patio de nuestro castillo.

Te escribo desde mi despiadada melancolía, pues me urge que regreses amada mía para amarnos más a través del sacrificio, del dolor y las penetrables heridas de nuestras mudas amantes. Nosotros las llamamos flores tiernamente; para los demás son tan solo muertas, viseras y cadáver.

Sigue lloviendo, últimamente el mundo es sólo la lluvia: "lluvia que lava todo".

Sunday, December 27, 2009

PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

-no competir, pues no me hace falta, ya estoy arriba de los demás

-no seguir comiendo tanto, pues de alguna manera debo controlar mi ansiedad sexual de otra forma menos nociva para mi hígado

-no seguir mirando a los demás como extraños, sino asumir que son extraños

-no volver a mentir sin que tenga consecuencias interesantes

-decir la verdad a toda costa sobre el propósito anterior

-estar más junto a los míos, pues sino, se vuelven de “otros”

-tratar en medida de lo posible de tener más enemigos, pues de ellos se aprende más por su falta de complacencia y te obligan a generar un autentico propósito: hacerlos rabiar

-tener unos sentimientos más finos, para saber a quien puedo abordar sin que se de cuenta y suelte toda la sopa

-pintar lo menos posible, para juntar y almacenar una cantidad suficiente de odio y resentimiento hacia el tiempo (lo dudo mucho)

-no pensar, es muy doloroso

-querer a todos tanto, que me alucinen y me prefieran lejos para que pueda dedicarme a mi vida

-sobre todo, me propongo a bajar de peso no mas por joder a los que no pueden

-ejercitarme con la misma intención

-tener más sexo y si es posible, lo más dirty, posible, sin “impermeable” y batido en aceites de sabores

-mandar al carajo los propósitos!!!

PD: ah!! Estar más cerca de mi perro, pues es el único que me sigue a todos lados sin condiciones, confía en mi, me mima y además, me respeta. jejeje;

LOS POSTEOS DEL PROX AÑO ESTAR SUUUUAVES!!! STAY TUNED!!!

Monday, November 02, 2009

BREVE ENSAYO SOBRE EL CUERPO ABYECTO



"Entonces su lengua se introduce en el encantador agujero, en cuanto que yo, por orden suya, con una mano le arranco el vello del coño a esta bella muchacha y con la otra le pellizco con fuerza el pecho naciente."

Marqués de Sade., Juliette o Las prosperidades del vicio.

Somos un cuerpo, y el cuerpo es lo que somos. Una suerte de contenedor de otros cuerpos que pueden desparramarse: viseras, órganos, fluidos, excreciones. El horror nace en cuanto ese contenedor tiende a su agrietamiento, a su rotura.[1] El cuerpo puede romperse, es un sólido poroso que excreta, que suda, que puede derramarse a la menor provocación de un atrevimiento. Los atrevimientos son de varios tipos, clases de heridas que se infringen sobre materia tersa, velluda: cortadura. Se abren en la coraza de la piel labios sangrientos en cualquiera de sus geografías, mudos en su mancillamiento, entreabiertos para dejar que se escape por ahí un poco de alma.[2] Rojez que duele, que se registra como la escisión que nos divide; un tú y un yo.
Abrir la boca es un acto de abyección.[3] Es un ofrecimiento, o quizá una amenaza. El otro que amenaza; un yo sediento de un tú. De la boca pueden provenir vituperios biológicos, un sonido leve de estrangulamiento, de incapacidad para el grito que se tuerce dentro, anima que huele agrio y seco: el aliento. Somos un cuerpo que deglute, ingiere, que también vomita y escupe: un dentro y afuera que ocurren simultáneos. [4]
Es el cuerpo, uno de los principios materiales básicos para la comprensión de lo abyecto. Nuestro cuerpo como capullo, dentro está la gestación de algo vivo, de órganos silentes que digieren, bombean, trituran, amalgaman, nutren, lubrican. Somos un cuerpo que mientras se mantiene en conjunto, se disfruta, se goza; que si se fisura, se corrompe, camina hacia lo impuro, hacia la posibilidad de contaminarse con un exterior invisible. Nos aterra su “apertura”, nos alarma esa disposición a la salida abrupta, incontenible. Su exteriorización accidentada o premeditada nos causa abyección.
Somos un cuerpo vivo, que en su conciencia como entidad biológica en desarrollo continuo, nos recuerda al instante y de manera autónoma, el peligroso acercamiento a la descomposición: manifestación casi intangible es ese momento cuando «lo muerto captura lo vivo».[5]
Materia, conjunto de conjuntos.[6] El cuerpo es una cápsula que se disuelve en el tiempo. Es un yo que poco a poco en su transformación deja de ser el yo y se pierde. Somos de un cuerpo con una conciencia maleable por las técnicas naturales que atentan contra la perpetuidad: somos cuerpo que muere, somos inevitabilidad encarnada.
En el transcurso de la vida, el cuerpo, cual “caparazón”[7] nos protege de un entorno erosionante. Decían los dualistas que el cuerpo guarda al alma y la mantiene cautiva: la psique es también un otro. Luego los monistas dicen que somos una sola entidad, que mente y soma con-viven, que son sin tiempos ni espacios aparte: ya no hay alma. Yo, como artista pintor digo, que cuando pinto compruebo el dualismo, que mi alma se desprende de mi cuerpo y se vuelve pensamiento, conciencia que contempla la terrible imagen del pintor diluido en pigmentos, carente de lógica, desbaratado. Yo, como artista hombre digo, que cuando pienso sobre lo que pinto compruebo al monismo, pues soy simultáneo con todo: acción del pintar y reflexión de la pintura a través de las letras aconteciendo al mismo tiempo: no hay alma. 
El cuerpo es también un sistema, un periférico de conductos, de vías. En ellas se transporta lo que dentro de nosotros se mueve en busca de la renovación. También se transportan las sustancias externas y se digieren, se fraccionan y se distribuyen para ganar nutrientes; los que no son asimilados por el cuerpo, se desechan, se tiran lejos. Se tiran lejos, aparte. Nos separamos.
Para Bataille las cosas abyectas pueden ser definidas como «objetos del acto imperativo de exclusión».[8] Son justo esos elementos que en su estado negativo de putrefacción se busca, ante todo, su eliminación. Lo abyecto se define ante los sentidos por las sustancias que se escapan tanto voluntaria, como involuntariamente. Somos testigos de como nos fraccionamos, nuestra fragilidad evidente.
En un contenedor de cristal pueden observarse sus implícitos. Las características físicas del cristal dan la ilusión de pureza, analogía imprescindible será el baño diario, la limpieza del caparazón. Pero el cristal en su materialidad nos permite ver el interior. No nos asusta, no nos sorprende. Nuestro cuerpo no permite la transparencia, más tratamos por medio de lo higiénico mantener la cercanía más estrecha con la transparencia. La abyección son esos licuados que se desbordan de un contenedor impermeable. Somos cuerpo con una piel, la transparencia imposible carnalizada en la obviedad biológica. Tu no puedes verme, yo no puedo verte; por eso eres otro.
Los cuerpos se corresponden, se buscan uno al otro. Pero su fracaso es cada vez más evidente. Pues en sus acercamientos, se percibe la otredad y sabemos que no podemos consumirla, hacerla nuestra. Si los flujos y excreciones de lo nuestro obedecen a nuestros ascos y repulsiones, en el otro son casi insoportables. Vemos que otro cuerpo se desparrama, se convulsiona al caminar en una repetida existencia hacia un destino que os es común: lo que perdura es ese estado de envejecimiento, rutina diaria por la descomposición. El otro lo rememora en nuestros adentros gelatinosos. Lo evitamos.
Hay unos cuerpos que gustan de otros cuerpos a manera de fragmentos. Los destazan y los abren, hasta los consumen y digieren. «Un cuerpo es una colección de piezas, de pedazos, de miembros, de zonas, de estados, de funciones.»[9] el cuerpo fuera de sí, de su constitución y de su acomodamiento original. Nos desfasa, nos mueve hacia lo terrible, nos sorprendemos de un cuerpo que se puede re-constituir por medio de unos cuantos cortes. Puede transformarse en materia abyecta por aspectos de animalidad, bestialidad infringida contra la carne.
En Bacon observamos un “bulto” de carne: se retuerce en las sábanas, camas que rechinan con el peso y gravedad de un cuerpo que se derrite como la cera de una vela rancia. Bacon comprendía al cuerpo como secciones, como retazos de una transfiguración de hombre a animal. Bacon destazó la forma y la muestra al revés. Somos un cuerpo que se contiene, que es un envase no hermético. Somos un cuerpo que se constituye en un orden, una natura. Partes de un rompecabezas que nos impacta cuando pierde esa noción de orden. El caos nos empuja a la bestialidad, desbarata nuestra humanidad. Se vuelve abyecta.
Cuando un yo se antepone a un tu, se confronta la piel contra la piel. Ambas “corazas” impenetrables que en el acto sexual se buscan, intuyen su acoplamiento. Somos parte del mundo, somos el mundo, el mundo es nosotros y nos causa abyección el de no poder configurarlo como un conjunto autocontenido, reunido en la sana imaginación. Se requiere entonces de cierta perversión. La carne necesita en nuestra fantasía ser una, no separada, íntegra.
Nuestro cuerpo en la excitación produce zumos y fluidos que pueden lamerse, saborearse, deglutirse. Ilusión de que el otro nos pertenece ahora, que somos parte de ese ajeno. Neciamente insistimos en ser uno, amándonos en la terrible canibalización de las excreciones. Flujos no prohibidos, posiblemente contaminados. Su patología podría invadirnos, volvernos frágiles. Somos un cuerpo ante el abismo, que depende de una consciencia que le permita depositarse sobre la base del mundo. Las bocas y los agujeros del cuerpo nos invitan a cruzarlos, a penetrarlos, nos invitan a la ilusión de estar dentro del otro.
La abyección es lo contrario a esa certeza. La abyección nos afronta con lo que podría salpicarnos, mojarnos, batirnos, ensuciarnos, expulsarnos. Lo más terrible de la abyección en el cuerpo, en nuestro cuerpo, es la sensación infame de que nuestro propio “caparazón”, se torna extraño, se vuelve la indiscutible imagen de El Otro.



[1] Douglas. Mary., Pureza y Peligro: un análisis de los conceptos de contaminación y tabú, Buenos Aires, Nueva Visión, 2007. p.10
[2] “El cuerpo es también una prisión para el alma. Allí purga una pena cuya naturaleza no es fácil de discernir, pero que fue muy grave. Por eso el cuerpo es tan pesado y tan penoso para el alma.” Nancy, Jean-Luc., 58 indicios sobre el cuerpo: extensión del alma, Buenos Aires, La cebra, 2007. p. 5
[3] manero brito, Roberto., Cuerpo, terror, abyección, México, CONCYTEG (Año 3, Núm. 36, 5 de junio de 2008) p.57
[4] “La exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan hasta lo insoportable: la deyección, el desperdicio, el innoble desecho que todavía forma parte de él, que todavía es de su sustancia y sobre todo de su actividad; es necesario que lo expulse y éste no es de sus menores oficios.” Nancy, Jean-Luc., Op. Cit p.28
[5] Medina, Cuauhtémoc., Teresa Margolles ¿De qué otra cosa podríamos hablar?-Espectralidad Materialista: fenomenología de lo muerto, Madrid, Editorial RM, 2009. p. 16
[6] “El cuerpo es un conjunto, se articula y se compone, se organiza.” Nancy, Jean-Luc., Ibid. p.18
[7] “La relación del hombre y su espacio circundante (...)se articula en una serie de caparazones sucesivos, (...)El más próximo al individuo, institucionalizado como centro, será su propia piel, (...).” TORRIJOS, FERNANDO., Arte efímero y espacio estético-Sobre el uso estético del espacio, Barcelona, Anthropos, 1988. p. 24
[8] BATAILLE, GEORGES., Obras escogidas. La abyección y las cosas miserables- § 14. Las cosas abyectas. México, Fontamara, 2006. p. 327
[9] Nancy, Jean-Luc., Ibid. p.23

Sunday, October 25, 2009

ESPERA


Siempre llego a casa con la premura de tocarme, de sentirte cerca a través de mis caricias, en la intimidad de mis convulsas ganas de tenerte para purificarte en un baño de saliva. Te alucino con el vestido rojo que contrasta con tu blanca piel, dejando ver la piernas que me rodean los hombros, tus lunares como placas negativas de astrónomos incansables, mis dedos que te miran y que aprietan tus tetas contra la deriva de mi perdición. Eres fuego distante que se resiste a quemarme, que no se mueve dentro de mi imaginación: se quedó inmóvil, perpetuo.

Me urge una cicatriz de tus llamas, una mordida en mis rodillas y acceder al martirio de tu ausencia. Negros ojos que se pierden difuminados en mi turbada memoria, cueva y caverna donde el fuego ya no proyecta sombras, que es negrura, infamia, invitación a cogerte por cada orificio.

Ahora andas lejos, respirando diferentes atmósferas en tierras lejanas. Por eso te pienso más, con la intensidad de lo prohibido, con la ternura del canario muerto que deja de cantar para morir en la eternidad de la nada, asfixiado en el aliento del tiempo. Soy así, masturbador compulsivo de mis órganos, de mis vísceras que palpo a diario desde dentro con una sola cosa en mente: tus labios entreabiertos esperando el fluir de mi masculinidad.

Me retuerzo en el piso, en las alfombras, en los sillones... me envuelvo en las sábanas pensando en tus manos que aprietan mis nalgas contra tu intensa forma de mujer, esa figura que no se borra por más que me drogo en los ambientes hostiles de mi furia, de mi rabia: miembros viriles que erectos se sacuden en mi rostro, que se sienten pequeños y diminutos trasladándose bajo mi piel, como hormigas salvajes, como larvas que te buscan para invadirte: soy tu parásito, habito en tu cueva de anillos intestinales... tu olvido.

Es la noche, la negra noche que es hermana caridad de tu cabellera, de tus manos que imagino apretando mi sexo rojo, hinchado a punto de estallar en tu rostro: luz solar, estremecimiento electrostático de fluidos corporales.

PD: Permanezco inmóvil, en blanco y negro que es mi vida en un presente que se siente pasado tan pronto.

Monday, August 31, 2009

GRADO CERO

Quiero irme a la chingada!

Wednesday, August 19, 2009

VIENTRE


Comenzaré por hablarle a tu vientre, ese vientre en el que se depositan mis ideas y pensamientos sonrojados. Vuelo sobre tu ombligo como mirlo que piensa en aventarse a su vacío, hundirse en él para ahogarse en su aire, en su espacio estrecho que me aprieta en la idea de tenerlo, para mí, ¡todo!

Si con la redondez de tu vientre puedo trazar huellas en las arenas de mis pérfidas galaxias, quisiera entonces tenerlo ya entre mis labios y a mordiscos llevarlo poco a poco a los terribles claustros de mi enmarañada memoria. Volverlo universo.

Es en tu vientre donde me pierdo, donde trazo círculos de invocación demoníaca, esquizoide en los parajes alucinógenos de tu estado mental lejano, perdido en los paradigmas de la conciencia. En tu vientre veo el epicentro de mi torrente interior, las venas, los flujos de sangre que se precipitan y hacen tumultos hermosos en mi sexo. Éste, lleno de venas hinchadas que orgullosas se revelan para mostrarte su adoración, adoración por tus colinas de piel, abultadas en toda la superficie de tu cuerpo.

Tu blancura es arena, tu vientre duna que se levanta, que se clava en mis ojos como pajas afiladas, sustrayendo toda inocencia de mis pupilas… arrojándola lejos.

Duermes con tus gatos –me los has dicho-. Envidio su pelaje que se mece en el escenario tranquilo de tu habitación. Contenedor de mundos psicodélicos abrochados en mi constante deseo de tenerte sedosa, echada en mi pecho, murmurado gemidos de placeres microscópicos diluidos entre los poros del tiempo.

Tu vientre, es Génesis de mi caricia, es Apocalipsis que me somete a la inmundicia, esa sucia sustancia que se llama lejanía, imposible despertar.